21 de mayo de 2022, 2:48:33
Cultura y ocio


Una chulapa en Carabanchel para reivindicar un área "olvidada"

Por MDO

Jorge Rodríguez-Gerada, autor de la menina que se ha expuesto en la torre del Antiguo Depósito de Aguas en la calle Amalarico, ha realizado esta obra para incluirla en la serie de acciones que la plataforma Carabanchel Creativa está realizando para activar diversos espacios de la zona en un área de la capital "tradicionalmente olvidada por las administraciones".


Desde hace unos días, los vecinos y vecinas de la histórica Colonia Tercio y Terol del madrileño barrio de San Isidro en Carabanchel tienen un motivo más para sentirse orgullosos de los logros conseguidos después de años de lucha y reivindicación a pie de calle. Una imponente chulapa de mirada contemplativa se erige en la torre del Antiguo Depósito de Aguas en la calle Amalarico, no 7, justo al lado del Bar Hogar, centro neurálgico de reunión para las familias de la zona.

El autor de la obra, Jorge Rodríguez-Gerada recién aterrizado desde Nueva York donde ha realizado el mural más grande pintado hasta la fecha en la ciudad de los rascacielos, en colaboración con la organización Street Art For Mankind y la International Labour Organization de las Naciones Unidas, una colosal llamada de atención de 2.290 m2 acerca de las consecuencias del tráfico humano y la explotación infantil, trasladó su arte comprometido a este singular enclave de 640 viviendas unifamiliares, construido por la Dirección General de Regiones Devastadas (DGRD) durante la década de los 40, en pleno régimen franquista.


El proyecto, impulsado por la plataforma Carabanchel Creativa, bajo la batuta de Esther Fernández Castelo (Colectivo Mad Clan), en colaboración con la Asociación Vecinal General Ricardos y el Instituto Europeo de Diseño (IED) en Madrid, forma parte de una serie de acciones llevadas a cabo para activar diversos espacios de la zona en un área de la capital tradicionalmente olvidada por las administraciones.

La Chulapa, cuyo proceso creativo se gestó a lo largo de una semana coincidiendo con las fiestas patronales de la localidad, constituye un cuidado ejemplo de arte público, realizado no solo en colaboración con las vecinas y vecinos de este histórico enclave madrileño sino también pensado como un merecido reconocimiento a su labor como fuerza transformadora y como elemento cohesionador del barrio, huyendo del fantasma gentrificador que amenaza alguna de las zonas más céntricas de la capital.

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