19 de julio de 2019, 13:01:17
Opinión


El Madrid rebelde que España necesita

Por Jaime Cedrún


“El caso es que España necesita un Madrid”, escribió Manuel Azaña en plena decadencia monárquica de la ciudad. Diez años más tarde, siendo presidente del Gobierno, durante el debate de la ley de capitalidad renovaría con mayor fuerza y elocuencia su vieja idea: “Si Madrid no existiera sería preciso inventar la capital federal de la República española, ya que Madrid es el centro (…) donde vienen a concentrarse todos los sentimientos de la Nación, donde surgen y rebotan a todos los ámbitos de la Península las ideas, saturadas y depuradas por la vida madrileña en todos sus aspectos”.

Es lo que vendría a cantar años más tarde Joaquín Sabina, al bajarse en Atocha: “Dios y el diablo son de aquí, pongamos que hablo de Madrid”.

Excepto el paréntesis tricolor y, años después con los gobiernos municipales PSOE-PCE, Madrid fue una ciudad perdedora. A pesar de ello (“de las bombas se ríen los madrileños”), siempre ha sido un lugar alegre, tolerante, de acogida. Una ciudad colorida y vanguardista como cada año demuestra la marcha del Orgullo LGTBI.

Esa fiesta y reivindicación ya es sinónimo de Madrid. Una jornada que en los últimos años ha paseado el nombre de la capital por el mundo y sobre la que ahora renacen los viejos demonios del blanco y negro franquista con la idea de relegarla a la Casa de Campo; con la idea de poner zancadillas y que el Ayuntamiento obvie lo imparable. Una Casa de Campo que está floreciendo y que también tiene su historia autoritaria.

Ha sido Madrid una ciudad tan olvidada por los poderes que no existe un documento oficial que explique el traslado de la capitalidad por Felipe II en 1561. Tuvo que ser la II República quien plasmara en negro sobre blanco que Madrid era la capital, lugar indispensable para la prosperidad de la nación entera. Tanto fue así que, el mismo día en que se aprobó el Estatuto de Autonomía de Cataluña, se dotó por primera vez a Madrid con una asignación presupuestaria de 80 millones de pesetas a invertir en diez años. También es cierto que el propio Azaña era escéptico respecto al Ayuntamiento, que “sólo hace tonterías y va a malgastar los 80 millones que se le han regalado…”

Como explicaba hace un año en Madrid Sindical el estudioso y cronista de la ciudad, Pedro Montoliu, a Madrid se la robó su identidad después de la guerra civil, no tanto por la “cosa zarzuelera” sino por “ese espíritu que se puso de manifiesto el 7 de noviembre de 1936. Un espíritu rebelde de reacción ante el poder. Un espíritu crítico que ya se puso de manifiesto el 2 de mayo de 1808. Ese espíritu que Franco se encargó de eliminar”. Sin embargo, solo lo consiguió durante un par de décadas. En los 60 del siglo pasado el movimiento obrero y el vecinal se volvió a organizar y se rebeló contra la dictadura.

Ayer se conmemoró San Isidro, el patrón de la ciudad. Un patrón diferente y algo sofisticado, pues llegó a santo siendo de humilde familia y de origen mozárabe, ya que en los días de su nacimiento, Madrid (Mayrit) era musulmana, aunque no le guste a los reconquistadores de territorios visigodos. A Isidro, que era zahorí, le hacen famoso y santo porque encontraba agua por todas partes. Los musulmanes sabían que estaba repleto de pozos acuíferos, según contaba el diario ABC ayer, poco sospechoso de no conocer la vida de los santos.

El artículo concluye con que “la historia de San Isidro pudo ser la de un santón musulmán de origen bereber, el cual vivió en un periodo previo a la llegada de los cristianos a Mayrit, que fue asumida y adaptada por los cristianos con el cambio de Rey y de religión en estas tierras”. Madrid capital es así, una ciudad urbanita cuyos mini huertos son “urbanos”, pero que tiene un patrón labrador, amigo de las siestas y del dialogo entre musulmanes y cristianos.

Dadas las fechas preelectorales, ayer tocó poner el altavoz a las banderas, los himnos, los símbolos que poca identidad dan a nuestra ciudad. Estoy convencido que San Isidro ayer se habría echado una buena siesta mientras se arriaba la hiperbandera de Colón.

Le imagino intermediando para lograr un lugar en que vivir, no sobrevivir. Un lugar en que los más ricos paguen solidariamente más impuestos para que toda la ciudad se reequilibre. Una ciudad que continúe por la senda de la alegría y el color LGTBI. Una ciudad, también, con mirada de mujer y comprometida con sus derechos. Preocupada por la calidad de vida de las personas que la habitan. Donde se refuerce el diálogo social y se impulsen las políticas de empleo y de lucha contra la desigualdad que ya hemos iniciado en la última legislatura con el Acuerdo Local.

Dialogo y acuerdos con los gobiernos. Y ahora, compromisos claros de los candidatos como el que los sindicatos de clase hemos saludado este martes de Ángel Gabilondo si accede a la presidencia de la región. En él, se evidencian unas líneas claras de cambio con el objetivo de abordar de forma urgente el problema de la desigualdad creciente que se está produciendo, junto con el incremento de la pobreza que, de forma escandalosa, padecemos en la comunidad más rica de España.

Este San Isidro ha sido como otros: de luz, color, claveles, estornudos alérgicos y campaña electoral. Desde CCOO lo tenemos claro. Es muy importante apoyar a aquellas candidaturas de progreso que coincidan con las demandas de la clase trabajadora y valores cívicos. Apostamos por una fiscalidad justa; por la creación de vivienda social sin entrar en un mercadeo de quien va a construir más y, quizá peor. No queremos que sobrevuelen fondos buitre, ni en la ciudad, ni en la región. Madrid tiene que ser “vivible e insustituible”, como también cantaba Sabina. Una ciudad limpia, sin humos, paseable, sostenible y sin sabotaje entre administraciones. Madrid tiene que ser la ciudad de la libertad y de la igualdad.

Madrid, como su santo patrón, es sofisticada en su voto. Opciones para parar a las tres derechas impregnadas de franquismo hay. No echemos el freno y la marcha atrás.

Jaime Cedrún
Secretario general de CCOO de Madrid

Madridiario.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.madridiario.es