9 de diciembre de 2019, 17:43:01
Política


PERFIL l El químico que encauzó el fin de ETA

Por MDO

La política española despide este viernes a un 'hombre de Estado'. Así han definido a Alfredo Pérez Rubalcaba -fallecido este viernes tras sufrir un ictus- militantes socialistas y adversarios parlamentarios. En las cuatro décadas que dedicó al trabajo bajo las siglas del PSOE, aplicó esta filosofía a los tres grandes retos que comandó desde los gobiernos de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero: el impulso de la Logse, la rendición de ETA y la abdicación del rey emérito. Hoy se aparcan los colores para rendir homenaje a una figura clave en las últimas legislaturas.


Alfredo Pérez Rubalcaba (Solares, Cantabria, 1951) dedicó su vida al PSOE. Se afilió al partido tras la muerte de su amigo Enrique Ruano, detenido por la Policía franquista, de la mano del exlíder del PSOE madrileño Jaime Lissavetzky. Con él compartió aula en la Universidad Complutense cuando ambos cursaban Ciencias Químicas -diciplina de la que se doctoró- y también cierre de su trayectoria política en el año 2014.

Por el camino, 40 años en los que lo fue todo, excepto presidente del gobierno, la espina que no logró sacarse en 2011 cuando cosechó una derrota frente al PP en las elecciones generales. No obstante, siempre había trabajado cómodo desde la primera línea, pero sin el timón del barco socialista. Durante 21 años ejerció como diputado, fue miembro de la dirección del PSOE otros 17, estuvo 11 en el Gobierno y dos en la Secretaría General.

Ministro de Educación y Presidencia bajo el mandato de Felipe González, el también profesor lideró el impulso de la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (Logse), aprobada en 1990. Más complejo resultó lidiar con el proceso de pacificación tras el alto al fuego permanente anunciado por ETA en marzo de 2006, recién asumida la cartera de Interior con José Luis Rodríguez Zapatero en la Moncloa.

En estas lides hizo gala de dos rasgos ensalzados por sus compañeros, su brillante oratoria y su capacidad estratega. Sin embargo, se recuerdan luces y sombras en su gestión de la rendición de la banda terrorista. Su decisión de conceder el segundo grado penitenciario al etarra José Ignacio de Juana Chaos no estuvo exenta de polémica y le acarreó una crítica casi generalizada que él excusó en evitar "un mal mayor". Una determinación que asumió como "personal" para acaparar la responsabilidad.

Apoyó a Joaquín Almunia frente a Josep Borrell como secretario del PSOE, así como a José Bono frente a José Luis Rodrígez Zapatero. 'Sus' candidatos perdieron ambas ternas, pero los triunfadores no quisieron prescindir de su figura y el cántabro nunca se alejó del núcleo de poder del PSOE. Desde esta posición de relevancia coordinó también la abdicación del rey emérito Don Juan Carlos, una encomienda en la que dejó su impronta al contener el republicanismo y abogar por una entronización de Felipe VI sin fisuras.

Su despedida de la vida pública llegó el 2 de septiembre de 2014, fecha en la que renunció a su acta de diputado para dedicarse a su otra gran vocación, la docencia. Así, regresó a la Complutense como profesor titular de Química Orgánica, tarea que desempeñaba en la actualidad. El pasado miércoles sufrió un infarto cerebral que no ha podido superar. La campaña electoral se ha suspendido por un día en homenaje a su memoria, la del químico que encauzó el fin de ETA.

Madridiario.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.madridiario.es