20 de octubre de 2019, 8:38:23
Opinión


Soledad entre la muchedumbre

Por Ángel del Río


Se puede morir de soledad. Se muere de soledad. Se seguirá muriendo de soledad en una sociedad que cada vez vive más apiñada, en menos espacio, pero cada día más alejada de la convivencia y la solidaridad. Una anciana de 83 años ha sido encontrada muerta en su pìso del barrio de Salamanca. Su cuerpo estaba momificado, y es que llevaba fallecida desde 2014. Cinco años pudriéndose en la soledad de la indiferencia, sin que nadie la echara en falta, ni siquiera la extrañeza de no verla desde hacía tiempo. Pero lejos de inquietar esa ausencia, se justificaba por su carácter solitario, por no conocérsele familiares, ni amigos, y sólo la casualidad, la curiosidad de un familiar que vivía lejos, ha permitido dar con su cuerpo momificado, en la misma postura en la que debió morir cuando no pudo encontrar un socorro cercano. A nadie inquietó su ausencia en cinco años. Murió sola, quizá víctima de una soledad no diagnosticada, como mueren muchas personas, la mayoría en edad avanzada, sin nadie cercano, ni siquiera se enteraron los vecinos de proximidad, esos que dicen de los tabiques que separan las viviendas, “que son cómo de papel, ya que se oye todo al otro lado”… todo, menos la muerte de un solitario, uno de esos seres ignorados en medio de la multitud del inmueble, el barrio, la ciudad.

Por cierto, no encuentro en los programas de promesas e intenciones de los partidos políticos, ninguna referencia, ninguna fórmula, ningún bálsamo para combatir la soledad no deseada, la sobrevenida.

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