23 de noviembre de 2019, 1:39:41
Cultura y ocio

TEATRO


El barberillo de Lavapiés: cómo perderse en los barrios bajos

Por Antonio Castro

El barberillo de Lavapiés es una zarzuela grande compuesta por Francisco Asenjo Barbieri, con libro de Mariano José de Larra, que se estrenó en el teatro de la Zarzuela el año 1874. Ahora vuelve al mismo escenario.


Esta es una de las partituras más brillantes e inspiradas del maestro Barbieri y de las más populares de cuantas están ambientadas en el Madrid castizo. También de las más exigentes, musicalmente hablando, para los cantantes. Tal vez por esas exigencias no es de las zarzuelas más repuestas aunque alguno de sus números, como el preludio y la canción de Paloma, aparezcan en todas las antologías. Recuerdo con admiración la puesta en escena que hizo Calixto Bieito hace más de una década en este teatro porque se salió de todos los tópicos y consiguió casi una ópera.

Ahora la dirección es de Alfredo Sanzol, quien tampoco ha querido recurrir a los majos y las manolas y a un Lavapiés de cartón piedra. Es cierto que el vestuario sí corresponde a lo que podríamos esperar pero la imaginativa escenografía y la brillante iluminación crean una atmósfera intimista. El complejo entramado de paneles que van conformando las calles del barrio o las casas de los protagonistas, funciona como propuesta escenográfica, sobre todo cuando los personajes emprenden huida por ese laberinto real que es Lavapiés.

La historia tiene como protagonistas al barbero Lamparilla y a su enamorada, la costurera Paloma, dos simpáticos y arrojados madrileños que no dudan en participar en una conjura para conseguir derrocar al ministro Grimaldi y que tome el poder el conde de Floridablanca. La marquesa Estrella y don Juan de Peralta son los noble que participan en la conspiración. Descubierta esta, se refugian en Lavapiés amparados por Paloma y Lamparilla.

El nuevo montaje resulta muy atractivo en lo musical y en lo teatral. Borja Quizá y Cristina Faus son unos eficaces y divertidos personajes de barrio mientras que María Miró y Javier Tomé cumplen perfectamente los roles de nobles en apuros.

Un elemento para tener en cuenta es la brillante coreografía de Antonio Ruz, que bebe en las fuentes de la danza española tradicional pero que incorpora un lenguaje contemporáneo que no desentona en absoluto con la historia y apoya la propuesta modernizante de Sanzol.

Un acierto del teatro de La Zarzuela que puede verse hasta el 14 de abril.

Madridiario.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.madridiario.es