21 de agosto de 2019, 7:20:00
Opinión


La "generosidad" en política

Por Ángel del Río


Ese falso testimonio que muchos ofrecen, de que en política se está de forma altruista, por generosidad, servicio a los demás, dedicación si interés propio, vocación y otros desprendimientos personales, no es nada más que un postureo cuando sale al mercado la compra-venta del voto, recién pescado, para la subasta electoral. Si todavía queda algún incauto que, inflamado de fe, se crea todo ese chorreo de entrega a los demás del que pretende hacerse con un escaño, tendrá ocasión de pasar la reválida de su candidez, ahora que ya estamos en la primera fase de la temporada de campañas. Ya es primavera en los grandes almacenes donde hay ofertas de promesas de todo tipo.

Pero, en lo que respecta a la entrega de los que se autoproclaman servidores públicos en el mundo de la política, sin perseguir intereses, prebendas o recompensas personales, de nuevo la realidad es cruda y calla bocas de quienes presumen de un paladar generoso. El PP ya ha decidido sus candidatos a las alcaldías de los municipios de la Comunidad de Madrid, y ha saltado el fenómeno que es común en política: dimisiones, abandonos, renuncias y bajas de militancia de quienes esperaban ser los elegidos y han visto frustradas sus aspiraciones; de quienes querían cargos de representación y tienen que ver cómo el partido ha elegido a otros para aspirar a los mismos. Un gesto de humildad, disciplina y servicio hubiera sido aceptar las decisiones del partido, en cuanto a nombramientos se refiere, pero no, esto es mucho pedir en el mundo de la política, donde, por más que se intente fingir, las inmensa mayoría está para cubrir sus aspiraciones personales, por encima de los intereses del partido; para ser los elegidos y no los olvidados. Y si no se cumplen sus aspiraciones, dimiten, hacen las maletas y se marchan por despecho o por pretensiones que no pueden cumplir. Y éstos, como los otros, como casi todos, dirán que están en política por una vocación de servicio a los demás, sin esperar nada a cambio. Hay cosas que no cambian.
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