20 de noviembre de 2019, 19:21:19
Cultura y ocio


Los Jardines del Buen Retiro

Por Antonio Castro

El aniversario de la inauguración del Palacio de las Telecomunicaciones nos da la oportunidad de recordar un popular parque de atracciones que cada verano congregaba a los madrileños: los Jardines del Buen Retiro. Se abrieron en 1869 y ocupaban los terrenos sobre los que se levanta el actual ayuntamiento y los edificios de viviendas adosados.


En el otoño de 1865, tras el derribo de la primitiva verja del parque, comenzó la urbanización de los terrenos, en los que se abrieron calles como las de Alarcón, Montalbán, Juan de Mena, Agustín Moreto… La operación significó que el Retiro perdiera unas 30 hectáreas de superficie. El 26 de junio de 1869 se iniciaron las actividades artísticas en el nuevo escenario al aire libre. Primero fueron conciertos sinfónicos bajo la dirección de Johann Daniel Skoczdopole. También se abrió la primera fonda del parque. La entrada costaba seis reales. En La Iberia (27-6-1869) se refería al aspecto de los jardines:

si bien aún no podemos juzgar por completo, por no encontrarse terminadas las obras, diremos que son deliciosos. Lujosamente iluminados, adornados de hermosas arboledas, y casi dentro de la población, llevan gran ventaja sobre los de los antiguos Elíseos, y serán sin duda el punto de reunión de la buena sociedad. El quiosco donde la orquesta está colocada es de elegantes formas y de muy buen gusto. Notábase anoche falta de sillas, y en vista del éxito y de la numerosa concurrencia, esperamos que la empresa proveerá esa necesidad.

En las temporadas siguientes ya se ofreció una programación bastante regular de piezas cortas de teatro y zarzuela. La gestión empresarial de la actividad recreativa de estos jardines era adjudicada por el Ayuntamiento en subasta pública. Para el verano de 1875 hubo bastantes aunque finalmente ganó Pedro Garrido y Mata. ¿Su oferta?: 15.000 duros. Ese verano la programación dio un gran salto cualitativo porque trabajaron algunas de las personalidades más importantes de final de siglo: Tomás Bretón, que dirigió la orquesta, y Federico Chueca como maestro de coros. En ese escenario debutó Chueca como compositor estrenando El sobrino del difunto, con libreto de Lastra y Prieto.

El ayuntamiento vio negocio en estos jardines de recreo y establecía considerables compensaciones económicas a los ganadores. Para el verano de 1876, por ejemplo, pedía 3.000 reales por cada concierto que se celebrara y 2.000 por cada representación teatral. Al adjudicatario de la fonda de comidas se le pedían 40.000 reales por toda la temporada, obligándosele a vender el cubierto a 20 reales.

Ese verano se incrementó notablemente la iluminación y se ensanchó el escenario del teatro. Que éste debía ser muy precario lo certifica que algunas gacetillas criticaran el polvo que se levantaba en el piso de los palcos. O sea, que el suelo era directamente la tierra. La compañía del verano de 1876 estuvo dirigida por el actor José García. Si hacemos caso de las listas de compañía presentadas, solamente entre el coro y el cuerpo de baile había 74 personas. El empresario arrendatario era ya Felipe Ducazdal, que también consiguió el arriendo del teatro Español ese otoño. Ese verano el gobierno central traspasó al ayuntamiento de Madrid la titularidad de los jardines pagando un canon anual de 5.000 pesetas. Alfonso XII firmó el 22 de julio de 1876 la cesión cumpliendo los acuerdos tomados por las Cortes.

Ducazdal intentaba cada temporada mejorar las instalaciones y contratar compañías con aristas mejores o, por lo menos, populares en Madrid. Tal vez ese año no fuera un buen negocio porque al siguiente consiguió el arriendo Francisco Arderius, el actor-empresario de los Bufos. Cabe pensar que el cada vez más poderoso Ducazadal no se quedara quieto ante esa ‘invasión’ de sus territorios. Finalizando el mes de julio, Arderius tuvo que abandonar los jardines y volvió a hacerse cargo de los mismos el anterior empresario. ¿Casualidad?

Al empezar el año 1881 comenzó la construcción de un nuevo teatro dentro de los jardines, cuya obra fue adjudicada a los señores Espinosa, Dardalla y Castillo. Fue inaugurado, con una compañía de zarzuela, el 25 de junio del mismo año.

En 1883, siendo Felipe Ducazdal empresario de los Jardines, se instaló la primera iluminación eléctrica con cincuenta arcos voltaicos. Se encargó de ello la Sociedad Matritense de Electricidad. Sin duda no fueron conscientes del peligro que corrían con ese tipo de arco en una superficie boscosa. Ese mismo verano, el 26 de junio, se inauguró dentro de los jardines un teatro de fantoches pensado especialmente para los niños. Las funciones comenzaban a las cinco y media de la tarde y se repetían varias veces cada día. Las entradas con derecho a silla costaban 80 céntimos y daban derecho a permanecer dos horas en los jardines.

Es mismo año el señor Ducazdal solicitó levantar un circo con estructura de hierro dentro de los jardines, en el extremo más próximo a la Puerta de Alcalá. El ayuntamiento lo autorizo el 23 de julio y las obras comenzaron el 30 de octubre de 1883.

El año 1889 los jardines contaron con una nueva atracción que encandiló a los madrileños: la montaña rusa. Una atracción similar –más primitiva- había existido en los desaparecidos Campos Elíseos. La del Buen Retiro, proyectada por Julián de la Rúa, se inauguró el 25 de mayo. Según La Época de ese día se trataba de:

Un medio de locomoción que sobrexcita el sistema nervioso, acelera las pulsaciones cardíacas y es, lo aseguramos, el más seguro e infalible procedimiento para tratar con satisfactorio resultado la ataxia.

Aclaramos que la ataxia es una deficiencia en la coordinación de miembros y extremidades del cuerpo humano. Debían suponer los anunciantes que el susto provocado por la montaña, pondría en su sitio el sistema nervioso de los afectados. Ducazdal mantendría el arriendo de los Jardines hasta su muerte ocurrida en octubre de 1891. Su desaparición provocó el progresivo descuido del parque aunque su hijo Ricardo Ducazdal ejerció de empresario el verano de 1892, con una compañía en la que figuraba casi toda la familia Mesejo. Al año siguiente el Ayuntamiento le retiró la concesión, sacándola a subasta.

José Jiménez Laynez consiguió el arriendo de los jardines en diciembre de 1893, emprendiendo una gran reforma de los mismos con intervención del arquitecto José Grases Riera. Incluyó un teatro, con entrada independiente, que se encontraba en la actual confluencia de la calle Montalbán con el paseo del Prado, en la trasera del actual palacio. Se reabrieron, tras no pocas dificultades, en la primavera de 1894 y aún tendrían diez años más de vida. El gran teatro circo, como se anunció, se inauguró el 14 de julio con el ballet Coppelia. El diario La Iberia aventuró que cabrían unas cinco mil personas, lo que puede parecer exagerado. En el resto del jardín también se hicieron reformas, como instalar un restaurante de ambientación rusa en el espacio que había ocupado la montaña rusa. Y se instaló electricidad en todo el recinto. Además incorporaron una instalación para jugar al tennis, posiblemente la primera que hubo en Madrid para este deporte.

En la primavera de 1897 se anunció la construcción de un nuevo teatro de verano dentro de los jardines, con entrada por la calle de Alcalá. Se llamaría Gayarre y estaría explotado por el empresario Tomás Bernardini. Solamente hemos encontrado las noticias del supuesto inicio de las obras, pero ninguna sobre su apertura. Eldorado, que se construía en esos días junto a la Bolsa, sí acabó inaugurándose en julio de ese año. Del Gayarre nada se supo.

El año 1898 se construyó un circo dentro de los jardines, que fue inaugurado el 9 de abril. Al año siguiente el empresario Pedro Serra quiso revitalizar el paraje volviendo a programar una compañía grande de ópera. Hasta la desaparición física de estos jardines siguió la programación operística en su teatro.

El 24 de mayo de 1902 se inauguró, dentro de histórico jardín, el denominado Teatro del Parque, que contó con una compañía dirigida por Ricardo Monasterio. Se localizaba entre el paseo de coches y la casa de fieras. Tenía capacidad, según la prensa, para unos mil espectadores. Ese año también existía dentro del parque, en el paseo de Venezuela, una sala de variedades denominada Molino Rojo.

El incendio del vecino teatro Eldorado, producido en julio de 1903, llevó a algún periódico a denunciar que el teatro de los Jardines también podía ser pasto de las llamas y causar una gran tragedia. Leemos en El Globo (20-7-1903):

Nosotros respetamos los intereses de todo el mundo, y no queremos perjudicar en lo más mínimo al empresario de los Jardines; pero frente al negocio de una empresa y la tranquilidad de cien familias, la elección no es dudosa. Los Jardines no deben seguir funcionando ni un día más. El gobernador de Madrid debe ordenar inmediatamente el cierre el teatro; y para consentir que se celebren espectáculos en el Buen Retiro, exigir que se construya un teatro de hierro y en distinto sitio emplazado. ¡Hay que cerrar Ios Jardines! Es preciso que las autoridades defiendan los intereses del público.

No fueron las medidas de seguridad las que acabaron en este recinto de entretenimiento. El 9 de junio de 1904 el rey Alfonso XIII, a propuesta del Ministro de Hacienda, Guillermo J. de Osma, propuso a las Cortes anular la cesión al municipio, efectuada en 1876, de los conocidos como Jardines del Buen Retiro. La finalidad era enajenar ese terreno para levantar el palacio de las comunicaciones, ocupando una superficie de 8.500 metros cuadrados. Obviamente aquello fue el final de uno de los mejores parques de atracciones de la segunda mitad del siglo XIX. La última temporada veraniega de este recinto comenzó el 5 de junio de 1904 con una compañía de zarzuela. Pocos días después comenzaron a publicarse las primeras noticias sobre la nueva ley que desposeía al Ayuntamiento de los Jardines. El 20 de junio el Ayuntamiento ratificó la propuesta gubernamental. La última compañía que actuó en los Jardines fue una de ópera encabezada por Rafael Tomba, con Achille Adorni como director de orquesta. En el verano de 1905 se habilitó como nueva zona veraniega de atracciones variadas la zona del Retiro alrededor de la actual Casa de Vacas y se hizo llamar Jardines del Parque. Ese mismo verano se abrió el Nuevo Teatro, en el paseo de Sagasta, con programación durante la temporada estival.

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