22 de mayo de 2019, 22:59:00
Opinión


Exceso de optimismo democrático

Por Ángel del Río


Querer aparentar que la democracia en España ha madurado, es hacer un ejercicio de optimismo extremo. Qué más quisiéramos que poder hablar de la nuestra, como una de las democracias más puras del mundo. Pero estamos ante situaciones, posturas, composturas y declaraciones, que ponen en cuestión la madurez del sistema de convivencia que nos dimos los españoles tras la muerte del dictador. Y esto se ha evidenciado más después de las reacciones de representantes cualificados de la izquierda contra la derecha, por la concentración del pasado domingo en Colón.

Ahora resulta que pedir la convocatoria de elecciones es un gesto fascista, cuando en los regímenes dictatoriales lo último que se pediría son elecciones democráticas. Pedir que el gobierno no haga concesiones a los separatistas catalanes, es querer dividir, en vez de procurar formas de entendimiento, ese entendimiento que les falta a los independentistas, esos que dicen que España les roba; que en la “falsa” democracia española, se persigue y condena por cuestiones políticas; que se reprime, se castiga e intimida, porque una región quiere separarse de España, con la mitad de los habitantes de esa región en contra de la autodeterminación. Los socialistas de nuevo cuño tachan de derecha “reaccionaria” a la que pide parar los pies al desenfreno nacionalista y que se convoquen elecciones. Pedro Sánchez cree que la derecha de tres (PP, Ciudadanos y Vox) no puede exigir que se ponga fin a esta legislatura, antes de la fecha de caducidad, cuando él, con la colaboración necesaria de sus socios podemitas, nacionalistas y otros interesados, pusieron fin al gobierno del PP y echaron a Mariano Rajoy, porque les interesaba, no poner fecha de caducidad, sino “consumir preferentemente antes de 2020”.

Después de la concentración del domingo, hemos asistido a una ceremonia de descalificaciones personales y colectivas, de acusaciones fuera del juego democrático de las palabras, de posicionamientos contarios a los mantenidos en otro tiempo por los mismos actores. Así las cosas, y con este circo de la política, que nadie saque pecho para decir que nuestra democracia está madura y es un ejemplo. La madurez se alcanza con la comprensión, la tolerancia y el respeto a quienes manifiestan su disconformidad de forma civilizada y dentro del marco de constitucional.

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