15 de octubre de 2019, 13:55:47
Opinión


La F.E.N. y el ansia de poder

Por Nino Olmeda


Estos días de locura y delirio con el término ‘relator’, introducido por el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, en un ambiente político impregnado de LSD, con claros síntomas de alucinación, han originado un temblor de tierras muy parecido a un terremoto político. La sacudida ha revuelto las tripas de los llamados españolistas y han hecho frente común para salvar a España de los antiespañoles que la quieren romper. De pronto, después de una larga jornada con sobredosis de noticias sobre la respuesta al presidente del Gobierno por la creación o no de la figura del ‘relator’, ‘mediador ‘o ‘secretario de actas’ para supuestamente contentar a los independentistas catalanes a cambio del apoyo a Presupuestos para 2019, acabé agotado después de escuchar frases gruesas como “traidor", "felón", "incapaz", "incompetente", mediocre", "mentiroso compulsivo", "ilegítimo" u "okupa", dirigidas por uno de los ‘salvadores’ de la patria, Pablo Casado, en disputa continua con los líderes de Cs y la nueva ultraderecha para hacerse con el título de buen español. Caí redondo en la cama y el mundo de los sueños de Morfeo me atrapó. Recordé que, en mis primeros años de colegio, tenía tres asignaturas conocidas como ‘marías’ que eran las fáciles de aprobar porque se valoraba más la actitud que los conocimientos: Religión, Gimnasia y Formación del Espíritu Nacional (FEN).
Esta última era materia obligatoria en el Bachillerato durante la dictadura franquista. El propósito de la FEN era la adquisición de los valores que se identificaban con el concepto nacionalista de España propio del Movimiento Nacional. En la universidad había algo parecido que también se llamaba ‘política’ e incluía materias como ‘La esencia de lo español, su olvido y su recuperación’ o ‘Lo antiespañol en la Historia’. Cuando desperté, me di cuenta que había sido no un sueño sino una pesadilla y que, si de nuevo, alguien tiene que enseñar a los demás a cómo ser español y qué valores hacen digno de tal consideración, es que hay más necesidad de psicólogos y psicoanalistas que de estrategas o analistas políticos o parlamentarios. Como creo que no es problema solo de salud mental, llegué a la conclusión de que todo este remolino tiene más que ver con las ansias de poder de los que lo han perdido recientemente y ansían su regreso a él por encima de todo y de todos, y también de los que han llegado a él recientemente y hacen lo impensable para permanecer en él. Tuve que ir al psicoanalista a contarle mis sueños y me despidió rápidamente, aconsejándome que me fumase un porro de marihuana o me tomase una infusión de la misma planta y me dejase de gilipolleces. En eso estoy.
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