17 de octubre de 2019, 12:58:57
Opinión


14-D: Una clase obrera ejemplar

Por Jaime Cedrún


Aquel 14 de diciembre “pararon hasta los relojes”. Era el año 1988 y España vivió una huelga general histórica. Aquella jornada hubo un seguimiento sin precedentes convocado por CCOO y UGT. Para el éxito se daban las condiciones objetivas y tras el éxito los poderes tuvieron que recular.

Aunque a día de hoy vivimos escenarios diferentes, el contexto económico es similar. En 1988 España salía de una crisis en la que el Gobierno no repartía los frutos del crecimiento de la riqueza nacional, después de años de sacrificios y calamidades para la clase trabajadora. En esos días, con el crecimiento de la riqueza situado en un 5 por ciento, el Ejecutivo de Felipe González optó por medidas que precarizaban el empleo, fundamentalmente entre la juventud, contenidas en un impresentable “Plan de Empleo Juvenil”.

Así pues, estos días conmemoramos el 30 aniversario de una fecha histórica para nuestro país y el sindicalismo de clase. Veinte años después de que el mundo se llenara de revoluciones juveniles en 1968, la juventud española de los 80 encendió “la chispa” de la huelga general del 14-D. O mejor, fue indispensable encendiendo chispas. El 1 de diciembre, cien mil jóvenes organizados y unidos, cien mil jóvenes generosos con objetivos comunes, estudiantes y trabajadores, desbordaron las calles de Madrid. Era un tiempo difícil en el que la droga se llevó a 655 personas sólo entre 1986 y 1988…

Pero aquella juventud no estaba narcotizada. Se movilizó permanentemente desde 1985 y se desilusionó con la entrada de España en la OTAN. No olvidaron aquel eslogan del PSOE: “OTAN de entrada, no” y el posterior referéndum, en marzo de 1986, con un Felipe González que usó magistralmente el miedo para que nuestro país se quedara en esa organización militar. Una juventud pacifista (“ni OTAN, ni Varsovia, cochinillo de Segovia”, coreaban) que empujó la desaparición del servicio militar.

El curso siguiente, en 1987, esa misma juventud se echó a las calles contra la política educativa. En enero de 1987, Madrid fue testigo de la última manifestación en que hubo una persona herida por disparos de la policía. La víctima fue una joven estudiante de 14 años, hija de un afectado por el aceite de colza.Un año después, en 1988, se vivió el conflicto más largo y duro del profesorado de la enseñanza pública con su consecuente efecto sobre la sociedad.

Ese mismo año, el Gobierno presentó su Plan de Empleo Juvenil y la juventud se plantó ante el Plan. Un plan que, como declaraba en esos días Paco Moreno, entonces secretario confederal de Juventud de CCOO, no sólo cuestionaba el futuro de los jóvenes, sino todas las relaciones laborales. Un plan, que como denunciaba en aquellas jornadas Jesús Montero, entonces secretario general de UJCE (la Juventud Comunista del PCE), no era un plan, sino “un decreto de guerra”.

El 14-D fue el éxito de la complicidad intergeneracional y de la unidad de acción sindical en un momento de crecimiento económico. Los sindicatos de clase, CCOO y UGT fueron del brazo frente a un Gobierno que, con el apoyo de una mayoría absoluta parlamentaria, no repartía la riqueza que se estaba generando. Las condiciones objetivas para utilizar la herramienta de la huelga general eran innegables. El éxito fue arrollador.

Los resultados del IV Congreso confederal de las Comisiones Obreras, realizado en noviembre de 1987 también fueron muy relevantes para modelar al sindicato en el necesario instrumento que abanderara poco después la huelga general. Un equipo que hoy sería calificado de “joven”, aunque impensable por sólo contar con una mujer, Salce Elvira. Un grupo plural, criticado desde fuera por “tecnócrata” y liderado por Antonio Gutiérrez, que supo cimentar la unidad interna dejando de lado externos intereses partidistas múltiples y haciendo alarde de independencia partidista. Al tiempo se forjó la indispensable unidad de acción con UGT, el histórico sindicato socialista.

En 2018, al igual que hace treinta años, las cifras macroeconómicas son positivas, con un crecimiento anual en torno al 3 por ciento. Ya genera este país más bienes y servicios que antes del inicio de la crisis, un crecimiento que no se reparte y que nos lleva a la paradoja de que la salida de la crisis está haciendo crecer la desigualdad. España produce más que antes de la crisis con un millón menos de trabajadores, el empresariado ha recuperado los beneficios de antes de la crisis, mientras surge un ejército de parias, de personas que ya sufren exclusión y personas que, aun trabajando, padecen pobreza.

Los problemas territoriales, que tan bien utilizan los partidos de derecha con su rancio nacionalismo español, gracias a la deriva ilegal y la provocación constante de los independentistas, están acallando los problemas y las soluciones económicas. Los servicios públicos en nuestro modelo constitucional de país son fundamentales; es el más sensible de los sectores porque se ocupa de las personas más vulnerables y además es garantía de que la desigualdad no llegue a límites extremos. Cuanto mejores son los servicios públicos de un país, mayor es la protección social y menor la desigualdad.

Estamos reclamando cambios necesarios en el diálogo social y proponiendo acuerdos importantes, pero no terminan de concretarse, se están quedando en anuncios que de no plasmarse en realidades llevarán a la frustración y al conflicto. Además, como asegura el actual secretario general de CCOO, Unai Sordo, “necesitamos un marco de diálogo social estructurado para afrontar los cambios del mercado de trabajo” porque los cambios productivos se suceden a velocidad supersónica.

Antonio Gutiérrez, secretario general de las Comisiones Obreras en la huelga del 14-D afirmó al concluir esta: “Hay una clase obrera capaz de dar lecciones de firmeza, lucha y también total responsabilidad. El Gobierno debería quitarse el sombrero ante una clase obrera que no se merece”. La frase no ha perdido actualidad.

Jaime Cedrún
Secretario general de CCOO de Madrid

Madridiario.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.madridiario.es