22 de enero de 2020, 14:29:17
Efemérides

TAL DÍA COMO HOY


El último whisky de Baroja: Hemingway despide a su maestro

Por MDO

Estudió medicina, pero no encontró ahí su vocación. Trabajó en una panadería de la madrileña calle Misericordia, donde tampoco halló su razón de ser. Sí lo hizo en los senderos del parque del Retiro y callejeando por el barrio de Argüelles. Y es que Pío Baroja vivió en Madrid y vivió Madrid, como retrató en su obra. El 30 de octubre de 1956 se apagaba una pluma privilegiada de la Generación del 98 y al día siguiente sus amigos Camilo José Cela y Ernest Hemingway encabezaban la comitiva hacia el cementerio civil de la capital, no sin antes haber ofrecido el último trago a su maestro.


Pío Baroja apenas había soplado seis velas cuando cambió su San Sebastián natal por Madrid. La calle de la Misericordia fue la primera parada de la familia. Allí se alojaron hasta que el -después-reconocido escritor comenzó el segundo curso de Medicina en la Facultad de San Carlos. Cogió sus bártulos y se instaló entonces en la calle Atocha, esquina con Esperancilla.

El baile de domicilio continuó con una estancia en Cestona (Guipúzcoa), donde confirmó su desencanto por la profesión que había elegido, pero recopiló escenarios para su novela El árbol de la ciencia. Desengañado, llenó la maleta una vez más y regresó a la capital. Volvió a su primera casa para hacerse cargo de una panadería. Tampoco encontró en este negocio su sitio.

Argüelles se convirtió en su penúltimo alojamiento, antes de que un bombardeo destruyera su vivienda en 1936. Para entonces, el genio de la Generación del 98 ya había tomado inspiración para obras como Aurora roja en este barrio. Se estableció definitivamente y ya consagrado como autor en la Calle Ruiz Alarcón en 1940, junto al Retiro, paraje que tantas veces 'pateó' y que en la actualidad le rinde homenaje con una estatua en la Cuesta de Moyano -qué él impulsó como espacio para los libreros-.

Fue en Ruiz Alarcón donde la arterioesclerosis le condenó a la reclusión. Sus amigos y 'discípulos' no le abandonaron y eran frecuentes las visitas. Entre las más sonadas, la última del escritor americano Ernest Hemingway, quien despidió a su maestro regalándole una botella de Johnie Walker, además de su novela Adiós a las armas.

Pocas semanas después de este encuentro, el propio Hemingway encabezaría la comitiva fúnebre de Baroja, fallecido el 30 de octubre de 1956. Al día siguiente, Camilo José Cela portó a hombros el ataúd hasta el Cementerio Civil bajo un intenso aguacero. En el camposanto ateo descansa desde entonces un madrileño de adopción que realizó una radiografía de Madrid en su bibliografía

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