15 de octubre de 2019, 23:42:37
Cultura y ocio

TEATRO


Katiuska: un viajante catalán en la revolución rusa

Por Antonio Castro

El teatro de La Zarzuela repone una producción de Katiuska rodada en las últimas temporadas por varios escenarios. Dos figuras nacionales de la lírica, Ainhoa Arteta y Carlos Álvarez, encabezan el reparto.


Pablo Sorozábal se dio a conocer en el panorama musical español el año 1931 con el estreno de Katiuska en Barcelona. Al año siguiente se presentó en el Rialto madrileño. Esta zarzuela engrosa el grupo de los últimos grandes títulos del genero estrenados en el siglo XX.

El argumento no puede ser más exótico: la revolución rusa ha triunfado y los príncipes deben huir de las hordas rojas. En esa huida aparece un viajante de medias catalán dispuesto a cobrar una enorme deuda a uno de los generales revolucionarios. Pero la protagonista es Katiuska, princesa superviviente de la familia imperial rusa que va a enamorarse de un comisario del soviet encargado de capturar a los aristócratas.

La versión que nos propone Emilio Sagi ha reducido las partes habladas, seguramente consciente de su escaso interés actual, para resaltar los grandes valores musicales de esta zarzuela u opereta. Y así resulta un espectáculo mucho más ligero, de apenas 80 minutos de duración pero que realza el potencial musico vocal de la partitura.

Tiene esta algunas romanzas memorables, como Calor de nido, la paz del hogar, Los kosakos de Kazán o La mujer rusa. Llama la atención también, por su incongruencia el foxtrot A París me voy. Y es que, al estilo de las viejas revistas, algunos de los protagonistas deciden huir a esa capital excusa argumental, supongo, para incluir este cuarteto que borda Milagros Martín.

Ainhoa Arteta y Carlos Álvarez están en plena madurez vocal y afrontan con seguridad sus roles, como también lo hacen Antonio Torres, Enrique Baquerizo, Jorge de León, Amelia Font y Emilio Sánchez.

Sagi presenta la escena sobre las ruinas del incendio provocado por la revolución, lo que entorpece innecesariamente el movimiento de algunos solitas. Pero la mayoría de la acción transcurre en un escenario luminoso, que solo se opaca en los momentos de tensión revolucionaria. El final me pareció un homenaje plástico a Lo que el viento se llevó.

La orquesta, conducida por Guillermo García Calvo, y el coro, ofrecen la solvencia y seguridad habituales. El público de este teatro acogerá seguramente con interés y agrado este producción, que no es de las habituales el repertorio zarzuelero.

Katiuska estará en cartel hasta el 21 de octubre.

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