19 de noviembre de 2019, 20:26:11
Municipios


De pronto, una laguna: Madrid tendrá nuevo humedal en 2019

Por Javier García Martín

Dicen que la naturaleza acaba imponiéndose. En Ciempozuelos, en el entorno de una de tantas graveras que han cicatrizado el sureste de Madrid, ha terminado por brotar el agua. A base de horadar el suelo para alimentar el boom de la construcción, las máquinas han cruzado el nivel freático y donde antes había arena hoy hay una laguna. Ahora, la multinacional que posee los terrenos está obligada a renaturalizar la zona. Su ambicioso proyecto pasa por convertir ese espacio en un reservorio para aves y flora en peligro. Si nada lo frena, el plan es que las obras terminen pronto, en el mejor momento para que estalle la vida: la primavera.


Y de repente, el agua brotó entre las piedras. Parece un versículo del Antiguo Testamento, pero los vecinos de Ciempozuelos han sido testigos de un episodio casi divino, de los de creación de vida entre el polvo. El municipio ha visto emerger una laguna en unos terrenos industriales al suereste de sus dominios. A este incipiente ecosistema solo le hará falta un pequeño empujón humano para convertirse en un reducto de especies amenazadas. Y el plan ya está en marcha.

Durante años, varias empresas han empleado una parcela de 53 hectáreas del entorno de El Sotillo-La Compuertilla -a kilómetro y medio de las calles de Titulcia- como cantera de gravas y arenas. A base de excavar, las máquinas -como ocurre en muchas explotaciones- han pinchado el límite freático y las aguas subterráneas que recorrían las tripas de este aparente secarral han terminado por aflorar. El resultado: una lámina de líquido vital alimentada por excedentes de riego que LafargeHolcim, la propietaria de esa mina a cielo abierto, está obligada a restaurar. La Comunidad de Madrid acaba de publicar su informe de impacto ambiental sobre el proyecto de renaturalización presentado por la francosuiza y el resultado es positivo. Si nada la frena, la restauración estará lista en la próxima primavera.

Los primeros inquilinos

La laguna se encuentra en los cursos bajos de los ríos Manzanares y Jarama, en el Parque Regional del Sureste. Forma parte así de uno de los grandes reservorios de vida de la región, pese a que, en determinadas áreas, las autoridades permitan el aprovechamiento "ordenado" de los recursos naturales. Además, el perímetro que rodea a la cantera, que ya ha empezado a desmantelarse, está incluido en el catálogo de espacios protegidos de la Red Natura 2000. La razón: su atractivo para las aves, informa a Madridiario la Consejería de Medio Ambiente.

Tanto es así, que algunos ejemplares no han querido esperar a que la restauración ecológica concluya para empezar a merodear. "Se ha comprobado la existencia de una pareja reproductora de aguilucho lagunero en el humedal existente en la actualidad", explican desde Medio Ambiente. Esta rapaz está amenazada por, precisamente, la desaparición de este tipo de ecosistemas, según SEO/BirdLife.

Garantizar que se queden es fundamental. Ellos o cualquier otro colono. Por eso, el promotor deberá parar las obras -que van a suponer, por ejemplo, el movimiento de toneladas de tierra- si los operarios se topan con cualquier nido o madriguera hasta que sus propietarios finalicen su periodo reproductivo. "Es un humedal diverso en flora y fauna que resulta merecedor de puesta en valor", defienden fuentes de la compañía.

El plan descartado

LafargeHolcim se hizo con esta cantera hace una década, tras la absorción de la española Graveras Los Ángeles (GLA), su antiguo titular, en 2008. "Identificamos este espacio, ya por entonces sin actividad y parcialmente restaurado, como un terreno de elevado interés para realizar actuaciones que permitiesen aumentar la biodiversidad de su entorno", explican las mismas fuentes.

Tras dar varias vueltas a qué hacer con el boquete generado de hasta cuatro metros y mientras la naturaleza comenzaba su silenciosa conquista, la compañía descartó finalmente volver al punto inicial. "Hemos optado por sustituir el relleno del espacio creado por las labores mineras hasta la cota original" para su uso agrícola por "la segunda alternativa", la creación de un humedal con una laguna viva durante prácticamente todo el año, un espacio de "calidad ecológica".

Ahora bien, no todo son bondades. La Confederación Hidrográfica del Tajo reconoce que, aunque se mejorará el entorno, esta no deja de ser una laguna que antes no existía, con lo que las aguas subterráneas que ahora han dejado de serlo corren el riesgo de evaporarse y, por tanto, menguar a litros. Además, la Confederación ha alertado de la probable entrada de "contaminantes" diluidos en los excedentes de riego que nutren el humedal. No hay que olvidar que la Asociación Ecologista del Jarama El Soto lleva años advirtiendo del impacto de una minería "intensiva" a demanda del boom inmobiliario, que ha dejado "cicatrices profundas" y unas reservas "agotadas".

Islas santuario

Con todo, el proyecto quiere enmendar esa huella con especies propias. Así, se podarán chopos, olmos de Siberia y aliantos y se sustituirán por la siembra de varios grupos de plantas en función de su proximidad a la ribera, entre las que se incluyen sauces, majuelos, zarzas, rosales, álamos, retamas y saúco negro, amenazado en Madrid. Las lentas tareas de reforestación se prolongarán durante cuatro años.

Además, la multinacional contempla moldear las láminas de agua para crear lagunas "con diferente profundidad y contorno sinuoso y alargado" y generar islotes en las áreas anegadas en las que sus eventuales habitantes estén a salvo de cualquier depredador.

Esta medida de protección de la fauna se complementará con la instalación de refugios de madera para aves (abejarudo, martín pescador o avión zapador) y de nichos para sapos, sapillos, culebras, lagartos e insectos. La empresa quiere crear un mirador, aunque hoy por hoy, el acceso a la zona es imposible.

Asentamientos romanos

Medio Ambiente ha dado su visto bueno al proyecto, pero faltan las autorizaciones puntuales de varios organismos como la Confederación, la Dirección General de Industria, Energía y Minas o la Subdirección General de Espacios Protegidos, que se pronunciará en unas semanas. La compañía quiere que las obras estén listas en primavera, pero aún debe solicitar igualmente licencia al Ayuntamiento, según fuentes municipales.

Más allá de la burocracia, la única sorpresa capaz de dar la vuelta a todo está bajo tierra. La Dirección General de Patrimonio Cultural sabe que la punta norte de estas canteras posee cierto potencial arqueológico por su proximidad a asentamientos romanos. La aparición de una sola porción de cerámica exigiría la paralización de todo el plan. Ahora bien, en el informe remitido a la Comunidad, Patrimonio destaca que tras años de trasiego y despellejando la piel de esa esquina, si no ha aparecido ya ningún resto, es que no hay nada.

Con el resto de la parcela hay incluso menos dudas: aunque parezca increíble, los terrenos que hoy por hoy no están encharcados son también artificiales y están hechos a base de restos de excavación de obra civil, como toneladas de arcillas procedentes del vaciado de los túneles de la M-30. Con el pasado sin mucho que decir, parece que, aquí, la riqueza es una inversión a futuro.

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