6 de diciembre de 2019, 17:34:45
Política


A la Paloma a por milagros

Por Javier García Martín

Tan castizo como un bocata de gallinejas es el paseíllo que los políticos regalan a los madrileños en días de verbena. La última Paloma de la Legislatura llega tras unos meses explosivos y a punto de otra generosa ración de titulares, precampaña mediante. Clavel en ristre, Ángel Garrido y Manuela Carmena coinciden hoy en los actos centrales de la celebración y ninguno ha dicho aún si su deseo es el de seguir ahí el año que viene. Ambos permanecen a la espera de un golpe de luz divina que aclare su inminente futuro, aunque, con las elecciones a la vista, suspiros los hay por las cuatro esquinas del mapa de los partidos. No es de extrañar que alguno aproveche este 15 de agosto para pedir un milagro al legendario cuadro.


Visto en perspectiva, parece que Cristina Cifuentes no era santa de devoción de la Paloma. Hace un año, la expresidenta llegaba a las inmediaciones de la iglesia que custodia el venerado retrato de la patrona oficiosa de Madrid. No lo sabía ni podía imaginárselo, pero era la última vez que estaría ahí como política. Dijo, antes de entrar, que iba a pedirle el mismo deseo de siempre. "Trabajo", contó a la prensa. A repartir entre todos los madrileños, abundó. Sobran los argumentos para sostener que, al menos en lo tocante a ella como vecina de Madrid, el lienzo no la tomó demasiado en serio.

Su sucesor, Ángel Garrido, acude desde mediodía a los actos centrales de la cita. Le pondrá con los suyos un ramo de flores a la virgen, escuchará la misa preparada por el arzobispo Carlos Osoro y contemplará el descenso del cuadro a brazos de los bomberos municipales. No se sabe qué le pedirá él a esta pintura rescatada de chiripa de las manos juguetonas de unos niños hace unos siglos y legendaria portadora de milagros. Quizás, en silencio, le pregunte que qué hay de lo suyo: su destino en mayo de 2019.

Día de reflexión

Porque la foto de esta jornada preñada de corrillos y antesala del nuevo curso político volverá a ser particular, fruto de un 2018 insospechado, ebrio de titulares y que ha dejado una resaca peor que la de una mala limonada. A los cambios en los palacios de Sol y Moncloa -Cifuentes, ojo, también pidió aquel día de hace 366 por la continuidad de Mariano Rajoy- se suma el estado de duda en el que vive la política madrileña, hecha, a su manera, otro bendito cuadro. Nadie sabe cuántos de sus protagonistas estarán en ese mismo sitio dentro de un año, alcaldesa incluida. Sin contar con que la última palabra es la de los electores, todo en los partidos es incertidumbre.

Por un lado, está por ver si la Génova de Pablo Casado acaba tragando con el 'cospedálico' -y, para algunos, poco carismático- Garrido, que cada vez disimula menos su intención de liderar una candidatura. Por otro, sigue siendo una incógnita cuándo Manuela Carmena se decidirá a despejar la suya y, sobre todo, si su equipo sale de unas primarias, como pasó en 2015.

Este es, en el lado izquierdo del mapa político, el principal punto de roce entre las almas de Ahora Madrid. Las negociaciones a tres entre Podemos, IU y Equo para la Comunidad están más o menos armadas alrededor de Íñigo Errejón, pero algunos de los que se sientan a esa mesa alertan contra la "involución" que ven venir en la capital. De momento, poca novedad. La agenda morada para hoy luce en blanco y eso incluye a los anticapitalistas, esa extraña familia que en Madrid se ha quedado en tierra de nadie.

De bomberos, churros y entresijos

Como si la clase política lo fuera cardenalicia, a más de uno en Cibeles les gustaría que la iglesia de la Paloma fuese vaticana para acabar la jornada contemplando el clarificador vuelo del espíritu santo. Mientras José Luis Martínez-Almeida espera la sonrisa del destino, Purificación Causapié desespera para que el destino haga ya con ella lo que tenga que hacer. Ninguno de los dos encabezaron sus listas en las anteriores municipales y ninguno parecía tener posibilidad de hacerlo en las próximas. Pero hoy esas perspectivas se han separado.

El primero lleva semanas de méritos ante Casado, ideológicamente más próximo. Él se muestra más que dispuesto a robarle hoy el casco a algún bombero para apagar el fuego de los candidatos en la capital, esa hoguera de las vanidades que solo consume nombres. La segunda no ha conseguido revertir lo irreversible: que se verá relegada por un nombre -de mujer, sí, pero más joven y carismática, cavilan fuentes del partido- pactado por arriba. Un verdadero churro de resultado para alguien que lleva años bailando bien agarrado el ingrato chotis de socio en la oposición con un perfil tranquilo y dialogante. Perfil que, por contra, en la Asamblea, sí ha tenido premio.

La única que puede acudir hoy algo más confiada es Begoña Villacís, aunque ideas para invocar el milagro tampoco le faltan. Repetirá (casi seguro) ante las urnas, pero el 'efecto naranja' que daba la Alcaldía hace justo tres meses a Ciudadanos parece haberse desfondado con el resurgir de la derecha y la desbalconización de la capital tras la (aparente) distensión en Cataluña. De todos modos, si no es ella quien se encomienda a la virgen para ganar votos, sí estará para hacerlo Ignacio Aguado. Los mentideros advierten desde hace meses rumor de batalla contra su segundo, César Zafra, algo que sería inédito en un partido que hasta ahora ha elegido en primarias, sí, pero por aclamación. Porque para entresijos, los de la política.

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