22 de mayo de 2019, 17:28:52
Efemérides

TAL DÍA COMO HOY


Cuando Las Meninas dejaron de ser "inquietantes"

Por MDO

El 31 de julio de 1984 se presenta el resultado de una polémica restauración del famoso cuadro de Las Meninas.


Fin de una de las polémicas artísticas más sonadas del siglo XX: el 31 de julio de 1984 se presentaban las 'nuevas-viejas' Meninas, el resultado de una mediática restauración que el Museo del Prado llevó a cabo del famoso cuadro de Diego Velázquez. Meninas nuevas, porque el cuadro se desempolvó, se volvió más luminoso y colorido, quitándose años de encima en el mes y medio que pasó en el taller de la pinacoteca. Viejas, porque la idea de la restauración era, precisamente, devolver a la pintura su tono original, recuperando los colores con los que Velázquez la concibió en el siglo XVII.

"Ya no era posible reconocer los azules de que hablaba Ortega y Gasset. Es el reencuentro con los colores originales, con el recuerdo que tenían Diego Angulo, Rafael Alberti o Antonio Buero Vallejo". Así defendía el por entonces director de El Prado, Alfonso Pérez Sánchez, la restauración. Y tenía que defenderla, porque la decisión de la dirección del museo de pasar a Las Meninas por chapa y pintura generó un profundo debate sobre la restauración artística.

En primer lugar, porque según algunos restauradores la obra perdería personalidad e historia. En segundo, y sobre todo, porque el sector entendió como un desplante que El Prado recurriera a un profesional extranjero en lugar de apostar por los propios restauradores del Museo o, en cualquier caso, por talento español.

Un experto de Nueva York

John Brealey, de origen británico y director del gabinete de restauración del Metropolitan Museum de Nueva York, fue el encargado de realizar la delicada labor de meter mano a Las Meninas. Según la dirección de El Prado, "el mejor cuadro" requería de "el mejor restautador", generase la polémica que generase.

Sin embargo, la presión mediática, a punto estuvo de costarle a Las Meninas su puesta a punto, ya que perturbó la "tranquilidad" que Brealey necesitaba para trabajar, llegando a plantearse incluso su salida del proyecto. Un genio excéntrico, cuya estancia y viaje a Madrid fueron sufragados por una filántropa anónima norteamericana, que prohibió las visitas al taller durante la restauración, con el consecuente enfado de los técnicos del Instituto de Conservación y Restauración, la Escuela de Restauración y la Facultad de Bellas Artes de Madrid.

Museo de El Prado

El resultado

Polémicas a parte, el 31 de julio, Las Meninas se expusieron en la Rotonda de Ariadna, en la planta baja del Museo del Prado, antes de volver a su emplazamiento habitual, junto a cuatro paneles informativos que detallaban el delicado proceso por el que habían pasado.

El proceso capitaneado por Brealey logró reducir de 70 a 10 o 15 micras el espesor de los barnices, que con la polución impedían apreciar los matices y la gama de colores empleados por Velázquez. El resultado fue el de un cuadro con más grises, nacarados y platas que antes no podían verse debido al velo amarillento que cubría el lienzo, formado a base de polución. Pasó de ser un "cuadro inquietante" a uno "sosegante", según describió el cambio el entonces director de El Prado.

Ante la polémica, Pérez Sánchez aseguró que la restauración de Las Meninas era "como salir a la calle un día de verano con gafas de sol: si te las quitas te sientes deslumbrado, pero poco a poco te acostumbras a la realidad, que siempre es mucho mejor que cualquier filtro".

La restauración de Las Meninas supuso, además, un punto de inflexión en la forma de trabajar en el taller de El Prado, que superó los procedimientos heredados de los restauradores de la época del incendio del Alcázar, un hito en la restauración artística en nuestro país, para convertirse en un proceso más personalizado, que tiene en cuenta la individualidad, personalidad y características de cada obra.

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