11 de diciembre de 2019, 10:13:49
Efemérides

TAL DÍA COMO HOY


Tres décadas del suicidio del Rafi: ¿el asesino asesinado?

Por Carles Martínez

Han transcurrido justo tres décadas desde que en la cárcel cántabra de El Dueso, apareciese colgado de una sábana y en su celda el cuerpo inerte de Rafael Escobedo, el principal condenado por el crimen de sus suegros, los marqueses de Urquijo. El Rafi fue hallado sin ninguna carta y meses después, el informe forense arrojó muchas más sombras al señalar que el cuerpo ya estaba muerto "antes de ser colgado". Un caso que arranca con un crimen cometido ocho años antes y que contiene muchos interrogantes sobre qué sucedió aquella noche en Somosaguas y si Rafi se suicidó o alguien le quiso callar.


El 27 de julio de 1988, pasadas las 12 horas del mediodía, en la cárcel de El Dueso (Cantabria) fue hallado en la celda número 4 de la segunda planta, el cuerpo sin vida de Rafael Escobedo, el único condenado por el crimen de los marqueses de Urquijo ocho años antes en su casa de Somosaguas.

Fue encontrado ahorcado con un trozo de sábana atado a los barrotes de la ventana de la celda y fuentes familiares aseguraron que el Rafi, como así le conocían, sufría una "profunda depresión". Sin embargo, en el mes de octubre, meses después de la muerte, el informe forense del que se hizo eco la prensa de la época señaló que Rafi murió "antes de ser colgado y de forma distinta". Un hecho, que destapó incontables teorías y cubrió de humo un caso que ya de por sí, era y es, todo un misterio.

Aquel informe señaló que Escobedo no murió por la asfixia provocada por la sábana que enrollaba su cuello, tampoco por sobredosis de algún tóxico. Sin embargo, el informe dictaminó a partir del análisis del Instituto Nacional de Toxicología, que los restos de cianuro encontrados en los pulmones eran una evidencia, pero "no la única".

Asesinato disfrazado

Lo que en el mes de julio era para la opinión pública y la prensa una certeza motivada por la situación depresiva de Rafi y la primera autopsia que se le realizó al cadáver, el informe forense de octubre lo cambió todo. El abogado de Escobedo, Marcos García Montes, que desde el primer momento defendió en la prensa la 'rareza del caso', usó terminos como 'inducción al homicidio' para despúes concluir con el informe en mano, que "la hipótesis del asesinato fue la más lógica".

De hecho, García Montes llegó a señalar, como cita El País de aquel día, que el presunto asesino de Rafi tenía que estar "involucrado en la muerte de los marqueses", porque su cliente tenía ese mismo año de 1988 "la tribuna pública del juicio contra su amigo Mauricio López Roberts", acusado de encubrir a los autores de los asesinatos y que fue condenado también a 10 años de prisión.

Otro de los argumentos que García Montes siempre usó como defensa fue el propio testimonio de la exmujer de Escobedo, Myriam de la Sierra, quien en su libro ¿Por qué me pasó a mi? llegó a escribir "que no estaba segura de que Rafi asesinara a sus padres", algo que se apoya además en el argumento del informe psiquiátrico al que fue sometido el acusado, en el que se sostuvo que "por su personalidad psicopatológica no tenia la capacidad de matar a nadie".

Hubo otros sospechosos

Mauricio Lopez-Roberts, el amigo de Rafael Escobedo y acusado de encubrimiento, afirmó en una de sus versiones ante el juez la implicación de hasta siete personas en el crimen de los marqueses, entre ellos Juan de la Sierra, hijo de los asesinados; y el administrado de la familia, Diego Martínez Herrera.

De hecho, en la mañana del crimen, la presencia del administrador fue un tanto sospechosa. Diego Martínez Herrera, apareció en la escena del crimen vestido de luto sin que aparentemente supiese nada sobre el doble crimen. En el juicio, Herrera llegó a afirmar que vestía de negro porque era un color ideal para verano y nada que ver con el luto. Pero lo más sospechoso de toda esa situación fue el modo de actuar de Herrera, quien lavó los cadáveres antes de que se realizara la autopsia y quemó documentación que el marqués guardaba en la caja fuerte.

Por si fuese poco, Javier Anastasio, que fue condenado por cómplice del crimen junto con Rafi y escapó a Brasil, de donde no regresaría hasta prescribió el caso, señaló a la revista Vanity Fair lo siguiente: "Estoy absolutamente convencido de que Rafi no disparó. El autor material fue un profesional. El plan y la ejecución tuvieron que ver con un móvil económico a niveles muy altos: la fusión del Banco Urquijo con el Hispano Americano, que el marqués no quería que se llevara a cabo y sus hijos, sí. Y el agujero de miles de millones de pesetas que tenía el banco y que se descubrió más tarde. De ese dinero, que alguien se quedó, parte el armazón de todo esto".

"Pero me parece que la coartada de Juan de la Sierra y del administrador es falsa, que no hubo interés en desmontarla y que, cuando mi abogado lo intentó, la justicia lo evitó. Creo que hubo una mano muy poderosa que los protegió", sentenció.

La depresión única compañera

Lo que si que está claro es que tres décadas después, la verdad sobre el suicidio y lo que ocurrió en el chalet de Somosaguas es más escurridiza que el humo de un cigarro entre las manos. Rafi inició en la cárcel su deterioro como persona, era un 'pijo' que no podía tolerar la dureza de la cárcel, lo que hizo que cayese refugiado en la droga. Todo añadido a las múltiples violaciones que sufrió y algo que lo 'mató' animicamente: el abandono por parte de sus hermanos y de su padre. Realmente, Rafi murió tiempo atrás; su cuerpo es el que murió hace 30 años.
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