15 de diciembre de 2019, 19:07:42
Efemérides

TAL DÍA COMO HOY


El eterno paseo de Valle-Inclán por su estimado Recoletos

Por Carles Martínez

Frente la Biblioteca Nacional, reposa andante y eterno, Ramón María del Valle-Inclán. Peculiar creador de obras históricas y que dibujó un Madrid mágico para que Max Estrella lo recorriese en su ‘Noches de Bohemia’. Ofrecida por el Círculo de Bellas Artes con el sentimiento obligado de honrar la eternidad del escritor y dramaturgo gallego, la figura de bronce esculpida por Francisco Toledo reposa desde 1973 en su típica postura de caminante pausado por el histórico paseo de Recoletos.


Tal día como hoy, un 6 de julio de 1973, fue descubierta una estatua dedicada al escritor y poeta Ramón María del Valle-Inclán en el emblemático paseo de Recoletos, frente a la Biblioteca Nacional y de espaldas al Café Gijón.

La figura realizada en bronce por el escultor Francisco Toledo, es el reflejo tomado de una foto de 1930 en la que Valle-Inclán camina por el paseo, rodeado de árboles, bancos y setos hacia la Plaza de Colón. Representado con su habitual pose andante y con las manos reposadas sobre los glúteos, sujeta el sombrero con su único brazo, pues perdió el brazo izquierdo tras el mal golpe de un bastonazo fruto de una acalorada discusión con el periodista Manuel Bueno Bengoechea.

A la inauguración acudieron diversas figuras políticas como el alcalde Jesús Suevos, el presidente del Círculo de Bellas Artes, Joaquín Calvo Sotelo, el hijo del hierático escritor, el doctor Carlos del Valle-Inclán, además de distintas personalidades de las artes y las letras.

Calvo-Sotelo efectuó el descubrimiento y continuó con unas palabras que cita el diario ABC de esta manera: “El Círculo de Bellas Artes se honra devolviendo a Madrid uno de los más ilustres peatones de cuantos han circulado por sus calles en lo que va de siglo”.

Y es que, es cierto que resulta difícil no tomar una actitud nostálgica al apreciar la solemne figura de Valle-Inclán en el paseo de Recoletos y no preguntarse cómo debió de ser pasear por aquella avenida en los años en los que era común toparse con grandes ilustres de la literatura y las artes reflexionando, conversando o simplemente caminando ávidamente para llegar a casa la hora de comer. Queda la intriga de saber de dónde podía venir o hacia dónde se dirigía el viejo Ramón en aquella fotografía.

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