18 de noviembre de 2019, 21:16:50
Social

ENTREVISTA A CELIA MAYER Y TERESA MALDONADO


"Ser gay y de derechas tiene un punto de contradicción"

Por Javier López Macías

Madrid le pidió el pasado año a París el título de Ciudad del Amor, pero la capital ya tiene su propia nomenclatura: es la ciudad del Orgullo. El World Pride celebrado en 2017 confirmó la facilidad con la que la localidad abraza al colectivo LGTBi, que este año afronta una festividad que espera no verse opacada por la sombra del pasado año. En estas lindes, Madridiario charla con Celia Mayer, delegada del Área de Políticas de Género y Diversidad, y con Teresa Maldonado, directora general de Promoción de la Igualdad y No Discriminación, para intentar entender dónde está el colectivo o hacia dónde va el Orgullo.


Actualmente, el Orgullo es más festivo que reivindicativo. ¿Ha perdido un poco de su esencia?

Celia Mayer: Creo que no, la alegría siempre ha sido una seña del movimiento LGTBi. Es verdad que cada año es más comercial, pero no es lo mismo comercial que alegre. Siempre es reivindicativo, puesto que hay una serie de colectivos que se encargan de poner las reivindicaciones políticas encima de la mesa y que sea alegre no lo contradice.

Teresa Maldonado: Hace cuarenta años había muchas más cosas que conseguir y, ahora, se busca más celebrar lo conseguido. Como metáfora: se lucha mejor en las dictaduras pero se vive mejor en la democracia, y nuestro objetivo es vivir. Ahora es más festivo. Antes éramos cuatro y había más gente mirando que reivindicando, lo que prueba el progreso. Aunque siempre hemos sido muy fiesteras.

Esos derechos conseguidos quizás hayan provocado una falta de justificación del Orgullo. ¿Falta pedagogía para explicar que todavía no se ha conseguido todo?

C.M: Faltan muchas cosas. Se ha producido cierta normalización del colectivo y ahora es 'mainstream', aunque está muy estereotipado. Más que pedagogía, hace falta incidir educativa y socialmente en que se deben complejizar los estereotipos, que enmarcan a las personas LGTBi en un marco que no les corresponde.

T.M: El estereotipo hace mucho daño. Es un cliché donde mezclan un montón de ideas preconcebidas que luego no se cumplen. Los gays, las lesbianas y los trans somos muy diversos. Lo que ocurre es que, aunque se crea que la sociedad va por delante de las leyes, con la temática LGTBi no siempre ha sido así. La sociedad es compleja y falta trabajo por hacer. Sigue habiendo agresiones, mofas... falta mucho trabajo por hacer. La aparición 'mainstream' es un paso adelante pero ahora hay que matizar eso.



En el Orgullo, parece que ciertas empresas potencian el estereotipo dirigiéndose hacia el nicho del hombre blanco que es homosexual pero que no tiene pluma. ¿Cómo se puede combatir? El Orgullo debería ser inclusivo y parece que no lo es. Este año las reivindicaciones son los derechos de las personas trans pero los presentadores son Los Javis y apenas hay un chico trans. ¿Cómo se consigue la ansiada visibilidad?

C.M: Hay diferentes modelos de organizar el Orgullo. Ahora mismo lo organiza mayoritariamente Aegal, que es un conjunto de empresas, y, en parte, grandes organizaciones como Cogam o la Felgtb. Eso tiene proporciones y a mí me parecería más equilibrado que tuvieran más protagonismo las segundas, porque haría que toda la diversidad de la que hablamos se representara mejor y se llevara a otros ámbitos que no sean el comercial. El año pasado, por ejemplo, se hizo una cosa muy importante, que es entrar en lo académico. Ese sí es el camino a seguir, incluir más factores para hacer el Orgullo más diverso.

Por ejemplo, ¿qué actores?

C.M: Ahora, por ejemplo, estamos trabajando mucho con las AMPAS (Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos), que son unidades educativas que están muy preocupadas por la igualdad y por la diversidad. Cuantos más actores se involucren, desde más enfoques se puede abordar la cuestión. Me parecería muy positivo que consideraran que también es una fiesta suya.

T.M: Estoy de acuerdo. Además, añadiría que, en Madrid, el movimiento es súper amplio y súper plural. Hay que tender a una celebración donde convivan distintos aspectos y distintas sensibilidades políticas sobre la condición sexual. Hay organizaciones que, en vez de incluirse o ser aceptados en la normalidad -lo que se llama asimilacionismo-, la cuestionan, la zarandean y la ponen en tela de juicio. Esto es muy sano y es verdad que esa parte organizativa está más fuera. Deberíamos tender hacia algo más amplio y más inclusivo donde hubiera lugar para esas perspectivas, para que fueran arropadas por la institución, aunque muchas no quieren.

Imagino que se refieren al Orgullo Crítico...

T.M: Al Orgullo Crítico, al Orgullo Periférico... Con la LGTBifobia hemos visto la diferencia entre ser homosexual en el centro y en las afueras y por eso su trabajo es de agradecer. Este tipo de perspectivas políticas deben tener su espacio.

Una de las aristas del Orgullo Crítico de este año es la crítica hacia la participación de Netta, la israelí que ganó Eurovisión. ¿Qué punto de vista tiene el Ayuntamiento sobre esto?

C.M: Básicamente, ninguno. Hemos investigado y es un acto de carácter privado que se realiza en un espacio privado por una organización privada. Es evidente que no tenemos ni competencias ni voluntad de regularlo, porque estaríamos hablando de otras épocas. Es cierto que se ha creado un debate muy legítimo con preguntas muy importantes, pero como Ayuntamiento no tenemos nada que decir.

Pero pueden valorarlo...

C.M: Sí, pero, ¿me corresponde a mí valorarlo? Eso forma parte de la libertad de acción. A mí me puede gustar más o menos, pero es irrelevante.

T.M: Es interesante el debate que abre, que es una cuestión que debe hablarse en un espacio público y nosotras tenemos que ser muy comedidas. Otra cosa es que tengamos opinión.



COGAM sigue empeñada en no invitar a Ángel Garrido, presidente de la Comunidad, al Orgullo. ¿Debería ser invitado?

C.M: Tampoco nos corresponde valorarlo.

T.M: Han decidido no hacerlo y, aunque tenemos opinión, es una institución y tenemos que respetar la cortesía institucional.

Y, sin referirnos explícitamente a instituciones, ¿se debería invitar a todos los partidos?

C.M: Eso es otro tema que le corresponde a las organizaciones sociales y al movimiento, no a nosotras. Yo entiendo la lógica por la cual, si tienes una serie de compromisos políticos que no has cumplido, evidentemente los colectivos decidan si participas o no, porque es un espacio exclusivamente suyo. Entiendo la lógica, pero no nos corresponde valorarlo.

T.M: Otra cosa es la consideración sobre cómo la temática LGTBi se ha terminado convirtiendo en un asunto transversal donde todo el mundo se pone la medalla, pero ha habido un recorrido muy largo. Este país tiene una historia muy vinculada al nacionalcatolicismo y la derecha ha sido muy liberal en lo económico y muy conservadurista en lo privado. Entonces, el colectivo ha pasado por muchas dificultades y determinados gobiernos e instituciones que han estado vinculadas a esas medidas ahora tienen su rapapolvo. Estaría bien algún acto de reconocimiento de errores pasados porque no siempre esa reivindicación la ha hecho todo el mundo. Estaría bien reconocer que, en el pasado, hubo opciones políticas que tuvieron una postura que en un pasado bastante reciente no reconocieron estos derechos. Dicho esto, bienvenido todo el mundo. Está fenomenal que todas las instituciones cuelguen la bandera.

¿Tiene que hacer autocrítica la izquierda con el tema LGTBi?

T.M: La izquierda no siempre ha acompañado al movimiento. Es muy similar al feminismo: que el feminismo y la lucha LGTBi se hayan vinculado más a esta opción política no quiere decir que no haya habido ni machismo ni homofobia por su parte. La autocrítica siempre es conveniente para saber de dónde venimos, como cuando la izquierda denostó el feminismo por ser un destructor de la unidad de la clase obrera. Además, aunque la mayoría del colectivo en la Transición era de izquierdas, no todo el mundo lo era. Ser gay, trans o lesbiana no te coloca en una situación política respecto a la distribución de la riqueza. Es verdad que ser gay y de derechas tiene un punto de contradicción, pero la realidad se ha complejizado.

C.M: En este punto, hay dos planos. El más discursivo, el de impulsar políticas públicas donde la izquierda sí ha estado con el movimiento y el plano interno de las organizaciones y la micropolítica. En cómo se distribuyen los roles o cómo se representa el poder sigue habiendo machismo.



Ciudadanos ha intentado buscar su hueco dentro de la lucha LGTBi reivindicando la gestación subrogada. ¿Es un 'caballo de Troya'?

T.M: Es un asunto muy controvertido. El movimiento feminista se ha posicionado de una forma bastante crítica y, por extensión, una buena parte del colectivo LGTBi, también. Eso sí, hay otra parte que no está tan vinculada al feminismo, que tiene que ver con organizaciones de gays que reclaman este derecho. Creo que hay que tener un debate complejo porque entran valores que todo el mundo reivindica como suyos, que son la igualdad y la libertad, y que entran en contradicción. El feminismo y parte del movimiento LGTBi enfatizan en que no hay condiciones de igualdad a la hora de ofrecer a las mujeres la posibilidad de ofrecer su vientre e inciden en la cosificación y la mercantilización que supone. Pero hay otra parte del colectivo, que es donde está Cs, que se vincula mucho más hacia posiciones liberales y que reivindica el 'mi cuerpo es mío'. Yo suscribo la opinión feminista según la cual es una barbaridad ofrecer el vientre de una mujer pero no dejo de ver la contradicción que supone imponerle a otra mujer lo que puede hacer o no. ¿Es un caballo de Troya? Es meter de forma forzada un debate que hay que abordar de forma pausada y leal, sin querer ponerse medallas.

¿Falta en la política local un Pedro Zerolo? Hay personas LGTBi que, quizás porque no lo vean tan necesario, no hacen de su condición una reivindicación.

T.M: A la gente heterosexual no se le exige determinado compromiso con su vida privada. No conocí personalmente a Pedro Zerolo pero es un símbolo para esta ciudad, un luchador incansable. Estaría fenomenal que hubiera muchos y muchas como él. Ahora, juzgar a las personas LGTBi que no reivindican su condición cuando están en la arena pública no es justo. Hay una tendencia a exigir que estén fuera del armario que no está bien. Sí es verdad que aquellas que se han significado nos han hecho la vida mejor, pero no exigiría a la gente que diera la cara. Ahora, Pedro Zerolo, ojalá hubiera más.

Hace un mes que Pedro Sánchez es presidente del Gobierno y, en su equipo, hay dos ministros que son abiertamente homosexuales. Eso sí, si en la rueda de prensa que da para anunciarlo sí que se vanagloria de la cantidad de mujeres que conforman el gabinete, no dice nada sobre Grande-Marlaska y Màxim Huerta.

T.M: Eso habría que preguntárselo a él. Es especular. A lo mejor quiere darle un cariz de normalidad, en el mejor sentido de la palabra.

C.M: Puede ser incluso una decisión personal de los ministros.



¿Se debe el aumento de las denuncias por LGTBifobia a la mayor visibilidad?

C.M: Me gustaría tener muchas más herramientas para medirlo. Las denuncias son mínimas -respecto a los episodios que ocurren- y no existen estudios exhaustivos. Arcópoli, junto al Observatorio, realiza muy buen trabajo, pero nos gustaría tener más base científica. Hay más conciencia pero las dificultades para denunciar siguen siendo altísimas.

T.M: Cabe la sospecha, que habría que ratificar, de que tiene que ver con la mayor visibilidad y la mayor conciencia. Todas las personas que hemos sido insultadas y vilipendiadas ahora sabemos que no tenemos porqué serlo y denunciamos.

Hablando de campañas... ¿Puede que falten campañas de sensibilización de las Enfermedades de Transmisión Sexual como el SIDA?

T.M: Sí, ha habido un relajo institucional. Hubo un pico de preocupación y ahora se ha bajado un poco la guardia. Se dejó de hablar de grupos de riesgo para hablar de prácticas de riesgo, pero aquello se disolvió. Epidemológicamente se ha avanzado, pero no se puede bajar la guardia.

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