3 de agosto de 2020, 11:32:58
Opinión


¿Atocha? ¿Arte?: Atocha

Por Ángel del Río


Las posibilidades de mejora que pueda tener nuestra red de Metro, no pasan por el cambio de nombre de estaciones. En aplicación de la discutida Ley de Memoria Histórica, un día se cambiaron los nombres de estaciones como José Antonio, General Mola, o Palos de Moguer, pero otra cosa es cambiarles el nombre por pura adaptación a la modernidad. Es el caso de la propuesta para que la estación de Metro de Atocha, una de las más antiguas y populares de la red, pase a llamarse estación de Arte, por aquello de que en la zona de influencia están los museos Reina Sofía, Prado, Thyssen o el Jardín Botánico. Así las cosas, la estación de Renfe, que primero fue llamada del Mediodía y después de Atocha, podría pasar a llamarse estación Central, porque se ha convertido en el punto central de la red ferroviaria nacional, sobre todo desde la llegada del AVE.

Eso de quitar el nombre tradicional a un espacio, calle o equipamiento, está bien desde el punto de vista de la adaptación a los nuevos tiempos o de la revisión de una memoria histórica, que a veces es selectiva y partidista hasta el punto de cometer errores históricos, pero no funciona para el lenguaje y conocimiento del día a día, porque la estación se la podrá llamar a partir de ahora del Arte, pero para los usuarios seguirá siendo la estación de Atocha, como sigue siendo Atocha la glorieta, y no del Emperador Carlos V, como pasó a denominarse en su día y sigue llamándose en el callejero oficial, al igual que su vecina plaza de Cánovas del Castillo, a la que los madrileños y los que vienen de fuera siguen conociendo como plaza de Neptuno.

Demuestra esto que cuando los nombres están consolidados en el conocimiento popular, que forman parte de la historia, grande o menuda, de Madrid, resulta difícil la adaptación a las nuevas denominaciones. Cuando alguien diga: “Quedamos en la estación del Arte”, otro le responderá: “¿Y porqué no quedamos, como siempre, en la estación de Atocha?”. Y cuando por megafonía se anuncie: “Próxima estación: Arte”, algún pasajero un poco adormilado en el vagón, se pasará de estación, esperado que le anuncien la de Atocha. Los cambios sólo están justificados para mejorar las cosas, lo demás es meterse en berenjenales.

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