14 de agosto de 2020, 3:04:48
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¿Cómo gestiono la adolescencia de mi hijo/a?

Por MDO

La adolescencia es una etapa del ciclo vital que toda persona atraviesa. Sin embargo, no es algo que afecte únicamente al adolescente, sino a toda la familia. Todos necesitan reorganizarse en esta nueva fase.


En algunas ocasiones, los padres, pueden sentirse bastante confusos, desorientados y sin saber cómo actuar. A continuación abordaremos algunas cuestiones con el objetivo de ayudar a los padres a entender y gestionar de la adolescencia de sus hijos y su papel como padres.

El espacio del adolescente

En la etapa de la adolescencia, es natural que el hijo necesite más espacio, privacidad e independencia.

Gana más peso la unión y la lealtad hacia los amigos de su misma edad. Sin embargo, en esta etapa, los padres están preocupados por nuevas amenazas a las que pueden verse expuestos sus hijos, y que pueden percibirse como mucho más peligrosas que las propias de etapas anteriores.

Lo que más nos preocupa ya no es que el niño pueda romperse un diente o rasparse una rodilla, sino de que tome drogas, se relacione con personas que no nos gustan, etc. Esto puede materializarse en que los padres estén mucho más encima del adolescente, y quieran saber qué hace, con quién habla, dónde va.

Es importante tener en cuenta que es momento de protegerle desde un paso atrás, hacer seguimiento de las actividades que hace sin invadir en exceso el espacio que necesita para sí mismo. Esto no implica, por supuesto, despreocuparnos por completo y dejar al adolescente a su suerte. La idea es estar pendientes, pero no encima, sin sobreproteger.

Para conseguir un equilibrio, una opción es consensuar con el adolescente cómo y cuándo hacer esta supervisión. Los adolescentes necesitan ensayar nuevas formas de conducta, ser autosuficientes, cuestionarse qué cosas son importantes, rebelarse contra la autoridad.

Al permitírselo vamos a transmitirle que él/ella puede hacer cosas por sí mismo/a, que estamos disponibles para ayudarle en aquello que necesite y que confiamos en él o ella.

En cambio, llevar a cabo un excesivo control sobre lo que hace nuestro hijo, físicamente nos mantiene muy cerca pero, ¿y a nivel emocional?, ¿nos acerca o nos aleja?. El adolescente, muy probablemente, va a reivindicar este espacio, y va a pedirnos que nos alejemos un poco, tal vez no de la mejor manera, convirtiéndose en una experiencia dolorosa para los padres. Mejor retroceder un poco permaneciendo disponibles, dejar el espacio necesario y sentar una buena base para gestionar los conflictos que es seguro que van a aparecer.

En todo caso, si no nos sentimos capaces de los conflictos que puedan surgir, lo más conveniente es acudir a un centro de psicología infantil y adolescente en Madrid o en la ciudad en la que residas para conseguir llevar mejor la relación con nuestros hijos.

Gestión de conflictos

En esta etapa surgen conflictos de diferentes tipos y tamaños entre el adolescente y los padres. Es importante que los padres, para afrontar el conflicto de una forma que permita reforzar la relación con el hijo en lugar de debilitarla, estén regulados en su estado emocional. Si esto no es posible en el momento, es preferible retirarse y reflexionar, para presentarse ante el adolescente más tranquilo y con mayor capacidad de reparar la situación.

En este punto también es importante no tener ninguna urgencia diferente a lo que estamos tratando en ese momento, de manera que sea posible escuchar, estar tranquilos y que el hijo sepa que estamos ahí para él. Los padres actúan como modelos de los hijos en muchos aspectos, uno de ellos es la regulación emocional.

No podemos pedir a nuestro hijo que no levante la voz o no se altere si nosotros lo hacemos, puesto que lo esperable es que el adolescente reproduzca el modelo que observa, no el que se le dice con palabras.

Además, al pedirle algo que nosotros no hacemos se va a debilitar la autoridad que nos concede. Si el conflicto se ha generado porque el adolescente ha incumplido alguna de las normas que hemos acordado con él, es importante hacerle ver que este error no ha roto el vínculo con nosotros, sino que es una oportunidad para reajustarnos, reparar y mejorar nuestro vínculo.

Debemos mostrarle que no nos gusta la conducta en concreto, pero que el rechazo no se dirige hacia su persona. Cuando el adolescente va siendo más maduro, una posibilidad es preguntarle qué consecuencia podría aplicarse para mostrar su arrepentimiento por lo sucedido. Debe ser siempre algo ajustado, por lo que los padres van a regular la consecuencia de modo que no sea excesiva ni demasiado nimia.

Diversificar la vida afectiva del adulto

La crianza del hijo ocupa una parte muy importante tanto del tiempo como de la vida afectiva de los padres, y de repente, deben reubicarse. Lo que funcionaba el año pasado ahora ya no.

A medida que el hijo entra en la adolescencia, los padres se van dando cuenta de que ellos ya no son tan indispensables para el hijo como antes y va quedando libre un espacio que antes ocupaba el niño. Los adolescentes quieren hacer cosas por sí mismos, pasar tiempo con otras personas o recluirse en su cuarto cuando están en casa. Se trata de algo propio del desarrollo emocional de toda persona.

Es momento para los padres de ir elaborando el duelo por el niño que se está yendo, dejando paso a un adolescente con nuevas características, unas pueden parecer gratas y otras no tanto. Una parte para gestionar adecuadamente este proceso que viven los padres consiste en diversificar las fuentes que satisfacen sus necesidades afectivas. El hijo no puede atender todas las necesidades emocionales del adulto.

Es necesario cultivar un poco más otras relaciones, que es posible que hayan pasado a un segundo plano durante los años de niñez del hijo, como la relación con la pareja, con otros familiares o con amigos. Si se cubren necesidades afectivas a través de diferentes fuentes, se va a facilitar también la relación con el adolescente al relajar las exigencias afectivas que se tienen con él.

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