15 de diciembre de 2019, 22:16:22
Opinión


Ibuprofeno, panacea contra el dolor del s.XXI

Por Jesús Sánchez Martos


Ibuprofeno se ha convertido desde hace años en el medicamento estrella de todos los botiquines, bolsos, carteras y maletas de viaje, como la mejor solución para el más mínimo dolor, propio o ajeno, porque una gran mayoría de personas no solo lo llevan para su uso particular, sino para “prescribirlo” a quien se queje de cualquier dolor en una reunión, una fiesta, en la playa, en el trabajo, o como tratamiento de una resaca, y siempre por supuesto que con el fin solidario de contribuir a mitigar el dolor, pero sin tener en cuenta que se trata de un medicamento, que como todos, tiene efectos secundarios, contraindicaciones e interacciones con otros fármacos, como por ejemplo los antihipertensivos. Y es que el “riesgo cero” no existe.

Abusamos del Ibuprofeno sin tener en cuenta ni siquiera la dosis que vamos a utilizar. El más utilizado es el de 600 mg, sencillamente porque es el más conocido por todos, mientras olvidamos, porque lo desconocemos, que existe otra formulación de 400 mg, que con mucha frecuencia es suficiente para la mayoría de los dolores cotidianos. No deja de ser curioso que los dos sean financiados por el Sistema Nacional de Salud, lo que significa que se necesita receta para poder adquirirlos, y que sin embargo muchas personas lo consigan “sin receta médica”, cuando deciden pagarlo de su bolsillo. Son muchos los “expertos” que justifican este hecho por la “presión asistencial” a la que está sometido el farmacéutico, pero dejan sin contestar el porqué cuando solicitamos en la farmacia Ibuprofeno de 600 mg, algunos profesionales, afortunadamente no todos, no nos recuerdan que con el de 400 mg es más que suficiente. De todos modos, cuando nos lo aconsejan y preguntamos por el precio, resulta que el de 400 mg es, incomprensiblemente, casi 10 veces más caro que el de 600; entonces…la lógica nos puede hacer pensar que si es más barato el más fuerte, mejor tomar éste.

¿Intereses comerciales, de la industria farmacéutica, tolerancia legislativa? Lo realmente cierto es que existe una “tolerancia”, tanto por parte del legislador como por la de algunos farmacéuticos, que permiten la venta libre y “sin receta” de un medicamento que tiene unas indicaciones muy claras, pero que también tiene riesgos, sobre todo para las mujeres embarazadas en su tercer trimestre, para nuestros mayores, para las personas que padecen alteraciones digestivas, hepáticas, renales, de la coagulación o de la tensión arterial, y estos aspectos deberían conocerlos todos aquellos que utilizan el Ibuprofeno como la “panacea contra el dolor” del Siglo XXI, cuestiones que con frecuencia olvida el “Dr. Google”.

Desde hace años se viene hablando en foros profesionales de la importancia que debe cobrar una “automedicación responsable”, y desde luego que no puedo más que apoyar estas afirmaciones pero recordando la importancia que tienen estos dos términos: “automedicación” y “responsable”. Practicar automedicación sin consejo de un profesional sanitario, con mucha frecuencia resulta peligroso, pero si lleva el apellido de “responsable”, se debe entender que se cuenta con los consejos necesarios por parte del médico, del profesional de enfermería o del farmacéutico, que es quien desde hace años practica con más frecuencia, eficacia y eficiencia el concepto de “atención farmacéutica” como ejemplo de educación para la salud. Y lejos de los debates profesionales e institucionales en relación al tan manido concepto de “prescripción”, como ha ocurrido recientemente con el tema de enfermería, y teniendo presente que el mejor modelo de Sanidad es el que debe centrar sus objetivos en las necesidades de la población sana o enferma, y no solo en los intereses de los profesionales o las instituciones, siempre defenderé que la “prescripción”, o “indicación”, concepto ahora más utilizado, debe estar en manos de los profesionales debidamente capacitados, y desde luego los de enfermería y los farmacéuticos lo están para “indicar” o “prescribir” el uso de Ibuprofeno y otros muchos medicamentos. Y no, no es ni un sueño ni una quimera; es una necesidad que muy pronto se hará realidad y que facilitará que medicamentos como el Ibuprofeno se adquieran y se tomen bajo la prescripción de un farmacéutico, que además de aconsejarnos lo mejor en cada caso, contribuirá a disminuir complicaciones, a mejorar la seguridad del medicamento y a contar con una Sanidad Pública mucho más eficaz y eficiente.

Jesús Sánchez Martos es Catedrático de Educación para la Salud

Universidad Complutense de Madrid

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