21 de julio de 2019, 15:34:45
Cultura y ocio


Cyrano de Bergerac: romanticismo de narices

Por Antonio Castro

Vuelve Cyrano de Bergerac, el héroe romántico de la gran nariz. El nuevo montaje, dirigido por Alberto Castrillo Ferrer se estrena en el teatro Reina Victoria.


Edmond Rostand estrenó este drama en 1897 en París y obtuvo un éxito inmediato. No tardó en llegar a Madrid, donde lo estrenaron Fernando Díaz de Mendoza y María Guerrero, en el teatro Español en febrero de 1899. María, de notable formación francesa, siempre se interesó por las novedades vecinas así que solo pasaron trece meses desde el estreno parisino hasta que llegó a España. Los periódicos de la época dedicaron a la producción gran cantidad de espacio antes y después del estreno. Los empresarios-actores no escatimaron gastos en la producción. Díaz de Mendoza encarnó a Cyrano, su esposa a Roxana y otro noble, Allen-Perkins, al enamorado Christian. En el reparto de esta fastuosa producción figuraban nueve actrices y veintidós actores. La traducción al castellano la realizaron los escritores catalanes Vía, Martí y Tintorer. Se pagaron ocho mil francos al autor por los derechos de representación para España. Por algunos palcos para la noche del estreno se pagaron 250 pesetas.

A lo largo del siglo XX no fueron muchas las producciones que se realizaron de esta obra, seguramente por la complejidad de la misma y sus necesidades personales y materiales. Se recuerdan algunos Cyranos extraordinarios: Manuel Dicenta, Enrique Rambal, Josep María Flotats y Manuel Galiana y José Pedro Carrión.

Ahora el protagonista está encarnado por José Luis Gil, que suele alternar en las últimas temporadas el teatro con la grabación de su popular serie. Su rival en los amores es Alex Gadea mientras que Roxana está encarnada por Ana Ruiz. El resto del reparto lo integran Rocío Calvo, Ricardo Joven, Carlos Heredia y Nacho Rubio. Obviamente estamos ante una adaptación de la larguísima comedia. No están los tiempos para presentar a cuarenta actores sobre un escenario.

Pero queda en pie el dolor de un silencioso enamorado que no duda en poner su pluma al servicio de un joven más agraciado físicamente para que corteje a su amada. Roxana y Cyrano están permanentemente unidos, pero solo al final de la vida del pendenciero espadachín se descubrirán los verdaderos sentimientos.

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