26 de mayo de 2022, 4:41:21
Opinión


En busca del acuerdo: 8 de marzo

Por Beatriz Elorriaga


Siempre he defendido la celebración del Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo y lo he hecho porque me parece una fecha importante y trascendental para la heterogénea sociedad internacional y un marco idóneo para la sensibilización, la prevención y el acuerdo, conceptos imprescindibles para conseguir avances sociales e implicar a todos y cada uno de los que integran, hombres o mujeres, la sociedad civil. Son también fechas que incitan a la reflexión sobre los avances conseguidos y a analizar la situación de las mujeres en el mundo diverso y desigual que nos toca vivir. Obviamente la situación no es la misma para una mujer en España que para una mujer en un país africano o árabe por poner un ejemplo.

Si nos centramos en nuestro país nuestra misión debería ser conseguir consensos y unión para seguir defendiendo nuestros derechos, manifestarnos contra las prácticas contrarias a la igualdad, erradicar las violencias contra las mujeres y lograr la igualdad real. En estos asuntos coincidimos todas entre otras cosas porque, aunque el avance de la mujer ha sido continuo y progresivo en el último siglo, el fenómeno de la violencia contra la mujer no solo no remite sino que aumenta incluso entre los sectores más jóvenes.

Pues bien, en una sociedad como la nuestra con mujeres representadas en todos los sectores, con presidentas de las cámaras de las Cortes Generales, Ministras, escritoras, investigadoras, juristas, presidentas autonómicas, médicas, abogadas y así podría seguir y no encontraría espacio suficiente, contemplamos este año, ya avanzado el siglo XXI, una convocatoria de Huelga feminista cuyos principios están reflejados en un argumentario, elaborado por la comisión creada para el 8 de Marzo, que excluye a más de la mitad de las mujeres españolas, las enfrenta con los hombres y además mantiene un sesgo político más que evidente con un ánimo de generar, en su versión más radical, un claro enfrentamiento entre sexos, en el que los hombres pasan a ser nuestro enemigo a batir y debe ser esclavizados.

Sinceramente, muchas de nosotras no nos identificamos con su definición de la ciudadanía madrileña ni con sus soflamas para “quebrantar la sociedad patriarcal, capitalista, racista, heteronormativa, y depredadora del medio ambiente” que dicen que existe en Madrid; ni nos consideramos víctimas de las violencias institucionales del poder judicial, al que las feministas consideran patriarcal y racista, ni del sector sanitario porque tampoco creemos en la “violencia obstétrica” de la que hablan. El ataque a la religión católica viene también reflejado en su argumentario, en el que se dirigen a la jerarquía católica para que no se entrometa en sus decisiones sobre la sexualidad, su corporalidad y sus proyectos vitales en los que se defiende el Derecho a decidir sobre el propio cuerpo y por tanto se proclama el aborto como un derecho de las mujeres que piden que esté fuera del Código Penal. ¡Aborto libre, seguro y gratuito!

No voy a seguir porque les cansaría pero si les aseguro que con estos argumentos muchas, pero que muchas mujeres, nos sentimos excluidas y no pensamos que para apoyar a las mujeres haya que cesar las políticas liberales, ni destruir el actual sistema sanitario y de investigación médica al que denominan androcéntrico, ni atacar a las creencias religiosas de la mayor parte de los españoles, ni acabar con la libertad de los padres para elegir la educación de sus hijos. Solo admiten una escuela pública y laica.

Cuánto me hubiera gustado llegar a esta fecha con un documento de consenso entre hombres y mujeres de todas las ideologías y creencias que hubiera tenido como meta defender la igualdad de oportunidades, la creación de empleo y la lucha contra todo tipo de violencias hacia las mujeres de todos los sectores siempre priorizando a las más vulnerables: jóvenes, mayores, discapacitadas, inmigrantes o pertenecientes a etnias minoritarias. Mucho más me hubiera gustado, por supuesto, que no tuviéramos la necesidad de celebrar este día porque la igualdad real se hubiera logrado.

Lo que no puedo admitir como persona, ni mucho menos como representante política de un grupo mayoritario en nuestra ciudad, es avalar un documento que además de pretender subvertir el orden, romper nuestro modelo de sociedad occidental, que es la que más ha avanzado en la consecución de derechos y oportunidades para las mujeres, pretende irresponsablemente romper un modelo de sociedad que consigue que seamos el país que está a la cabeza de la Unión Europea en la creación de empleo femenino.

Respeto, por supuesto, a quien quiera unirse a la manifestación y a la huelga, no como otras que no han cesado de insultarme ni increparme en todos los actos a los que he asistido en estos días defendiendo desde la libertad y con ánimo de colaborar, mi posición, mis principios y mis valores, pero no me siento ni valorada ni representada.

Beatriz Elorriaga Pisarik es concejala de Madrid por el Partido Popular, portavoz del Área de Equidad, Derechos Sociales y Empleo y de Políticas de Género y Diversidad

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