18 de octubre de 2019, 6:40:37
Medio Ambiente


Una Casa de Campo para el sureste

Por Lucía Martín

El Consistorio ha anunciado la creación de un corredor ecológico en el sureste, pero no renuncia a las operaciones urbanísticas en El Cañaveral, Los Berrocales y Los Ahijones. Cansados de respirar un aire contaminado por el "elevado tráfico rodado, los vertederos y la incineradora de Valdemingómez", una decena de asociaciones vecinales se han organizado en la Plataforma por una Casa de Campo en el Sureste. Reclaman un gran espacio natural que combata la “degradación” a la que están sometidos: un “gueto de marginación” en el que se vierten los deshechos de la capital que "se verá agravado por el ladrillazo que fomenta Ahora Madrid”.


El Plan Director que organiza las acciones que el Gobierno municipal ejecutará en los Desarrollos del Sureste prevé la construcción de 53.000 viviendas, una drástica reducción con respecto al proyecto inicial. No obstante, una cifra “absolutamente innecesaria” para la demanda existente. “En Madrid hay vivienda y espacio industrial y terciario suficiente, por lo que no hay justificación alguna para que este suelo sea urbanizable”, explica a Madridiario Vicente Pérez, responsable de Urbanismo de la Fravm.

La alternativa para miles de hectáreas que serán edificadas: “un anillo verde” que proteja los espacios naturales existentes y que limpie un aire contaminado por los olores de Valdemingómez, los vertederos de Rivas y el tráfico rodado de la radial 3, la M-40, la M-45 y la M-50”, indica Alfredo Melero, portavoz de la Plataforma por una Casa de Campo en el Sureste. “Somos una zona súper machacada, que recibe todos los deshechos”, se queja.

Por su parte, el Área de Urbanismo del Ayuntamiento asegura a este medio que "desde el principio” el Plan Director contempla la creación de un corredor ecológico en “este espacio degradado medioambientalmente”. Para revertir esta circunstancia, reforzarán la red de espacios libres con dos potentes cuñas verdes en torno al Cerro de Almodóvar y la conexión del parque de la Gavia con el río Manzanares. “Todo gira en torno a esto”, argumentan.

Además, el Consistorio cambiará la clasificación de suelo urbanizable a no urbanizable de protección, en los parajes de los Cantiles del Manzanares, el Cerro de la Herradura y de las minas de sepiolita, con una superficie aproximada de 650 hectáreas. Eso sí, de momento no se han concretado fechas para acometer estos proyectos.

Sin embargo, lo que la Plataforma por una Casa de Campo en el Sureste reclama es más ambicioso que esta propuesta. “Un corredor ecológico va más allá de un par de carriles bici”, afirma el portavoz. En la misma línea se pronuncia el responsable de urbanismo de la Fravm: “en su día plantearon la ampliación de un pinar cercano al cerro, pero nosotros pedimos algo más serio”.

Los desarrollos, próximos “guetos de marginación”

La Plataforma está respaldada por una decena de asociaciones vecinales y grupos políticos de los barrios de Valdebernardo, Santa Eugenia, los Pinos de San Agustín y Alto del Arenal, así como de los municipios colindantes de Rivas Vaciamadrid, San Fernando de Henares, Velilla de San Antonio y Coslada. El mensaje que lanzan al Consistorio es claro: “No queremos ser un foco de contaminación atmosférica porque estén alentando una nueva burbuja inmobiliaria”.

Y es que los residentes en los distritos y localidades afectadas se preguntan a quién beneficia la macro operación urbanística aprobada en el sureste, en detrimento de la preservación de un espacio en el que se asientan importantes activos naturales como el arroyo de los Migueles, el yacimiento del Paleolítico en los Ahijones o los Candiles del Manzanares. “La mayoría de los terrenos se los quedaron los bancos cuando quebraron las promotoras al inicio de la crisis”, explica Melero.

No obstante, el Ayuntamiento de Madrid también es propietario de un pequeño porcentaje. Por ello, la concentración de vivienda social preocupa también a los habitantes del sureste: “No queremos convertirnos en guetos de marginación sin políticas de integración”. Además, esperan que no se materialice el pensamiento que les ronda en la cabeza desde hace tiempo: el realojo de las familias que viven en la Cañada Real en sus barrios cuando sea desalojado este “nuevo tramo que será objeto de especulación”.

Empujados hacia el transporte privado

Pero esto no es lo único que quieren combatir los vecinos instalando una Casa de Campo en el sureste. Son críticos con el modelo de construcción de nuevos barrios como el Ensanche de Vallecas, donde "hace falta coger el coche para comprar una barra de pan" y no quieren que ocurra lo mismo en la "operación descomunal" proyectada en desarrollos como Los Berrocales y Los Ahijones.

Aseguran que los niveles de partículas en suspensión de la zona son de los más altos en la capital, como en otros distritos periféricos. Así lo registraba la antigua estación de medición de Santa Eugenia, cerrada en la pasada legislatura, con Ana Botella al frente. "No les interesa volver a ponerla", comenta el portavoz de la plataforma, quien ve incongruencias en la política anticontaminación de la Alcaldía. El transporte público presenta deficiencias en barrios como El Cañaveral y el uso del vehículo privado es prácticamente inevitable. "Van en dirección contraria a us propios protocolos", indica.

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