17 de octubre de 2019, 15:52:05
Cultura y ocio


Una vida americana: Tennessee pasado por Tetuán

Por Antonio Castro

Cuatro años después de su primer estreno en Madrid, la dramaturga murciana Lucía Carballal se confirma como una de las autoras más interesantes con su nueva obra Una vida americana.


En 2014 Carballal estrenó en la desaparecida sala Kubik su pieza Mejor historia que la nuestra. En 2016 el CDN le dio la oportunidad de estrenar en el María Guerrero Los temporales. Ahora se presenta en el teatro Galileo con una obra redonda titulada Una vida americana.

Paloma, una mujer madura, viaja a Minnesota con sus dos jóvenes hijas -Robin y Linda- para reencontrarse con el padre de las chicas. Él las abandonó para regresar a EE. UU. cuando ellas eran muy pequeñas. Las tres mujeres viven en el madrileño barrio de Tetuán, un mosaico de nacionalidades y de costumbres. El reencuentro está previsto en un parque nacional, pero la cita no sale como se había previsto.

Estamos ante un texto estupendamente escrito y con unos personajes entrañables, cercanos y bien dibujados. Las tres mujeres son cualquier cosa menos convencionales y, a partir de ahí, comienza la originalidad de la autora. La madre se transformado en lesbiana, la hija mayor tiene graves problemas sicológicos y la pequeña ha decidido que pertenece a un género neutro. Pero la autora las trata con absoluta normalidad, no las presenta como atracciones de feria. Cada una tiene sus problemas, básicamente la soledad y el desamor, y necesita de las demás para seguir viviendo. La nostalgia del padre ausente es una utopía que solo puede llevarlas al reconocimiento de sus debilidades. Podríamos estar ante un drama furibundo. Sin embargo, Lucía Carballal hace uso de un humor corrosivo que arranca las carcajadas del público que, seguramente, empatiza inmediatamente con las protagonistas. Ellas se quieren y se apoyan, a pesar de las discusiones. No podemos obviar otro acierto dramático como es la introducción del judaísmo en uno de los personajes. Decidida a no ser complaciente, pero tampoco, caustica, coloca varias referencias y escenas auténticamente divertidas. Como la del Sabbath (como una Nochevieja, pero todos los viernes del año…)

Víctor Sánchez Rodríguez, que ya nos llamó la atención con Iván y los perros, dirige con un gran sentido de los tiempos esta obra. Apura al máximo las situaciones, dramáticas o humorísticas, sin llegar a la exageración. Cada escena tiene su punto exacto de sentimiento. Sitúa la acción en una atmósfera un tanto irreal, onírica, hasta el punto de hacernos dudar de si, todo lo que vemos, es real o asistimos a una ensoñación.

Cristina Marcos es Paloma, la madre. Un personaje formidable que bebe de Blanche Dubois y Amanda Wingfield, dos de las grandes mujeres de Tennessee Williams. Paloma es del madrileño Tetuán, pero podría ser de New Jersey. La actriz hace un trabajo extraordinario, medido, sin aspavientos, con un eficacísimo olfato para colocar los chistes con absoluta naturalidad. Los grandes cómicos españoles saben que para hacer reír no deben intentar hacer gracia sino colocar las frases graciosas con absoluta naturalidad. Cristina Marcos llega a un punto de madurez artística que le permite afrontar grandes papeles.

Los cuatro intérpretes están perfectos. Vicky Luego y Esther Isla son las dos hijas y ambas actrices deben componer dos tipos con mucho peligro de caer en estereotipos. Tanto Esther como la atormentada Linda, como Vicky en su transgénero, asumen las personalidades con precisión y talento.

No hemos hablado hasta ahora del único hombre de la función, el novio de Linda que sigue a las tres mujeres. César Camino lo encarna con una ternura y un desamparo enternecedores. Él es elemento extraño en ese mundo femenino, que no acaba de entender, pero al que está encadenado por el amor. Será, al final, el gran perdedor, el auténtico fracasado.

Una vida americana es una grata sorpresa en la cartelera madrileña. Hay que cita a La Zona, la productora privada que da la oportunidad a una nueva autora de realizar un montaje profesional y dentro del llamado circuito comercial. Artísticamente han acertado con la apuesta y merecen que el público respalde su aventura.

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