22 de octubre de 2021, 16:20:26
Opinión


Blanco y negro

Por Antonio Muñoz


En el lunes 8 de Enero de 2018, lunes que habrá emergido como el verdadero inicio de año, muchos automovilistas habrán pasado directamente del atasco en la nieve al atasco en la ciudad. Una forma como otra cualquiera de empezar a pasar las hojas del calendario. Superadas estas fiestas tan denostadas por unos y tan queridas por otros, ya tenemos la primera bronca del año en espera de las broncas venideras que no tardarán en llegar. Parecíamos estar tan huérfanos de ellas durante estos días que hemos aprovechado la primera nevada en condiciones para montarla. No hay manera de que nieve en España sin que se abra una crisis de Estado. Como si no hubiéramos tenido suficiente. Tampoco hay que extrañarse porque no ha sido la primera. Ya Rajoy pidió dimisiones, la de la ministra de Fomento en 2009, por algo parecido. Los ministros de Fomento tienden a tropezar en la misma nevada. Entonces Rajoy pidió “respeto para los ciudadanos”. Por lo visto, no se nos da bien combatir los excesos de la meteorología. Nos pillan incluso abriendo los regalos de los Reyes Magos. Se libraron por horas y se han prometido que en la próxima cabalgata vendrán en quitanieves. Aunque sea verdad –y frecuente- que la chapuza nacional se sostenga en la incompetencia, la desidia, y hasta la modorra de las instituciones y sus responsables también lo de los propios ciudadanos tan acostumbrados a esa misma improvisación que tanto criticamos pero que también en ocasiones imitamos. Todo el mundo sabía que podía nevar, menos -al parecer- muchos de los que a pesar de eso optaron por coger el coche en el peor momento y sin el avituallamiento necesario. Al margen de las responsabilidades de los que no informaron de manera adecuada o simplemente no acudieron a hacer bien su trabajo, existe una actitud muy nuestra de echarle siempre toda la culpa a los demás, incluso aunque ésta aparezca repartida. Aun así, no está justificado el castigo. Aun equivocados, esos ciudadanos, como habría de decir otra vez Rajoy, merecían ser socorridos sin tanta demora y más si han pagado un peaje. La mejor manera de respetarlos. En fin, a ver cuando llega el día en que tengamos la nevada en paz.

Fuera de nuestras fronteras, en Estados Unidos, también cae la nieve y de qué manera y quizá por la fuerza de la costumbre no se montan estos jaleos. Debe ser que es más fácil defenderse de temperaturas por debajo de los treinta grados. O que discuten de otra manera. Caía también la nieve allí hace un año, ya pronto, cuando tuvieron bronca los artistas de Hollywood con su presidente casi recién puesto y esos ecos todavía han llegado hasta estos Globos de Oro en cuya ceremonia las mujeres han vestido de negro. Lo han hecho para espantar la negra sombra de un viejo asiduo al festejo, un individuo pernicioso que también ejercía el poder en el gremio. Alguien de feo nombre ya indigno de ser escrito, símbolo de uno de los mayores males de este mundo como es el de la violencia contra las mujeres. No habrá sociedad sana y libre mientras exista. Por desgracia, aquí despedimos este año aciago con la terrible certeza de que el asesino de Diana Quer le ponía finalmente un broche siniestro y triste. Y con ese broche seguimos de luto.

A pesar de todo, ya apagadas las luces festivas, en el silencio gélido de las calles que aguardan el bullicio de siempre, queda un poso de cierta nostalgia por esa pequeña tregua de las navidades. Tregua frágil como la de las trincheras, también en esta época, en otros tiempos, cuando paraban los tiros y sonaban villancicos. Quizá no sea una nostalgia por estas navidades, las navidades ya pasadas como las que acudió a revivir Scrooge, sino por las navidades en general; la de nuestras infancias cuando se vivían con la plenitud de la inocencia. Una nostalgia apenas viva, pero que parece palpitar más allá de nuestra voluntad y más allá de estas fechas con la esperanza de que alcancemos algo mejor. Que su fuerza nos acompañe en este nuevo camino que emprendemos. Aunque caigan copos de punta.

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