6 de diciembre de 2021, 15:58:17
Educación


Javier Gomá: "Un profesor es una gran fuente de influencia"

Por MDO

La cultura del “sé tú mismo”, según la teoría de Gomá, nos libera de un todo sospechoso, y sospechando de la autoridad, la política o la escuela crecemos corriendo el peligro de “to be or not to be” en una sociedad llena de otros. La cuestión, ciertamente infinita, nos hace olvidarnos de que, ante todo, somos para los demás. Y precisamente en esa ejemplaridad fluyeron las palabras del filósofo ante las preguntas de Emilio Díaz, responsable de Comunicación y Relaciones Institucionales de ECM. Reproducimos esta interesante entrevista, publicada en la revista número de 75 de Escuelas Católicas, de forma íntegra.


Empecemos por el principio… Defíname “ejemplaridad”

Aquel comportamiento que, si se generaliza al todo social, hace a la sociedad mejor.

¿Es la escuela ejemplar? ¿Debe serlo? ¿O le corresponde a la familia ese papel?

Planteas un tema que admite abrirse a los grandes problemas de la cultura contemporánea. Mi primera tesis es que no es que debamos ser ejemplares, es que no tenemos más remedio, porque no existe desde el punto de vista moral la vida privada. Uno no puede elegir el estilo de vida que prefiera, puesto que la teoría de la ejemplaridad te enseña que tu ejemplo siempre produce un impacto positivo o negativo en tu círculo de influencias. Con lo cual, no es que seamos o no seamos ejemplo, es que lo somos aunque no queramos. Si tú eres consciente de eso, nace en tu conciencia un imperativo y es que tu ejemplo produzca un efecto virtuoso.

Pero da la impresión de que actualmente no es fácil predicar con el ejemplo…

Si esto ha sido siempre así, ahora en esta última fase de la cultura lo es más aún, puesto que está caracterizada por un cuestionamiento del principio de autoridad. Suelo poner el ejemplo del padre; durante milenios había que obedecer al padre y hacerlo tenía a su favor una fuerza económica, social, moral y religiosa que favorecía esa obediencia. Algo ha ocurrido en la cultura contemporánea para que ese principio de autoridad sea cuestionado. Esto significa que hoy ser padre no es un hecho biológico, sino una función ética que exige una legitimidad en su ejercicio. De este modo, la ejemplaridad se convierte en fundamental. Y esto ocurre con la paternidad, la política, la escuela…

“La escuela no
debería ser tanto
el lugar en el que
principalmente
se transmiten
conocimientos,
como un sitio
en el que se
transmite amor
al conocimiento”

En ese sentido, ¿el profesor también ha de ser más ejemplar que cualquier otro ciudadano?

Un profesor es una gran fuente de influencia. Suelo decir que los políticos no tienen una responsabilidad distinta a los demás, pero al ser mayor su círculo de influencia, esa responsabilidad es más intensa. Lo mismo ocurre con el profesor.

¿Qué tenemos que esperar de la escuela?

Creo que la escuela debería tener dos funciones. La primera es proporcionar una formación que, complementada con estudios posteriores, convierta al alumno en un buen profesional: alguien que aprende las reglas de un oficio con las que legítimamente se gana la vida. La segunda es que, además de profesionales, debe crear ciudadanos: aquellos que tienen conciencia de su propia dignidad. Me gusta definir la dignidad como aquella que estorba, precisamente a la rentabilidad, a la eficacia, a lo que tiene precio; que resiste a todo…

¿Y cómo debería ser esa escuela que forme equilibradamente profesionales y ciudadanos?

La escuela no debería ser tanto el lugar en el que principalmente se transmiten conocimientos, como un sitio en el que se transmite amor al conocimiento. ¿Es pensable que un chico vaya a cambiar su vida porque durante un año tenga unas píldoras de una determinada disciplina? No. Lo que realmente sería un tesoro es transmitir el amor hacia un conocimiento. Y el profesor ideal es aquel que tiene una llama de amor a su asignatura y lo que transmite es amor.

Sin embargo, algo que parece sencillo, resulta cada vez más complicado…

España en los años 70, 80 y 90 entró en una fase cuyo primer objetivo no era tanto la calidad como la universalidad; intentar que todo el mundo se escolarizase. Sabemos, además, que los profesores no están bien retribuidos, están absorbidos por una burocracia enorme, no tienen prestigio social… La cultura de los tres últimos siglos ha sido de liberación y por tanto ha cuestionado la autoridad. Cuando el niño ha interiorizado todo ese programa libertario -muchas veces apoyado por los padres que consideran que cualquier mínima corrección de la autoridad docente es inaceptable-, llega a la escuela y ve en la estructura escolar algo sospechoso, algo que les va a intentar adoctrinar… porque hay que ser libre, auténtico, sincero -valores de la liberación-. Y esta idea está latente en la televisión, en la publicidad, o en los videojuegos… En consecuencia, el profesor es mirado como un elemento de dominación que cuestiona esos valores. Es una situación tan compleja que no me extraña que sea un problema de difícil solución.

¿La ejemplaridad la llevamos dentro o la educamos?

La educamos, sin duda ninguna. Un elemento totalmente persuasivo es el entorno. Si tú tienes cerca de ti una persona virtuosa, necesariamente te abre el juicio, preguntándote, tú por qué no. Por eso la ejemplaridad es inherente a una cierta conflictividad, porque si tú no quieres cambiar tu vida, ya que ser ejemplar conlleva costes personales, no te queda más remedio que destruir el ejemplo virtuoso. Por tanto, el entorno es determinante, aunque luego está la “lotería genética” que conlleva una educación del corazón que fomenta un comportamiento, no por el qué dirán, ni por la sanción, sino por el estilo de cada uno.

¿Cuál es el papel de los padres en esa educación de la ejemplaridad?

Los padres no somos conscientes del impacto psicológico que tenemos en el niño. Si antes hablábamos de que no hay nada exento de la influencia del ejemplo, en el caso de los padres eso se multiplica por mil, porque contribuyen a la configuración de la conciencia del hijo y a su actitud respecto al mundo. ¿Qué sabor te produce a ti la vida, antes de tener conocimiento de ello? ¿Es un lugar hostil o digno de confianza? Eso te lo dan tus padres y condiciona toda tu vida. De hecho, hay una desarmonía entre esa inmensa influencia y la asunción de que cada uno somos dueños de nuestra vida.

¿Dónde se hace patente esa desarmonía?

Por ejemplo, cuando dos padres se divorcian. No hay nada reprochable en el divorcio, pero indudablemente producen un perjuicio en el hijo.

Una última pregunta, casi obligada, asignatura de Filosofía, ¿sí o no?

Más que una respuesta de sí o no, yo lo veo como un indicio. Por un lado, estimo que una hora o dos de clase de Filosofía no son decisivas, en mi caso no lo fueron. Por otro, suprimirla me parece una señal de que la profesionalización -una de las dos funciones de la Educación que antes mencionaba- está colonizándolo todo, de manera que la escuela se convierte solo en la creación de profesionales prácticos, con olvido de la dimensión cívica.

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