25 de agosto de 2019, 6:56:36
Sucesos


Los 'tedax' de las bandas latinas

Por Javier García Martín

Desde el surgimiento de las bandas latinas, los psicólogos que trabajan en centros de menores infractores de la Comunidad de Madrid han mejorado el conocimiento sobre los mecanismos mentales que llevan a adolescentes inocuos a convertirse en asesinos. Madridiario charla con tres expertos para descubrir cómo se les 'desactiva' y se trabaja para reinsertarles.


Primero llega su madre. De lo que saca trabajando en Madrid le envía una parte a República Dominicana, donde se ha quedado con los abuelos. Allí, el puñado de euros da para vivir y comprar zapatillas de marca o fardar de chándal. Poco después, él -llamémosle Carlos-, es el que llega a España. Está a unos meses de ingresar en un centro de menores.

Al poco de aterrizar, descubre que el maná en el que se había imaginado que nadaba su madre tiene la forma de un empleo precario de sol a sol, de un piso compartido con otros inmigrantes y de unos compañeros de clase que se ríen de sus expresiones de aldea caribeña. De camino a casa, Carlos siempre pasa por un mismo parque y llama la atención de un grupo de chavales de su edad, que saben que está solo y que eso le da miedo. Al principio, unas miradas. Luego, un par de saludos tirando hacia arriba la barbilla. Más tarde, que "qué cara llevas hoy", que si "a ti te pasa algo". Y la pregunta clave, la que hace mucho que nadie le lanza: "¿cómo te sientes?". Al cabo de unas semanas, ese grupo de chavales se compromete a dar un escarmiento a los que se burlan de él.

A cambio de la camaradería, de dejarle por primera vez ser parte de un grupo en este país, debe pagar la cuota de la banda. Unos 30 euros al mes que tiene que entregar al tesorero, el que tiene una hucha "para los hermanitos y sus familias", le dice. Sin dinero, o roba o tendrá problemas fuera y, ahora también, dentro del parque. Elige lo primero. Mientras se hunde en el colegio, promociona ante sus compañeros de clan urbano. Atraca tiendas o a miembros del grupo rival. Se crece. Gana respeto y ahora es él el que capta a otros. Deja su casa, un tiempo, para ir a un piso abandonado donde coquetea con la droga. Su aspiración en la vida es ser como el jefe, un chico de 19 años que no estudia ni trabaja pero va a la última, tiene otro por cadenas y toda una jerarquía a sus pies. Un día, en su carrera hacia la cúspide, pasa "lo que pasa", el eufemismo de la jerga que nombra el peor crimen. Que ha matado a otro chaval.

Los nuevos perfiles 'latinos': chicas, árabes y españoles

Para la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMI), el caso de Carlos es el prototipo de miembro de banda latina. De las 442 personas que pasaron por sus seis centros el año pasado tras cometer un delito -no todos tan graves-, un tercio había tenido contacto con alguna.

Aunque el modelo ha cambiado. A día de hoy, los expertos codifican las bandas como simples "grupos violentos" en los que la ideología y los ritos se han vuelto testimoniales, indica Luis González, responsable del Área de Estudios, Programas y Formación de la Agencia. De hecho, sorprenden los nuevos perfiles: cada vez, son más jóvenes -entran hasta con 11 años-, hay más chicas y su procedencia cruza hasta este lado del Atlántico -también se suman españoles, árabes o europeos del Este-.

"Ellos hablan de la familia de la calle"

"Hay dos factores de riesgo: la vulnerabilidad y el caos escolar", sintetiza Mayte García, técnico del Área de Estudios, Programas y Formación. Ella es una de los trabajadores de la región especializados en reeducar a estos explosivos menores infractores procedentes de bandas, una tarea de artificiero. "Al no tener supervisión adulta, los chavales pueden pasar más tiempo fuera del aula y acabar en contacto con estos grupos", agrega. "Además, sus familias no están. Ellos siempre hablan de la familia de la calle", apunta Inmaculada Montes, psicóloga del centro de ejecución de medidas judiciales 'Teresa de Calcuta', en Brea de Tajo.

Desde que comenzara a aparecer el fenómeno de las bandas latinas en la región hacia 2004, los psicólogos reconocen que, como el modelo, el abordaje también ha variado. A base de experiencia, los trabajadores de los centros se han especializado en conocer su funcionamiento, en detectar los factores que hay tras estas radicalizaciones urbanas y en cómo 'desactivar' a sus adolescentes miembros. "A su entrada en el grupo, el desarrollo de la identidad personal del niño pasa a hacerse en función de la banda. Nuestro objetivo es que haya un conflicto de identidades", explica Montes. Un conflicto, añade, para "recuperar" al individuo.


Los datos de la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor de la Comunidad de Madrid (ARRMI)

  • Presupuesto para 2017: 37,7 millones de euros
  • Seis centros de ejecución de medidas judiciales
  • 244 plazas disponibles. A 1 de octubre, están ocupadas 237, el 70 por ciento en régimen semiabierto.
  • En 2016, la ARRMI atendió a 2.498 menores y jóvenes, en ejecución de 3.015 medidas judiciales, el 22.92 % de ellas de internamiento. La tasa de reinserción lograda es del 90%.
  • Claro predominio masculino (86,92%) frente al femenino (13,08%).
  • El 62,03% de los menores son de nacionalidad española. También hay menores iberoamericanos, marroquíes, rumanos y de otras nacionalidades (Polonia, Argelia, Afganistán, Kazajstán, Camerún, Senegal, Angola, Ucrania y Bulgaria).
  • Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) relativos a 2016 (últimos datos disponibles), la Comunidad de Madrid es la comunidad autónoma con la tasa más baja de menores condenados y de infracciones penales cometidas por cada 1.000 habitantes de 14 a 17 años.

Provocar el conflicto

Para ello, los psicólogos trabajan la cooperación y evitan propuestas competitivas. "Durante su paso por las bandas se produce un efecto de despersonalización. Trabajamos para personalizar al otro, para hacerles ver que, además de DDP -Dominican Don't Play- o trinitario, todos son adolescentes con los mismos problemas", relata la psicóloga.

"En la convivencia durante la privación de libertad, se dan cuenta de que la única diferencia entre ser de un grupo u otro es su barrio o el del colegio al que van. No hay una ideología o un adoctrinamiento. Lo que les mueve es solo la búsqueda de una red de apoyo", destaca García sobre el perfil mayoritario que acaba con sus huesos en los centros.

La empatía, la formación en oficios, el control de las emociones o la resolución pacífica de conflictos son las herramientas que utilizan con estos menores infractores. También, cuando lo permiten los regímenes semiabiertos, que empiecen a participar en grupos de voluntariado. "Ahí vuelven a sentirse importantes. Una vez, llevamos a un chico a trabajar con la Cruz Roja a un poblado chabolista de las afueras. Nos dijo que solo había visto unas miradas de admiración así una vez en su vida: cuando estaba en su banda", explica García.

Delitos de terroristas

"Es necesario que admitan ante sus padres que han matado"

Tras meses o años de trabajo diario, los psicólogos consiguen abrir en la muchos casos una brecha en el muro. Para estos trabajadores, no hay fracasos, aunque el tiempo del internamiento sea corto y salgan sin que hayan revisado su pasado. Sembrarles la duda ya es un anticuerpo. "Cuando entran no se sienten nada identificados con grupos muy parecidos como los terroristas, que matan por una ideología. Pero, poco a poco, empiezan a ver que su delito es el mismo", agrega.

Porque estos niños y adolescentes no hablan de asesinato, por ejemplo. "Tardan en tomar conciencia de lo que han hecho", explica. Por eso, uno de los hitos de su proceso de reinserción es precisamente ese, cuando admiten lo hecho ante sus padres. En sus casas, en la mayoría de los casos, se aferran a la duda de lo que no vieron y prefieren creer que estaban en el lugar equivocado cuando llegó la Policía. "Es un momento muy difícil cuando por primera vez escuchan que su hijo ha matado", añade García.

Romper el círculo de la violencia -inmunizarles para que a su salida del centro vuelvan a caer-, supone siempre un alivio. "El objetivo es violencia cero, que se inhiban para 'correr' -la expresión que usan para machetear a otros- y que, si mantienen el contacto con el grupo, sea para jugar al fútbol o ir al cine", añade Montes. Carlos cumple su medida. Se ha creado enemigos y ahora sabe que pasará el resto de su vida mirando atrás.

Madridiario.  Todos los derechos reservados.  ®2019   |  www.madridiario.es