13 de diciembre de 2019, 23:07:15
Opinión


Los presupuestos generales de Madrid huelen a rancio

Por Jaime Cedrún


Hace pocas semanas, fundamentalmente en el Metro madrileño, brotaron sendas campañas propagandísticas del PP regional y de su socio gubernamental, Ciudadanos. Cristina Cifuentes e Ignacio Aguado, cada uno por su parte, le ponían cara a esas campañas, inauditas por partida doble. Cada cual, vendiendo la piel del oso antes de cazarla, intentaban capitalizar populistas iniciativas de unos presupuestos generales de la Comunidad de Madrid que ni están debatidos, ni están aprobados. Parece, eso sí, que la campaña ha sido pagada por sus partidos como si en campaña electoral nos encontrásemos. Esperemos que la ecuación tan utilizada en tiempos de Esperanza Aguirre: más propaganda, menos democracia, abandone definitivamente nuestra región.

No hace falta ser muy avispado para saber que el próximo 21 de diciembre el monotema catalán tendrá punto álgido con las elecciones y que el 22 no habrá otra cosa que resultados electorales y lotería de Navidad. Esos dos días, 21 y 22 de diciembre, son las jornadas en las que tendrán lugar el debate y la votación de los presupuestos regionales. El debate y la votación más importantes de cualquier territorio, en este caso Madrid, quedará invisibilizado una vez más.

Una vez más, el futuro de las condiciones laborales, económicas y de vida de Madrid, la verdadera vertebración de un territorio, pasará como un mero trámite administrativo que intentará capitalizar la derecha política con medidas más populistas que efectivas. El anteproyecto de presupuestos para 2018, presentado por Cristina Cifuentes con el “nihil obstat” de Ciudadanos, evidencia que en la Comunidad de Madrid continuarán los regalos fiscales y se incrementará el endeudamiento.

El presupuesto alcanza los 19.331 millones de euros, lo que supone un incremento de 793 millones con respecto al pasado año. Es decir, un aumento del 4,28 por ciento que sin duda dan un carácter de expansivos a este proyecto presupuestario. Cifras que hay que enmarcar en un escenario de crecimiento de la riqueza, del PIB regional, por encima del 3,4 por ciento. Esto implica que Madrid está por encima de los valores macroeconómicos anteriores a la crisis. No así en las penurias del día a día de una mayoría de personas.

Son 414.800 las personas desempleadas en la región, casi 200.000 mil más que en 2008. A ello hay que añadir que la salida de la crisis se realiza en las empresas, y también en las Administraciones Públicas, precarizando las contrataciones y con una pérdida de poder adquisitivo de los salarios escandalosa. La devaluación salarial alcanza el 20 por ciento de media desde 2008, lo que ha llevado a 617.000 personas a obtener un salario inferior al Salario Mínimo Interprofesional.

El neoliberalismo que ha caracterizado a los Gobiernos regionales y aún no corregido, ha llevado a un crecimiento indignante de la pobreza. Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística indican que casi el 21,7 por ciento de la población, casi 1,4 millones de personas, está en riesgo de pobreza. De ellas, 400.000 personas sufren pobreza severa. Con este panorama, el Gobierno regional solo ha presupuestado nueve millones de euros más que en el ejercicio anterior (169 millones anuales) para la Renta Mínima de Inserción (RMI), con el objetivo de atender a 32.000 familias. Un esfuerza escaso en una región que tiene un nivel de riqueza que permite aspirar a terminar con la lacra de la pobreza y la exclusión.

Preocupaciones fundamentales para la mayoría como son la sanidad, la educación y el transporte no cumplen ni de lejos las necesidades. Este presupuesto no va a solventar la situación de 82.758 pacientes en espera de intervención quirúrgica, de los que un 26 por ciento sufren esperas superiores a los 90 días. Recuerdo que en Sanidad el incremento es de 235 millones de euros, sin embargo, el Servicio Madrileño de Salud (SERMAS) presenta una estimación de gasto de 264 millones por debajo de lo gastado realmente en 2016, el último año liquidado.

Por el contrario, pero siguiendo la estela neoliberal, los mayores incrementos se destinan a hospitales externalizados, un 7,7 por ciento d media, mientras que los públicos crecen de media un 3 por ciento y la primaria apenas un 2,5 por ciento, menos de la media de la Consejería que es un 3 por ciento.

También las cuentas de la región inciden en la privatización de la educación, que supone ya el 19 por ciento del total presupuestado mientras somos conscientes del desastroso inicio de curso porque apenas se ha ejecutado el 50 por ciento de los 66,77 por ciento de lo presupuestado el pasado año. Más de diez mil alumnos y alumnas han comenzado el curso en centros en obras, cuando no, en barracones, y mil de ellos, desplazados a otros centros educativos. Es urgente un verdadero plan de inversiones para superar esta vergüenza de todos los inicios de curso, garantizar la oferta pública para toda la población escolar, disminuir las ratios,... Y es imperdonable que todavía el Gobierno regional mantenga en el congelador y no lo vuelque en presupuestos el Acuerdo Sectorial, firmado con los sindicatos, que contiene un incremento neto de 2800 nuevos docentes.

Y mientras se anuncian inversiones en materia de transporte por valor de 112 millones de euros, para conservación de carreteras y ampliación de Metro, sólo el canon de la M-45 tendrá un coste en 2017 de 204 millones de euros, en un alarde de discalculia gubernamental.

Con este panorama, respecto a los ingresos, los impuestos estatales (IRPF, IVA, matriculaciones…) crecen casi un 12 por ciento, mientras que los regionales (sucesiones, patrimonio…), no llegan al 1,2 por ciento. Esta ideología neoliberal del Gobierno ha llevado a que la región haya dejado de ingresar más de 36.000 millones de euros en quince años, el equivalente a dos presupuestos regionales. Mientras el principio de solidaridad desaparece en la región, PP y Ciudadanos lanzan la cortina de humo de las deducciones por nacimiento y alquiler de vivienda en IRPF, que apenas tienen incidencia para la mayoría.

Paralelamente, el Gobierno incrementa su deuda pública, que al finalizar 2018, alcanzará los 36.000 millones de euros. Hay que cambiar el rumbo de las cuentas madrileñas. Hay que recuperar la calidad de los servicios públicos y es imprescindible potenciar políticas sociales y de garantía de rentas para eliminar la desigualdad.

No es demagogia, hay que vertebrar el territorio madrileño con solidaridad, con una reforma fiscal según la cual paguen quienes más tienen y con unos presupuestos racionales, exentos de propaganda partidista. El presupuesto para 2018, envuelto en el papel de lo novedosos, huele a rancio.

Jaime Cedrún
Secretario general de CCOO de Madrid

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