15 de septiembre de 2019, 22:25:40
Política


La ilusión se llama Juan Lobato

Por Javier García Martín

Con 32 años, el alcalde de Soto del Real sorprendió a muchos cuando dijo que quería ser, también, secretario general del PSOE-M. Desde que anunciara su candidatura para las primarias, ha conseguido el apoyo de otros jóvenes regidores de pequeñas localidades y que muchos militantes sientan curiosidad por su perfil, menos bisoño de lo que parece. Pese a las ganas, sus posibilidades, eso sí, parecen aún ilusorias.


En la carrera por la Secretaría General del PSOE-M, Juan Lobato (Madrid, 1984) es el milenial de los candidatos. Sin embargo, tras este joven espigado sin corbata hay todo un cachorro de Juventudes que ya tiene en su currículo una Alcaldía (la de Soto del Real) y un asiento como diputado en la Asamblea de Madrid.

Porque, a sus 32 años, Lobato lleva más tiempo dentro que fuera de las siglas. A los 14 se sacó el carné. Con la mayoría de edad recién cumplida, organizó la campaña para las locales de 2003 que le dieron el acta en el Pleno de esa población norteña de 8.000 vecinos y le convirtieron en el edil más joven del país. Unos meses después, a los 19, ya había escalado hasta la portavocía municipal y se había hecho también con la dirección de su agrupación.

Un técnico de Hacienda embarazado

Por eso, más que la del candidato novel, la versión de Lobato más real es la que refleja su voz sólida y los gestos presidenciales con los que la acompaña. La misma versión que le hizo cumplir con el sueño de cualquier padre para cualquier hijo: ser el hombre de provecho que se licencia en Derecho y Administración y Dirección de Empresas y se saca plaza como técnico de Hacienda.

En lo personal, la campaña le pilla a punto de tener un bebé, sin coche a su nombre y con una hipoteca sobre su vivienda.

Algunos creen que no es su momento, pero tiene el apoyo de varios alcaldes

Sin embargo, hay muchos que no entienden su paso adelante y que sugieren que se trata más de una maniobra para proyectar su nombre en un trabajo a medio plazo. Quizás, este no sea el momento de Lobato, pero gracias a su movimiento muchos habrán empezado a conocerle. Y ha comenzado a generar equipo. Le rodean concejales, alcaldes y exalcaldes de pueblos como Manzanares el Real, El Boalo, Miraflores o Batres.

Él ya ha dicho que renunciará a su silla en la Asamblea si las urnas le ponen como secretario general. No es un gran problema. Como José Manuel Franco, confía en mantener al frente de los socialistas al inmaculado Ángel Gabilondo en el cartel de 2019.

'Patxista' hasta mayo

Apostó por Patxi López y le acogió en su municipio para un mitin durante la grosera campaña de las federales. Perdió. Como había perdido hace dos años en las primarias extraordinarias que dieron la victoria a Sara Hernández al defender decididamente a su amigo Juan Segovia.

Ahora, no quiere ni oír de familias. Antes de las vacaciones presentó a su equipo en la emblemática plaza del Dos de mayo de Malasaña. Sus ideas nucleares son la renovación y la militancia, dos mantras en toda regla que le acerca a casi cualquier rival. Estuvo en la presentación de la candidatura del más izquierdista de todos, Enrique del Olmo, después de que este acudiera a la suya y, ahora, habla hasta con los más minoritarios.

En unas primarias, todos quieren ilusionar. Saben que es la mejor manera de que las tripas guien a la mano que vota, como ocurrió en mayo con Sánchez. Pero, en unas semanas, todos menos uno verán cómo la ilusión se reduce a su acepción más irreal, a la del espejismo. Lobato tiene claro que él no ha llegado para ser uno de esos ilusos.

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