25 de enero de 2020, 19:16:25
Opinión


El Mediterráneo de la vergüenza

Por Jaime Cedrún


Este verano volvemos a ver imágenes desgarradoras y a escuchar relatos insoportables para quienes defendemos los derechos humanos. Imágenes que debemos mantener fijas en nuestra conciencia para poner énfasis en las causas que las provocan: las guerras a las que las grandes potencias implicadas no quieren poner fin. Europa debe actuar tanto sobre las causas como sobre sus terribles consecuencias en las personas.

Aquel histórico Mediterráneo de intercambio cultural y comercial, incluso de diásporas, se ha convertido hoy en un mar de muerte y tragedia. Según la OIM (Organización Internacional para las Migraciones), 30.000 personas han muerto en sus aguas en los últimos 15 años. Ante esta barbarie, el movimiento obrero y el pueblo español se viene movilizando sin pausa.

Este país es especialmente sensible a la tragedia del refugio y la solidaridad porque lo hemos sufrido con los cientos de miles de exiliados de 1939 y los millones de emigrantes de los años 60 y 70. Decía Neruda en su visita en Milán en 1972 a la exposición “Amnistía, que habla de Espagna” que “la lucha del pueblo español conmovió al mundo” y atrajo una inmensa ola de solidaridad. Se puede comprobar en la exposición actual en el Museo de Historia de Madrid.

En el año 2015, debido a la crisis siria, la Unión Europea se comprometió a acoger a 160.000 personas que huyen del horror de sus países. De ellas, España debía acoger a 17.337 personas. Para hacernos una idea, se trata de una cifra inferior a la capacidad que tiene el Palacio de los Deportes de Madrid.

El pasado mes de junio, Amnistía Internacional denunciaba que nuestro país sólo había acogido a 1.404 refugiados, menos del 10 por ciento de lo comprometido. Hablamos de cifras ridículas, cifras de vergüenza detrás de las cuales hay personas, seres humanos como nosotros, como nosotras.

Este fracaso humanitario del Gobierno tiene en la sociedad su polo opuesto. Según una encuesta realizada, también por Amnistía Internacional en 2016, el 97 por ciento de las personas preguntadas en España estarían dispuestas a acoger refugiados en su casa, su barrio, su localidad o su país.

La insensibilidad del Gobierno ante la tragedia es patente en declaraciones como las realizadas recientemente por el ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido. Después de que 49 personas desaparecieran en el mar de Alborán aseguró el ministro que el Gobierno no es responsable de que los migrantes “decidan huir de su país”. ¿Qué autoridades tenemos que no consideran una prioridad el establecimiento de de vías legales y seguras para las personas refugiadas?

El Gobierno no puede mirar para otro lado, y menos, cuando existe un marco legal internacional que, en el marco de la Convención de Ginebra, tiene como objetivo proteger a las personas que huyen de sus países.

Las personas que huyen no necesitan “postureos” ni bienvenidas, necesitan soluciones urgentes. El terror y el hambre no entienden de burocracias y tal como denuncia ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), con quienes las Comisiones Obreras trabajamos conjuntamente, no se puede concebir la política de asilo como una política de contención. No tiene sentido que quienes huyen no puedan solicitar asilo en las embajadas o consulados de España en sus países; no se puede exigir a quienes huyen un visado nada más llegar a nuestros aeropuertos; hay que aumentar el número de funcionarios que gestionan la entrada de refugiados.

Pero las críticas al Gobierno de España son extensibles a la Unión Europea. Es verdaderamente vergonzoso que sean los países más pobres aquellos que más acogen. El 86 por ciento de refugiados del mundo (más de veinte millones) se encuentran en países de ingresos bajos y medios. Es la solidaridad de los parias de la tierra.

Nos explicaba recientemente María Jesús Vega, portavoz de ACNUR, que en Líbano una de cada tres personas son refugiadas. Es como si a España llegaran ¡trece millones de personas!…, y nos echamos las manos a la cabeza por una patera, un salto a la valla de Melilla o por nuestra incapacidad manifiesta al acoger 17.337.

Sin duda, todas las alarmas saltaron hace dos años con la crisis de Siria, pero tenemos que observar el problema con gran angular. Son sesenta millones de personas las que buscan refugio en el mundo. Es como si toda la población de Italia buscara refugio. Sesenta millones de personas que dejan todo para buscar protección y en la mayoría de los casos encuentran la indiferencia.

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