11 de diciembre de 2019, 8:12:36
Opinión


Galletas amargas para la plantilla de Cuétara

Por Jaime Cedrún


La plantilla de la factoría Cuétara, ubicada en el madrileño municipio de Villarejo de Salvanés, ha iniciado una serie de paros parciales tras la ruptura de las negociaciones del convenio colectivo y ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo. Cuétara es una empresa solvente y con beneficios. ¿Por qué se niega esta empresa a que sus trabajadores y trabajadoras recuperen sus salarios?, ¿por qué responde Cuétara a una huelga parcial, con reivindicaciones muy razonables, no renovando los contratos de aquellas personas que secundaron los paros?

Esta deleznable actitud empresarial está a la orden del día en la Comunidad de Madrid y en toda España. La prepotencia, la avaricia y la represión empresarial son el fruto generado por las reformas laborales.

Cuétara no cumple con sus obligaciones y es hoy el caso paradigmático de una empresa con beneficios que se niega a adquirir una nueva dimensión. Cuétara aplica fórmulas ultraliberales que miran al siglo XIX y traen como consecuencia la precariedad del empleo.

La empresa es consciente de que las reivindicaciones de su plantilla son realistas, razonables y nada radicales. Por eso, todas las Comisiones Obreras de Madrid estamos ahí, con firmeza y responsabilidad. Los trabajadores y las trabajadoras de esta factoría reivindican una subida de salarios con carácter retroactivo desde que expiró el anterior convenio colectivo, del 0,5 por ciento para el año 2015, del 1 por ciento para 2016 y del 2,5 por ciento fijo a partir de 2017.

Aunque pueda parecer increíble, si no ilegal, los trabajadores y las trabajadoras de Cuétara no tienen permiso para acudir a los médicos especialistas. ¿Es una locura radical que la empresa de permiso a sus trabajadores para ir al especialista? , ¿qué se puede pensar de una empresa que juega con la salud de las personas que se dejan la vida trabajando?

En el listado de “exigencias” también se encuentra que no haya diferencias salariales entre empleados que realizan el mismo trabajo. ¿No es esto un simple acto de justicia? ¿No suena a decimonónico que haya que pelear por la reducción efectiva de la jornada en ocho horas anuales o que el turno de noche cobre un plus de arranque de 60 euros?

La plantilla de Cuétara la conforman 420 personas, de las que 80 pertenecen a Empresas de Trabajo Temporal en permanente rotación. Es evidente que la empresa quiere una plantilla precaria, desunida y doblegada sin contar con que detrás de ese 99,9 por ciento de personas que están secundando los paros están los sindicatos de clase.

Quizá la empresa no cuente con que este conflicto va a crecer y expandirse en toda la sociedad. Es muy posible que en su mentalidad trasnochada no hayan caído en la cuenta que no merezca la pena arriesgar el prestigio de una marca por simple avaricia.

Detrás de las galletas Cuétara empieza a haber una historia de amargo sabor. No es la primera historia, ni será la última mientras perviva la desmedida ambición empresarial. La solución es sencilla: sentarse a negociar con la representación sindical y firmar un convenio.

La plantilla cuenta con el apoyo y la solidaridad de todas las Comisiones Obreras, donde sabemos bien que sólo las luchas que se emprenden se ganan.

Jaime Cedrún
Secretario general de CCOO de Madrid

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