24 de octubre de 2019, 7:03:31
Opinión


De Vallecas al valle del kas

Por Nino Olmeda


Después de tantos días de noticias relacionadas con la corrupción y el golferío de una clase política demasiado acostumbrada a la impunidad, mi hartazgo y rabia se fue atenuando y diluyendo en el pozo de la memoria y los recuerdos de la tierna juventud.

Estaba en la Asamblea de Madrid oyendo reacciones a la corrupción y latrocinio de los otros cuando dejé la sede vallecana del Parlamento regional para acudir a mi cita semanal con Tele K, donde con mi colega Ricardo Morón, profesor universitario, rojo y vallecano hasta las cachas, entrevistamos a personajes curiosos. El invitado de turno, Sixto Rodríguez, compilador de un libro sobre historias de este barrio que hoy alberga la Asamblea de Madrid en el mismo sitio donde después de la muerte del dictador Francisco Franco estaba ocupado por chabolas, miseria y necesidades.

De Vallecas al Valle del Kas cuenta cómo era esa barriada que en los años 50 del siglo XX dejó de ser un pueblo para ser otro distrito más de la capital del Reino de España. Sixto me hizo recordar los tiempos en los que las asociaciones de vecinos como la de San Diego eran unos de los pocos lugares donde acudir para reunirnos con los demás y reivindicar la dignidad y la decencia que eliminó de raíz la dictadura que fue cayendo poco a poco con la muerte del asesino que gobernó España durante demasiadas décadas. Algunas parroquias, donde se recibió a todos los que queríamos derrotar el régimen de falangistas e indeseables, eran cobijo de jóvenes descontentos y amantes de la libertad.

La iglesia de San Diego daba cuartelillo a jóvenes de decenas de movimientos de la izquierda radical, y el colegio Raimundo Lulio, de curas franciscanos, cedió un local al Gallo Vallecano para dar cobijo a las inquietudes culturales de un barrio ávido de aprender algo más que las enseñanzas de los que cantaban el Cara al Sol. Juan Margallo y Petra Martínez llevaban esta escuela de teatro por las que pasaron números actores y cantantes como Luis Pastor. En esa etapa que va desde la muerte de Franco al Gobierno de Felipe González, Vallecas perdió la C y dio paso a la K. Se rebajó el fervor y la ilusión se transformó en cierto desencanto, que llevó a muchos a la heroína, que arrasó esta barriada inundada de mercados de la droga, miseria y chabolas.

Volver a esa etapa que me trajo al recuerdo muchos recuerdos en los que Sixto estaba presente y que ahora nos regala un libro que merece la pena conocer para saber por qué se produjo esa transformación que tanto nos marcó a muchos y nos hizo sentirnos vallekanos con K.

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