21 de julio de 2019, 19:17:48
Opinión


Esto no es un juego

Por Juan Rubio


La seguridad (del latín securitas) cotidianamente se puede referir a la ausencia de riesgo o a la confianza en algo o en alguien. Sin embargo, el término puede tomar diversos sentidos según el área o campo a la que haga referencia en la seguridad. En términos generales, la seguridad se define como "el estado de bienestar que percibe y disfruta el ser humano".

Una definición dentro de las ciencias de la seguridad es "Ciencia interdisciplinaria que está encargada de evaluar, estudiar y gestionar los riesgos a los que se encuentra sometido una persona, un bien o el ambiente".

Lo que es evidente es que la seguridad absoluta no existe porque en ningún caso podemos hablar de ausencia de riesgo. Mi amigo y experto en seguridad, Rafael Ortega, siempre me decía que si quieres algo seguro lo mejor que puedes hacer es encerrarlo en una caja fuerte y tirar la llave pero, lamentablemente, tampoco garantiza la seguridad absoluta.

Cuando hablamos de seguridad en realidad nos estamos refiriendo a identificar el mayor número de riesgos posibles para definir las medidas que palíen el riesgo en cada caso particular de forma que la suma de todas las medidas contemple un amplio abanico de posibilidades de riesgo. Dicho de otra forma, nuestra seguridad aumenta cuanto mayor sea el número de riesgos que sea capaz de atenuar.

Hoy quiero hablar de la seguridad de los conductores de motocicletas, los motoristas. Generalmente se asocia el uso de la moto con el tiempo de ocio si bien los estudios de seguridad diferencian entre un uso diario y uso de ocio. En las grandes áreas metropolitanas, como es el caso de Madrid, el uso diario de la moto es bastante elevado al unir aspectos como el de la rapidez, facilidad de aparcamiento, poco consumo de combustible y menos emisiones de gases contaminantes. En definitiva, se trata de un modo de transporte adecuado en estos entornos.

La moto es un vehículo especialmente sensible en términos de seguridad y, por lógica, el motorista también ante la posibilidad de una caída de la que ninguno estamos libres. Entre los motoristas existe un dicho que se cumple en un porcentaje muy elevado y que dice: “existen dos tipos de motoristas, los que se han caído y los que se van a caer”.

No hace falta circular rápido ni realizar "locuras" para caerse con la moto. Aspectos que pasan prácticamente desapercibidos en coche pueden suponer un grave riesgo para una moto. Irregularidades del firme, manchas de aceite, arena, la propia pintura de la señalización en caso de lluvia se pueden convertir y se convierten, en muchos casos, en auténticas trampas caza-motoristas.

Pero hoy no quiero hablar de cómo minimizar el número de caídas, hoy quiero hablar de las caídas propiamente dichas. En este punto me suelen decir que tampoco debería ser tan grave puesto que los pilotos de competición, los de MotoGP se caen a más de 200 km/h e inmediatamente se levantan cómo si nada. ¿Razón?, muy simple. Los circuitos están preparados y tienen escapatorias, es decir, zonas libres de obstáculos con materiales que permiten una reducción de velocidad gradual.

Estas características no las tienen las carretas convencionales donde deben convivir todo tipo de vehículos y donde se deben diseñar e implantar medidas de seguridad pasiva que sirvan para la mayoría de los vehículos en función de su porcentaje y, no pueden ser exclusivos para un tipo de vehículos.

Cuando un motorista cae mantiene la velocidad con la que circulaba (Newton nos lo dejó claro) por lo que impactará contra un obstáculo casi a la misma velocidad a la que circulaba. Un impacto a 50 km/h contra un árbol transmite toda la cantidad de movimiento (masa y velocidad), toda la energía cinética al cuerpo de motorista y suele ser mortal como lo es contra una señal de tráfico o un guardarrail donde las vigas de sujeción actúan como cuchillas contra el cuerpo.

Como no podemos garantizar la seguridad absoluta es nuestra obligación disminuir los riesgos en caso de caída, por lo que consideramos imprescindible la instalación de sistemas de protección para motoristas (SPM) en todas las zonas donde estén instalados guardarrailes. Es una obligación social, pero sobre todo humana.

No evitaremos las caídas pero sí muchas de las consecuencias de estas como amputaciones, lesiones graves o la muerte. En Ciudadanos así lo entendemos y, por eso, tenemos la intención de hablar de otros aspectos que nos afectan a los motoristas, porque sí: Yo soy motorista.
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