18 de julio de 2019, 15:28:14
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¿Puede ser este el año de España en Eurovisión?

Por MDO

El representante de España en el festival de Eurovisión, Manel Navarro, ya está en Kiev. La capital ucraniana acoge este año el popular certamen televisivo. Hasta el próximo sábado, día de la gran final, la agenda del catalán está repleta de ensayos y eventos para dar a conocer su Do it for your lover a la prensa acreditada. Su objetivo: arrancar simpatías que puedan traducirse en puntos y dar la vuelta a las encuestas. La emoción está servida en un año con varios favoritos.


Tras 62 años de vida, Eurovisión tiene ritmo para rato. El evento no deportivo más visto de la televisión se ha despojado de sus fantasmas en las últimas décadas y ha conseguido transformarse en un fenómeno capaz de movilizar a miles de personas por todo el continente. El juego de filias y fobias que despierta cada canción en cada salón de Europa, los eurodramas y el emocionante reparto de puntos hacen que el programa arrase no solo en las audiencias. Las redes sociales, la prensa y las casas de apuestas se suman a la fiesta musical durante los días previos. Lo hacen, conscientes de la expectación que genera este concurso que, en 2004, se vio obligado a incluir semifinales en su formato para dar cabida a la gran cantidad de países interesados en participar. Hacer pronósticos para Eurovisión es, sin duda, la actividad más apasionante de la semana.

Por el momento, los sondeos no son muy favorecedores para el representante español, Manel Navarro. Con solo 21 años, el de Sabadell quiere seducir a Europa con el encanto playero de su Do it for your lover, que ganó el pasaporte a Kiev -la capital ucraniana, que este año acoge el certamen- tras un polémico desempate. Pese a ser un desconocido entre las promesas de la música nacional hace solo unos meses, ha sabido sobreponerse a las críticas que se desbocaron tras su elección a base de sencillez y buen rollo, convirtiendo su expedición en lo más parecido a una aventura entre amigos.

Además de sus músicos, a Manel le acompañará en su puesta en escena la certera dirección artística de Hans Pannecoucke. El belga es uno de los gurús del certamen en su campo. Su talento ya lo demostró coleccionando doces para la aplaudida actuación de los holandeses The Common Linnets en 2014 y lo ratificó dos años después, colmando de dinamismo a su compatriota Laura Tesoro. Por lo que ya se sabe, Manel y sus chicos surfearán sobre el escenario del ‎Centro Internacional de Exposiciones kievita el próximo sábado por la noche, buscando ese momento de impacto que puede catapultar una candidatura a lo más alto.

Este año, la suerte ha decidido que el español interprete su tema en la segunda mitad de la final, por la que desfilarán hasta 26 banderas. La organización será la encargada de determinar su puesto exacto en función del resto de canciones clasificadas y su estilo. En cualquier caso, aparecer en la parte baja de la tabla ya es algo que favorece las opciones de Manel Navarro. Muchos de los ganadores se convierten en tal tras haber dado el do de pecho durante los minutos previos a las votaciones. Es simple: su tema, se recuerda más. Ocurrió el año pasado con Jamala y en 2013 con Emmelie de Forest. Excepciones, eso sí, hay muchas. Por citar un ejemplo recordado, ¿quién iba a pensar en 2003 que la turca Sertab Erener conseguiría retener toda la atención de los televidentes desde el prematuro cuarto lugar hasta el momento de descolgar el teléfono?

La lotería de los puntos

Es cierto que, pese a la gira por Europa y el reguero de entrevistas, la prensa especializada sigue acogiendo con cierta frialdad la propuesta española. Aunque eso, sin embargo, no hace más que aumentar su atractivo. Si la lotería de los puntos acaba favoreciendo al catalán, el apostante que le haya dado su confianza desde el principio recibirá jugosos beneficios.

La delegación nacional cofia en la complicidad de Manel Navarro con las cámaras y en el mensaje tranquilo y agradable que trasmite, muy diferente de los alaridos barrocos que sazonan habitualmente el concurso. Desde hace unos años, las valoraciones de jurados profesionales como el que escogió al joven en la preselección española suponen la mitad de las puntuaciones que dan los países. Esta medida, que se va perfeccionando a cada edición, suele contrarrestar el voto geopolítico que tantas veces se ha afeado desde España.

Desde la perspectiva de la justicia histórica, después de la victoria de Conchita Wurst para Austria en 2014, España es el país que más tiempo lleva seguido sin ganar. Ningún representante nacional ha saboreado un podio desde el segundo puesto de Anabel Conde en 1995 y la última de las dos victorias hispanas la festejó Salomé allá por 1969. Desde hace diez años, de hecho, TVE solo se ha anotado un top 10 dos veces, con Ruth Lorenzo y Pastora Soler. Es, por tanto, turno de la rojigualda. El anecdotario eurofán está plagado de sorpresas.

Los rivales de Manel

Este 2017, no hay un único favorito. Todas las encuestas resaltan un ramillete de candidaturas entre las más difíciles de batir para el catalán. Por un lado, el italiano Francesco Gabbani se presenta con el aval de las 111 millones de reproducciones en Youtube que acumula el videoclip de su Occidentali's Karma, simio incluido. Por otro, Portugal podría estar a un paso de conseguir un histórico primer triunfo gracias a la trabajada melodía de Amar Pelos Dois y la incomparable interpretación de Salvador Sobral.

Otro joven, el búlgaro Kristian Kostov, parte con mucha ventaja. A la zaga, no hay que menospreciar las posibilidades de la Bélgica de Blanche, a quien su bisoñez –solo tiene 17 años pese a su potentísima voz- ha pasado factura en los ensayos. A ellos se une la siempre favorita, Suecia, que en esta ocasión pone en escena al guapo de Robin Bengtsson. Su carisma a buen seguro le concederá un puesto significativo el próximo sábado. Tras la primera semifinal, la armenia Artsvik y sus dislocadas coristas también han ganado muchos enteros.

Por último, aparece en todas las encuestas Australia y el descendente de aborígenes Isaiah. El país acude por tercera vez a la competición invitado por la organización en reconocimiento al (inexplicable) predicamento que el certamen tiene en las antípodas desde que su televisión pública empezara a retransmitirlo hace tres décadas. La participación de esta delegación ha dado calidad a las últimas ediciones y demuestra una vez más que Eurovisión es, ante todo, una caja de sorpresas. Ese es, sin duda, el gran secreto que convierte este programa en único.

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