14 de diciembre de 2019, 1:16:56
Opinión


Madrid pierde un tercio del teatro público

Por Antonio Castro


Las dos naves del matadero de Legazpi que funcionaban como teatros a pleno rendimiento, se pierden para la escena madrileña. Los teatros públicos del Ayuntamiento se reducen en un tercio. Hasta ahora tenían programación las dos salas del Español, las dos del Fernán Gómez y las dos Naves. De los seis teatros municipales, quedan –por el momento- cuatro. La sala Galileo está gestionada por una empresa privada y al teatro Madrid de la Vaguada, ni está ni se le espera. El teatro público madrileño pierde mil butacas diarias; seis mil a la semana. Al ser teatros municipales, los precios resultaban muy atractivos y había varias promociones para jóvenes o público de la tercera edad.

Pero no solo perdemos los espectadores. Los trabajadores de la escena, desde actores hasta electricistas o maquilladores, pierden dos espacios de trabajo. Cada año actuaban allí unas veinte compañías, bien con producciones del Español o con coproducciones con empresas y cooperativas privadas. Las favorables condiciones económicas y el apoyo en promoción y publicidad que se prestaba desde el Ayuntamiento, podían ser un balón de oxígeno a la depauperada economía teatral. No olvidemos que, según la Fundación AISGE, solo ocho de cada cien actores pueden vivir de la interpretación. Decisiones como la de cerrar dos teatros públicos no va a contribuir a ayudarlos.

Cuando Manuela Carmena participó en la presentación de la nueva temporada del Español el pasado 13 de enero, afirmó textualmente: “Tened la completa seguridad que desde el Ayuntamiento vamos a hacer todo lo que esté en nuestra mano para promocionar el teatro en general”.

Si nos atenemos a las informaciones que se filtran desde el Matadero, no parece que el equipo responsable de la cultura municipal secunde las afirmaciones de la alcaldesa. La Nave 1, bautizada con el nombre de Fernando Arrabal, se inauguró el 24 de abril de 2007 con ‘Mahagony’ dirigida por Mario Gas, responsable también de la apertura de los nuevos espacios, con Alicia Moreno como Delegada de las Artes. La Nave 2 la inauguró Miguel de Arco el 7 de septiembre de 2010 con su ‘Proyecto Youkali’. Ahora se llamaba Max Aub. Las dos denominaciones que puso el equipo de Pérez de la Fuente van a desaparecer. Arrabal es el autor español contemporáneo más universal y Max Aub fue uno de los grandes intelectuales de izquierdas represaliados por el franquismo. Un Ayuntamiento que se dice de izquierdas, elimina ahora su recuerdo.

Los profesionales de la escena saben lo costoso que es llevar al público a un nuevo teatro. En el caso del Matadero con el inconveniente de estar alejado del centro, donde se localizan muchas de las salas privadas y públicas. La Naves, en diez años, se han consolidado como uno de los espacios teatrales más atractivos para la experimentación escénica. La posibilidad de cambiar la configuración de escenarios y gradas permite a los directores jugar con el espacio. En diez años hemos visto el ‘Hamlet’ y ‘La caída de los dioses’, de Pandur; el ‘Tito Andrónico’ y ‘El montaplatos’ de Lima; ‘La casa de Bernarda Alba’ de Pasqual; ‘La omisión de la familia Coleman’ de Tolcachir; el ‘El danzad malditos’ de Velasco…

El nuevo equipo director, con Mateo Feijóo al frente, parece que quiere dedicar las naves a las ‘Artes vivas’. No sabía que el teatro lo hacían los muertos… O que los espectadores seamos zombis. Resulta más incompresible este abandono cuando en el matadero hay espacio de sobra para incorporar nuevas expresiones artísticas. Por tanto ¿es necesario sacrificar una para que el nuevo director desarrolle su proyecto? ¿Por qué en lugar de sumar activos a la cultura madrileña se le restan?

A mí surge esta pregunta: ¿Cómo va a reaccionar la profesión teatral ante esta nueva agresión, ahora desde el Ayuntamiento madrileño?

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