22 de octubre de 2019, 21:34:01
Municipios


La vuelta al cole, mejor sin amianto

Por Javier García Martín

El colegio San Gregorio de Galapagar respira aliviado. Y nunca mejor dicho. Los 400 alumnos de este centro de educación primaria podrán empezar el curso bajo un nuevo tejado libre de amianto, un material de construcción relacionado con la aparición de graves enfermedades como el cáncer de pulmón y cuyo uso está prohibido. La Comunidad de Madrid ya ha iniciado los trabajos de retirada de la cubierta tóxica tras años de presión vecinal.


El colegio, que abrió sus puertas hace 41 años, da servicio a escolares de segundo ciclo de infantil y primaria y es el centro de trabajo de decenas de profesores, conserjes y demás miembros de la comunidad educativa. El techo del gimnasio, donde no sólo se realizan las clases de educación física, sino eventos culturales o actividades extraescolares a lo largo de todo el año, permanecía desde entonces erguido gracias a este cuestionado material. Hasta hoy. Las obras de demolición patrocinadas por la Comunidad de Madrid ya han comenzado y, con ellas, termina una polémica que ha sobrevolado Galapagar desde hace más de dos años.

"A largo plazo y tras mucha exposición, está comprobado que el amianto puede provocar afecciones, sobre todo cuando se deteriora, algo que ya estaba pasando en el colegio, porque este material tiene una vida útil de 30 años y llevaba ahí desde 1975", explica Blanca a Madridiario, presidenta del AMPA San Gregorio.

En toda Europa, la exposición al amianto es una preocupación de seguridad comunitaria. El Parlamento Europeo ha dado cuenta recientemente de la relación entre inhalar este elemento, que se desmenuza en partículas tóxicas cuando la construcción que lo integra se degrada, con la aparición de cánceres de pulmón o mesoteliomas pleurales manifestados incluso 40 años después.

"El material es ilegal desde 2013. En 2006, la UE dio un periodo de convivencia para eliminarlo de las construcciones hasta ese año. Por eso, nosotros ya estábamos reclamando desde 2014 que se quitara del colegio. Han sido dos años de lucha de mucha gente pero se ha conseguido, lo que demuestra que, cuando hay voluntad política, se puede", relata la presidenta.

La movilización de los padres, que iniciaron una recogida de firmas y han sido muy activos desde entonces en su contacto con los dirigentes, ha permitido que el consejero de Educación de la Comunidad de Madrid, Rafael Van Grieken, haya cedido en 'liberar' la nada despreciable cantidad de medio millón de euros para reemplazar ese tóxico tejado. Muchos profesores también han ejercido la presión correspondiente a través de sus sindicatos. "Hemos peleado desde muchos frentes, pero la salud de los niños en el futuro ya está garantizada", apunta.

Más desperfectos
Sin embargo, la cubierta no es la única preocupación de los usuarios del centro. "En octubre nos llegó una nota del AMPA contándonos todos los desperfectos del colegio, no sólo el amianto: también hay tuberías de plomo o pizarras digitales que no se pueden usar porque dan cortes", explica Celia Martell, concejala de Galapagar en Común-Izquierda Unida, en un municipio gobernado por el PP de Daniel Pérez. "Presentamos una moción para cambiar todo esto y se aprobó por unanimidad, pero después no se hizo nada más allá de algunas reuniones entre el Ayuntamiento y la Comunidad", reprocha. "Cuando vimos que llegaba agosto y que no se habían empezado ni siquiera las obras del tejado, redoblamos la presión", explica la edil.

Así las cosas, los trabajos han llegado al fin al San Gregorio, como ya lo habían hecho a otros colegios como el Carlos Ruiz, donde la cuenta (diez veces menor, eso sí) la ha abonado el Consistorio. "Ahí sí que se ha cambiado el tejado, aunque no tuviera amianto", insiste Martell.

Ahora, con el inicio del curso a la vuelta de la esquina, los niños deberán convivir con los obreros los próximos meses. Sin embargo, el AMPA está de enhorabuena y se felicita por haber sacado el compromiso de Educación de no quedarse en estos trabajos y perseguir una rehabilitación "integral" del edificio hasta resolver todas sus carencias (de aclimatación, por ejemplo), con más obras el próximo año. De momento, lo más urgente -el poder respirar sin miedo-, ya está hecho. "Lo único que pedíamos es que hubiera sentido común. Parece que ha triunfado", remacha Blanca.
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