29 de septiembre de 2020, 4:25:26
Cultura y ocio


El Madrid de hace un siglo (según las estadísticas)

Por Enrique Villalba

Madridiario ha tenido acceso a la estadística demográfica de Madrid de hace un siglo, recuperada por la Unidad de Estudios Demográficos y Sociales del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en colaboración con numerosas instituciones. Entonces, nacieron más hijos ilegítimos (uno de cada ocho), que se consideraban menos sanos por culpa de su origen inmoral (y no porque, en muchos casos, se parían en entidades de beneficencia con condiciones sanitarias pésimas). Aumentaban los partos en las casas y los abortos clandestinos. La viruela y la tuberculosis se cebaron con la población, aunque la enfermedad si entendía de barrios ricos y barrios pobres en la capital. Hubo 18 asesinatos y 81 suicidios. Los niños menores de cinco años morían a cientos por las diarreas, las bronquitis y la meningitis. Y apenas constaba que murieran mendigos, pues las mafias no declaraban los decesos. Los habitantes de provincias cercanas venían en masa a casarse a las iglesias de la ciudad. Esta es la historia tras los números que arrojaba Madrid hace 100 años.


En 1916, Madrid era la capital de un país neutral en un mundo en guerra. Concluía la batalla de Verdún al grito de "¡No pasarán!"; Francia y Gran Bretaña firmaban en secreto el acuerdo de Syke Picot para repartirse el Imperio Otomano que tantos problemas daría hasta nuestros días; los rusos se retiraban de los Lagos Masurianos, mientras en la retaguardia se sucedían los complots para derrocar al zar e iba eclosionando la posterior revolución de febrero (marzo); Einstein demostraba su teoría de la relatividad y surgía el dadaísmo en el Cabaret Voltaire. En España, era año de cambio de legislatura tras el primer gobierno del conservador Eduardo Dato. Le sustituía Álvaro de Figueroa, conde de Romanones. El líder de los liberales daba un giro a su política internacional alineándose con los aliados tras el hundimiento de varios buques por parte de los submarinos alemanes. Se creaba la compañía franco- española de ferrocarriles para unir Tánger con Fez. El propietario de La Vanguardia Ramón Godó se convertía en conde. CNT y UGT se unían para poner en marcha una huelga general en protesta por la inflación, sobre todo en el precio de la harina. Y el Athletic Club de Bilbao ganaba la Copa del Rey.

Según los datos estadísticos, en este ejercicio la ciudad tenía 615.075 habitantes (285.540 hombres y 329.535 mujeres) en sus diez distritos (Centro, Hospicio, Chamberí, Buenavista, Congreso, Hospital, Inclusa, Latina, Palacio y Universidad). La diferencia entre nacidos y fallecidos efue positiva, con 1.623 nacimientos más que defunciones. Según el redactor del informe, se había producido una contracción de la población en 8.875 personas, aunque la consideraba "ficticia", debido a las ocultaciones y la inmigración de extranjeros huidos de la Primera Guerra Mundial.

El índice de natalidad era de 27,826 bebés por cada mil habitantes. De los nacidos ese año (16.741, 33 más que en 2015), 15.650 lo hicieron vivos (el 92,94 por ciento) y 1.091, muertos. 2.099 eran ilegítimos (especialmente, nacieron en los distritos de la Inclusa y el Hospital), uno de cada ocho. Hubo 137 partos dobles y uno triple. De los nacidos, lo hicieron en establecimientos benéficos 1.674 bebés (con 209 muertos), de los que 1.409 eran ilegítimos (el 67,13 por ciento del total y un 0,5 por ciento más que el año anterior, ya que en casi todos los barrios se registraron incrementos de más del 15 por ciento).

De los nacidos muertos clasificados por época de gestación de los que se poseen datos, se producían más abortos, naturales o no, ('nacidos muertos', según la estadística) en la época de mayor fertilidad (20 a 34 años). Produciéndose un 7,65 por ciento de los decesos en los primeros seis meses de preñez entre los hijos legítimos y un 15,87 por ciento entre los ilegítimos. El redactor del documento temía entonces que pudieran estar aumentando los abortos clandestinos, aún muy poco influyentes, debido al descenso de concepciones en establecimientos de beneficencia y el tenue aumento de partos en hogares, sin contar las ocultaciones de niños recién nacidos. Conviene destacar que el redactor de la época reflejaba "la mayor vitalidad de las concepciones legítimas y demuestran los números que no es la miseria la causante del daño, pues en los establecimientos benéficos acusan las uniones legítimas la menor mortinatalidad". Es decir, que la percepción de entonces era que había una relación entre la vitalidad de los niños con la moralidad de las relaciones sexuales para concebirlos.

Bodas 'de provincias'
La edad de la madre oscilaba mayoritariamente entre los 20 y los 34 años, siendo la franja entre 25 y 29 años con 5.760 nacimientos la que más abarcó. Nacieron también 314 niños de madres menores de 20 años (3 de menores de 15 años con padres de edad desconocida) y 999 de mayores de 40 años (2 de mayores de 50 años, con padres mayores de 40 años). Los partos se produjeron, mayoritariamente (más del 57 por ciento) de las 00 a las 12 horas de la mañana (10.600 nacimientos de 18.415). La edad de los padres era mayoritariamente pareja o superior a la de las madres en el momento de la concepción, aunque, a medida que aumentaba la edad de la madre, se daban más casos de padres más jóvenes que las mujeres.

En cuanto a matrimonios, ese año se casaron 4.587 parejas, de las que 4.004 fueron de soltero con soltera, 345 de viudo con soltera, 130 de soltero con viuda y 108 de viudo con viuda). 1.214 de los desposorios se produjeron en sábado y 980, en domingo. En 3.075 casos, el esposo tenía más edad que la esposa, frente a 1.119 en los que la esposa era más mayor y 398 en los que tenían la misma edad. En más del 75 por ciento de los casos, las diferencias de edad eran de entre uno y nueve años. No obstante, seguían produciéndose matrimonios con una diferencia de edad de más de 25 años.

La mayor parte de los contrayentes hombres provenían de provincias (2.623, frente a los 1.870 autóctonos de la ciudad y los 94 extranjeros). El caso de las mujeres estaba más equilibrado (2.064 madrileñas, 2.430 mujeres de provincias y 73 extranjeras). En palabras del redactor de este anuario estadístico: "Madrid es en la fisiología nacional el corazón de España. Bomba aspirante e impelente, atrae la población periférica devolviéndola en gran parte en la generación siguiente. Su población propia, de abolengo, con raíces permanentes, es la parte menor. Siempre es mucho más grande el número de contrayentes de uno y otro sexo, nacidos en provincias, que el de los que vieron la luz primera en la Corte".

La mujeres se casaban en 67,65 por ciento de los casos con entre 20 y 29 años, y los hombres, entre los 25 y 34 años (un 66,44 por ciento). Los solteros se casaban entre sí mayoritariamente hasta los 34 años (un 7,1 por ciento, con mujeres de menos de 20 años, especialmente con hombres de entre 25 y 29 años). Los solteros que se casaban con viudas, lo solían hacer con entre 25 y 39 años; mientras que ellas tenían entre 30 y 44 años. Los viudos que se casaban con solteras lo hacían, por su parte, a todas las edades, aunque lo hacían con mujeres de entre 20 y 34 años. Los viudos y las viudas se casaban más a medida que aumentaba su edad, con una franja de entre y 44 años entre ellas, y equilibrada entre todas las franjas entre ellos.

La 'peste blanca'
El índice de mortalidad era de 25,187 por cada mil habitantes y de 23,921, si se excluían los transeúntes y los fallecidos por causas exteriores. Murieron ese año 15.492 personas (3.552 en establecimientos benéficos). De ellas, 4.875 (el 31,46 por ciento, de los que 2.750 tenían menos de un año, casi dos puntos menos que en 1915) fueron menores de cinco años que murieron, principalmente por diarreas, bronquitis agudas y meningitis. De los 15.492 muertos, 7.586 fueron mujeres. 7.275 personas de más de 40 años murieron ese año, representando el 47,88 por ciento.

Las enfermedades fueron el principal factor de mortandad. Así, la tuberculosis acabó con 1.581 personas (cabe destacar las epidemias en los barrios de Apodaca y Doctor Fourquet); las enfermedades del corazón, con 1.039; la bronquitis se llevó a 1.079, las diarreas a 1.301 (sobre todo, por enteritis estivales) y las afecciones respiratorias, sin contar la tisis, a 1.350, principalmente, en invierno. El cáncer mató a 681 personas y la viruela, a 407 (el triple que el año anterior, arreciando al igual que el coqueluche y la erisipela). 139 personas murieron de forma violenta (18 fueron homicidios), 88 en partos y 81 se suicidaron (especialmente, con armas de fuego y aplastados). La mayor cantidad de muertes se produjo entre los solteros, aunque la mayor proporción se dio entre las viudas. Las estadísticas planteaban que las muertes en instituciones de beneficencia, a igual dolencia, se duplicaban con respecto a las que ocurrían en casa.

Por profesiones, cabe destacar que, entre los profesionales liberales, los estudiantes morían mayoritariamente de tuberculosis (principalmente, adolescentes) y los militares de enfermedades cardíacas. Entre los sectores primario, secundario y terciario, fallecieron 200 comerciantes, principalmente, por tuberculosis, hemorragia cerebral y enfermedad del corazón. También cayeron 137 industriales, afectados especialmente por patologías del aparato respiratorio. Entre los oficios mecánicos, la parca se cebó con 2.304 jornaleros, que fallecieron a causa de la tuberculosis (la 'peste blanca') y enfermedades del aparato respiratorio. Entre los burócratas, los empleados morían de tuberculosis y nefritis aguda. De los rentistas y pensionados, los propietarios fallecían por enfermedades respiratorias, fundamentalmente. Los asilados morían de viejos o por patologías respiratorias o del corazón. Cabe destacar el alto porcentaje de suicidios entre los mecánicos y las empleadas domésticas (cuyas muertes más habituales eran por tuberculosis y cáncer); la muerte violenta de dos poceros, un escultor y un actor; y la muerte por epidemia de once monjas y doce personas sin profesión ni rentas por fiebre tifoidea. En este sentido, el autor del documento puntualizaba: "Llama la atención los pocos mendigos que fallecen, cuatro este año, siendo su abundancia notoria, y es que los que los explotan en vida no lo confiesan en la hora de morir sus víctimas".

La diferencia entre distritos en materia de defunciones tenía que mucho que ver con el nivel de renta, pues el menor número de defunciones ocurrió entonces en Centro, Hospicio, Buenavista y Palacio. En la media se encontraban Chamberí, Congreso y Latina. Y acusaron el mayor número de defunciones Universidad, Hospital e Inclusa. Las diferencias oscilaron en 21,5 puntos por cada mil habitantes en cálculos generales, a quintuplicar los datos de mortandad infantil por diarreas y a triplicarlos en las enfermedades infecto-contagiosas. Todos los muertos fueron enterrados, de los que solo 124 lo hicieron fuera de la ciudad. 93 lo hicieron en el Cementerio Civil, 5 en el Británico y el resto en los camposantos católicos.

Madridiario.  Todos los derechos reservados.  ®2020   |  www.madridiario.es