16 de octubre de 2019, 17:30:41
Distritos

ENTREVISTA


Castro: "Es sorprendente la capacidad de supervivencia del Teatro Lara"

Por Enrique Villalba

Antonio Castro (Tudela, 1954) es cronista de la Villa, escritor y periodista. Presenta su último libro 'El Teatro de Lara', en el que narra la historia de este espacio escénico centenario de la capital.


¿Qué le motivó a hacer este libro?
Entré en contacto con la Fundación Lara, cuyo presidente honorífico es el copropietario del Lara, para mi libro de teatros históricos. Hace diez años hablamos de ampliar esa posibilidad y hacer un monográfico del Lara. El proyecto se quedó dormido y hace dos años me llamó José María Muro-Lara y me dijo que siguiésemos con el proyecto. Yo tenía mucha documentación acumulada. El deseo era que se supiese la historia de cómo había nacido el teatro, quién había sido su abuelo, quién había estado allí... Y ese es el resultado final.

¿Cuáles son los inicios del Lara?
El teatro se inaugura en 1880, cuando no existía ni el Metro, ni la luz eléctrica, ni la Gran Vía... Este teatro era pequeño que se levantó en un barrio que tuvo varios teatros populares como el de los Basilios, Buenavista, el primer Calderón. Este fue un paso cualitativo más. Tenía más dignidad y con dinero porque el empresario tenía muchos recursos. De hecho, invirtió en el edificio y en los mejores actores para propiciar que la gente fuera. En ese momento, había una gran crisis económica por la sequía y el hundimiento de la Bolsa en España que propició el teatro por horas, que fue el antecedente del microteatro de hoy. Los madrileños no tenían dinero para pagar espectáculos de cinco actos. Entonces, un grupo de actores planteó que, en vez de cobrar cinco reales por una obra de cinco actos, se hiciese una de un acto por un real. Menos tiempo y menos precio a la entrada. Como hoy día.

Atrajo también a la aristocracia.
Había un teatro, el de La Comedia, creado en 1875, que había atraído a la alta burguesía y a la nobleza. También el Español, que siempre estaba entre cierre y cierre; y el teatro de La Princesa, que es el actual María Guerrero, llegaría cinco años más tarde que el Lara. Estos teatros venían a ofrecer unos recintos dignos para el hecho teatral, que lo sacaban de aquella especie de barracones donde se hacían antes. Por eso, al tener decorados, terciopelos, etcétera, y al acudir con frecuencia miembros de la familia real, la nobleza acudía y apoyaba esos teatros. Pero, no obstante, en las sesiones por horas había un público también popular.

Fue un cambio de modelo al teatro del siglo XX.
De alguna manera, sí. El que inició esa tendencia fue el de La Zarzuela en 1850. A partir de ahí, se van haciendo edificios para el teatro. No se adaptan iglesias para ello, como en el teatro de Los Basilios. Son edificios de nueva construcción, como La Comedia, el Eslava, el Lara, La Princesa. Eso supuso una dignificación y una garantía de que los locales de teatro servían solo para teatro.

Alfonso XIII era muy aficionado a ir al Lara.
Sí, el rey le quiso dar a la hija del propietario, a Milagros Lara, un título honorífico. Ella no lo quiso aceptar, no se sabe muy bien por qué.

Sorprende la relación del colegio de La Paloma con el Teatro Lara.
En 1931, cuando muere Milagros Lara, ordena en su testamento que se derribe el teatro, que se construyan sobre el solar casas de alquiler, y que con las rentas se constituya una fundación benéfica que permita dar estudios a los niños pobres, canalizada por la escuela de La Paloma. Hoy día siguen teniendo relación testimonial, aunque el centro está gestionado por Lasalle. Afortunadamente, los intelectuales y otros herederos consiguieron mantener el teatro y poner los recursos para conformar la fundación.

¿Quién fue Cándido de Lara?
Fue un industrial de carnicería, un inmobiliario, un político que estuvo en todos los estamentos, desde concejal a senador vitalicio. Trabajó desde muy joven por hacerse una posición económica y luego diversificar sus actividades. Entre otros, el teatro, por afición y devoción, no tanto por negocio. Hoy el teatro sigue estando en manos de los herederos, aunque formalmente forma parte de la fundación. Creo que es el único teatro que ha estado siempre en una misma propiedad. Entre 1880 y 1910, fue gestionado por la familia y, desde entonces, se incluyeron arrendatarios.

En el libro, comenta que el Lara se inspiró en el Palair Royal ¿Era común el influjo francés en los teatros españoles?
Esa tendencia comenzó con la entrada de las tropas napoleónicas. Lo francés se apoderó de los textos en España. La gran mayoría eran traducciones del francés. A medida que avanzó el siglo, se fue eliminando esa dependencia. Pero, en este caso, no fue tanto una imitación sino que Lara vio aquel teatro en París y pensó que quería hacer algo así. Las proporciones no tienen nada que ver pero el tipo de ornamentación es parecida. Pero, en todo caso, el concepto es un teatro a la italiana que es muy común en Europa. En este caso, la construcción no responde a una moda, sino a un gusto personal.

El Lara contó en sus inicios con grandes firmas y autores.
Lara no escatimó dinero. Pagaba muy bien a actores y escritores, y venían. Ahora tenemos un concepto de Benavente o los Álvarez Quintero como maestros del teatro. Pero, en la época que estrenan en el Lara, eran de los muchos autores que había en el momento. Cuando estrena por primera vez Benavente en el Lara, no 'Los intereses creados', era un desconocido. De hecho, el empresario del Lara es el primero que le encarga una comedia. Hasta entonces, era el autor el que iba con la carpeta teatro por teatro, presentando sus comedias para intentar estrenarlas. Benavente tardaría veinte años en conseguir el Nobel, después de eso. Los Quintero eran unos recién llegados cuando empezaron a trabajar allí. Igual que Vital Aza o Echegaray. Eran autores que empezaban a despuntar pero estaban en sus inicios y parte de su leyenda se forjó aquí.

Hay un hilo desigual en la historia del Lara.
El empresario que más tiempo ha estado al frente del teatro como arrendatario fue Conrado Blanco, que estuvo prácticamente cuarenta años. A partir de él, en los últimos 30 años ha cambiado más veces de manos. Entraban arrendatarios que no conseguían el éxito que querían, no recaudaban lo suficiente y no hacían frente a los compromisos y rentas acordadas. Por otro lado, hubo una época en que el Ayuntamiento de Madrid, especialmente Ángel Matanzo, enfiló una serie de locales, entre ellos, el Lara. También es verdad que un local centenario necesitaba una puesta al día y una mejora de las condiciones de seguridad. Se fueron uniendo una serie de circunstancias que provocaron que, entre 1985 y 2000, el teatro estuviera en peligro bastantes veces.

¿A eso ayudó su ubicación fuera de la Gran Vía?
En este momento, no lo es. Pero en los años 70 y 80, ese barrio estaba totalmente degradado. Y el público dejó de ir, sinceramente, porque le daba miedo salir a la una de la madrugada y ver el panorama que había en la calle. Cuando se inauguró, no había problemas porque quedaba céntrico, dentro del circuito teatral.

¿Qué más momentos de peligro ha sufrido el Lara?
Una de las cosas que me sorprende de este teatro es su capacidad de sobrevivir. El arquitecto que lo diseñó, Carlos Velasco, fue uno de los que diseñó uno de los primeros proyectos para trazar la Gran Vía. En el proyecto que hizo, que no salió adelante, planteó derribar muchas manzanas. Entre ellas, la del teatro. En 1931, cuando murió Milagros Lara, el Gobierno republicano y la familia garantizaron la supervivencia. Luego volvió a haber peligro con Matanzo. Además, es un teatro que no tiene mucha capacidad, con lo que no puede generar muchos beneficios, y exige unas inversiones para su mantenimiento que muchos empresarios no estaban dispuestos a emprender.

¿Qué ocurrió en la Guerra Civil con el teatro?
En el conflicto, todos los teatros fueron incautados. El Gobierno republicano se incautó de toda la actividad de ocio. Luego, repartió las salas entre los sindicatos para que se encargasen de la gestión directa. El Lara se entregó al grupo 'Altavoz del Frente', que querían hacer teatro revolucionario. Los textos respondían a la política revolucionaria y las actitudes eran de ese romanticismo de proponer: nosotros hacemos teatro para el pueblo, no cobramos entrada, y como el pueblo es muy bueno y le gusta mucho el teatro, luego pasamos la gorra y sobrevivimos. Duraron dos meses. Fernando Collado, en 'Teatro bajo las bombas' narra que algunos de los espectadores les daban algo de comida. Al final, solo sacaron lo que se pudieron comer en ese período. Dinero metálico, no vieron ni una peseta. En cuanto fracasaron, entraron Loreto Prado y Enrique Chicote, que eran lo más convencional del teatro típico madrileño, con el sainete del siglo XIX. La gente, entonces, acudió a cientos.

¿El Lara tuvo compañía fija?
Casi cien años. Todos la tenían y los autores. Los movimientos de actores entre teatros eran seguidos en Madrid como lo son los fichajes de fútbol hoy día. Las compañías eran amplísimas y eso exigía obras con un buen número de personajes para que los actores pudieran trabajar. Los autores conocían las compañías y casi escribían a medida.

¿Se puede hablar de la historia del teatro a través del Lara?
Tiene un sitio en la historia. Solo con citar 'Los intereses creados' y 'El amor brujo', con esos títulos, entra en la historia del siglo XX. Luego se estrenaron otras comedias que tuvieron un éxito enorme de público, como '¿Dónde vas Alfonso XII?' o 'La muralla', que están hoy totalmente olvidadas. Pero repasas los estrenos de otros teatros actuales y, obras que hayan trascendido, no hay tantas.

¿El Lara se ha sabido adaptar al siglo XXI?
En los últimos cinco o seis años el Lara, gracias a la sala Off, principalmente, ha conseguido recuperar, con una programación múltiple, atraer al público joven. Tecnológicamente, no puede competir porque es un espacio protegido y se puede intervenir poco. No se pueden incluir muchas modernizaciones.

¿Hay un túnel debajo del teatro Lara?
Hay una galería ciega que nadie sabe a dónde va. Dice la leyenda que tanto el convento de Las Plácidas como al de San Antonio de Los Alemanes. Pero no tiene sentido porque son muy anteriores a la construcción del teatro, y en ese solar había construcciones particulares. Tampoco se ha encontrado nada interesante en los planos en ese sentido. Posiblemente, fuera un desagüe o una cloaca. Somos muy dados a pensar en túneles secretos. Tampoco consta que el fantasma de Lola Membrives esté por el teatro, porque tenía un carácter de mil demonios y nadie estaría muy tranquilo si anduviese por aquí -se ríe-.

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