1 de diciembre de 2020, 12:34:08
Opinión


El hombre que susurraba a Madrid

Por Ángel del Río


Con Adrián Piera he compartido más de cuarenta años de la vida de Madrid, del amor por esta ciudad, del celo por sus tradiciones, del trabajo por el presente y el futuro de la capital de España. Le conocí siendo ya esa persona entrañable, reflexiva que lideraba las aspiraciones del pequeño y mediano comercio madrileño, metido en una lucha personal por modernizarlo y hacerlo competitivo, pero sin perder su esencia y conservando lo que era historia y tradición de Madrid a través de sus establecimientos centenarios.

Seguí los pasos de Adrián Piera durante su larga etapa al frente de la Cámara de Comercio e Industria, donde desarrolló una labor impagable en defensa de esta institución, de los comerciantes e industriales de Madrid, del progreso de la actividad comercial. Desde esta institución llevó a cabo interesantes iniciativas de promoción de los establecimientos madrileños y de conservación de los centenarios, así como la recuperación de parte de la historia de este y otros gremios que fueron artesanales.

Con Piera asistí al nacimiento de IFEMA, de que fue parte fundadora importante, esencial. Convenció al alcalde, Enrique Tierno, para que el Ayuntamiento participara en un proyecto del que el “viejo profesor” no estaba muy convencido. Y gracias a la fe de Adrián, IFEMA es ahora una de las instituciones feriales más importantes del mundo.

Con él he compartido momentos deliciosos en conferencias y mesas de debate; he disfrutado de sus conocimientos y de su verbo fácil y ocurrente. Era una delicia escucharle y aprender de Madrid a través de su sus experiencias.

Y tuve la fortuna de compartir los últimos años de Adrián Piera como tertuliano de un programa de radio sobre Madrid que tuve el honor dirigir en la Cadena COPE. Y se nos reveló como un contertulio incisivo, erudito, extraordinario conversador. Fue mi mejor “fichaje” para esa tertulia de expertos.

En el día de la despedida, se me agolpan los recuerdos en torno a un hombre honesto, ponderado, emprendedor, infatigable, que amó localmente a Madrid en una demostración pública y prolífera. Un abrazo, querido amigo Adrián.

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