20 de noviembre de 2019, 19:43:12
Opinión


Leña del árbol caído

Por Ángel del Río


Es 1 de septiembre, fecha de reencuentros después de un largo y cálido verano. Es tiempo de volver a empezar, de ponerse en marcha, de hacer buenos propósitos, algunos de ellos, de enmienda.

Lo que ocurre es que en esta ciudad, la historia se repite con cierta frecuencia, y llegan las tormentas de verano, no solo las políticas, sino las climatológicas, y la que descargó el pasado domingo, fue corta, pero intensa, hasta el punto de provocar alteraciones en el ritmo de una ciudad que aún estaba volviendo de vacaciones, que aún no había desecho las maletas. Y se cayeron varios árboles y muchas ramas, muchísimas, lo que produjo algunos heridos, afortunadamente ninguno de ellos grave. Esto viene a demostrar una lógica que en ocasiones se convierte en oportunismo político: que los árboles son seres vivos, que crecen enferman y mueren, ya sea por viejos o por accidente. Y los árboles, sus ramas, se desprenden y ponen el riesgo sobre el viandante, tanto cuando es alcaldesa Ana Botella, como cuando lo es Manuela Carmena, porque ellos, no entienden de nombres, ni de siglas, ni que del caído, todos quieran hacer leña. A Ana Botella, llegaron a pedirle la dimisión cuando se produjeron algunas caídas de árboles, con tan mala suerte, que causaron víctimas mortales; a Carmena, lo más, que se le ha pedido, y lo ha hecho Esperanza Aguirre, es que apriete las tuercas a las empresas encargadas de la conservación del arbolado;que se pode todo lo que sea susceptible de representar peligro, que es lo que se hizo en la anterior etapa. Pero los árboles son seres vivos, capaces de venirse abajo, cuando menos se espera. Madrid tiene la ventaja de ser la segunda ciudad más arbolada del mundo, y eso, por ley de probabilidades, aumenta el riesgo. Estemos vigilantes, que se aumenten los controles y la conservación, pero no hagamos leña del árbol fortuitamente caído.
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