11 de diciembre de 2019, 17:20:33
Cultura y ocio


400 años de teatro municipal

Por Antonio Castro

El 11 de abril de 1615 se publicó una real orden, rubricada a final de marzo por Felipe III, por la que la villa de Madrid entró en la gestión de los corrales de comedias. Había dos: el de la Cruz y el del Príncipe y habían sido levantados por las cofradías de la Pasión y de la Soledad. Su finalidad era obtener fondos para mantener sus centros asistenciales: el Hospital General, el de la Pasión, el de niños expósitos y el de niños desamparados. De aquellos dos corrales, levantados en el entorno de la actual plaza de Santa Ana, solo ha logrado sobrevivir el del Príncipe, que hoy conocemos como teatro Español. El teatro de la Cruz cayó bajo la piqueta en 1859.


Pero, con más de treinta años de funcionamiento, los corrales del Siglo de Oro no lograban unos beneficios regulares para la asistencia, ya que sus ingresos fluctuaban según los gustos del público. Así que el rey ordenó a la Villa de Madrid que pagara a las cofradías 54.000 ducados anuales con cargo a lo que se conoce como 'Sisa de la Sexta Parte'. A cambio el Ayuntamiento se quedaba con el aprovechamiento de las comedias. La 'Sisa Sexta Parte' fue una considerable partida económica que Madrid ofreció a Felipe III para que volviera la capitalidad del Reino, lo que se produjo en 1606.

Con esa primera medida se inició un proceso administrativo que se prolongó durante siglos. Aunque el Ayuntamiento, gracias a sucesivas órdenes reales, fue ganando competencias en la administración de los corrales primero y de los teatros después, la propiedad real de los inmuebles se estuvo cuestionando hasta bien avanzado el siglo XIX. En algunos estudios se dice que los corrales pasaron a ser propiedad municipal en 1638, pero existen números documentos posteriores a ese año en los que se reafirma la propiedad de las cofradías.

Realmente, en cuatrocientos años, el Ayuntamiento de Madrid solo ha tenido el control absoluto de su teatro durante treinta y cinco. Utilizó siempre la fórmula del arriendo a empresarios privados, quienes estaban sujetos a rigurosas clausulas económicas y debían someter las listas de compañía a la aprobación del municipio. Los arrendatarios han causado no pocos problemas en toda la historia, por lo que el teatro del Príncipe, y más tarde Español, no gozó de excesivas simpatías en varias épocas históricas. Además, cada vez que el gobierno central quería establecer un teatro nacional, le quitaba el Español al Ayuntamiento. Así sucedió con la Junta para la Reforma de los Teatros de 1799. Más tarde (en 1809) José Bonaparte también traspasó la gestión al gobierno. En 1849, reinando Isabel II, lo mismo. Entonces recibió por primera vez (y no definitivamente) el nombre de Español. Finalizada la Guerra Civil, el Ayuntamiento lo cedió al gobierno (y no muy alegremente) para que formara parte, junto al María Guerrero, de los Teatros Nacionales.

Cuando ardió casi por completo en 1975 era gestionado por el Ministerio de Información y Turismo. Esa situación provocó el retraso de varios años en la reconstrucción. El ministerio decía que era propiedad municipal y que lo pagara el Ayuntamiento, Éste que la gestión era ministerial y por tanto, debía contribuir. Finalmente se pagó entre las dos instituciones y se pudo reabrir en 1980. Aunque entonces se nombró a José Luis Alonso como director, poco después de la reapertura el ya Ministerio de Cultura, se desentendió del Español y pasó totalmente a su propietario. Desde ese año el Ayuntamiento tiene el control absoluto del teatro, su propiedad, administración y programación, nombrando director.

El teatro Príncipe-Español ha sufrido tres grandes incendios en su historia. Se ha construido nuevo en dos ocasiones y se ha reconstruido casi por completo otras tantas. Ya en 1726, cuando el primitivo corral del Príncipe estaba ruinoso, se propuso derribarlo y construirlo de nuevo en la esquina de la Carrera San Jerónimo con Echegaray. Pero se edificó en el mismo solar. En 1887 el Ayuntamiento lo clausuró por ruina inminente, hablándose de venderlo o tirarlo. Pero sobrevivió.

Hoy, cuatrocientos años después de aquella primera orden real, el teatro Español (milagrosamente vivo) es uno de los emblemas de la escena nacional, independientemente de la calidad de sus producciones. Que en las últimas temporadas ha sido, en general, bastante baja.

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