15 de noviembre de 2019, 7:30:07
Social


Tejedoras de solidaridad

Por Enrique Villalba

La Asociación Línea 10 ha ganado el premio Compromiso Clece en la categoría de Exclusión Social por su proyecto 'Nuevo Camino 2015'. Esta organización, integrada por Hermanas de la Caridad de la Asunción trabajan en el barrio de Zofío, en el distrito de Usera, ayudando a familias de inmigrantes con dificultades para que críen a sus hijos.


"La realidad manda y tú te tienes que comprometer en que se vuelva amiga de las personas", explica la hermana Mariela Filiberti, portavoz de las cinco religiosas que en su piso de la calle Manuel Muñoz, a la vez domicilio y centro de ayuda. Principalmente, trabajan con madres latinoamericanas que viven solas con sus hijos en Madrid y que no encuentran la manera de conciliar su vida laboral con la familia. "Analizamos las necesidades de estas familias e intentamos responder. Empiezas ayudando a una familia y, cuando empiezas a ahondar, te das cuenta que hay mucho más que hacer detrás del propio problema. Nosotras no hacemos discursos bonitos. Damos un apoyo concreto a las personas para convertirlas en protagonistas de sus vidas", continúa Filiberti.

Actualmente, atienden a más de 30 niños del barrio, la mayor parte de Primaria y ESO, aunque también hay algún adolescente. Disgregación del núcleo familiar, pobreza, marginación, precariedad son algunos de los problemas que afrontan en este proyecto desde 2010, haciendo auténticos malabarismos para conseguir financiación, pública o privada -todo su trabajo es gratuito pero tienen que pagar los gastos mínimos para mantener la casa, ahora necesitan con urgencia un espacio de acogida que les permita acoger y atender a más niños, y que los voluntarios puedan participar de manera más activa-, y mantenerlo a flote. "Cuando llega una persona a pedirnos ayuda, lo primero que necesita es hablar y explicar sus problemas. Entonces, estudiamos si podemos ayudarle. Si no podemos, le derivamos a los servicios sociales o a otras organizaciones solidarias del barrio: la parroquia, las asociaciones de vecinos y comerciantes, los profesores. Si podemos, le hacemos una propuesta para responder a sus necesidades", explica la religiosa. Esa ayuda se concreta en llevar o traer a los niños al colegio, ayudarles a hacer los deberes, darles de desayunar o merendar, llevarles al médico, hacer pequeñas excursiones por Madrid, tramitar papeles de la familia , hacerles la compra... Tejen una red solidaria para que estas familias no se queden por el camino.

Las monjas trabajan mucho en común y estudian las mejores estrategias para que la vida de cada persona esté objetivamente mejor. Ese servicio a los demás crea lazos de confianza, provocando que las religiosas se conviertan en una parte más de esas familias. Los resultados se ven por sí solos. El cambio surge de forma espontánea. "El barrio nos conoce y nos deriva casos. Los menores crecen, aprenden, sacan mejores notas y se relacionan con otros niños. Y las madres salen de su aislamiento, retoman las riendas de su vida y recuperan para la familia un entorno positivo", concluye.

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