27 de septiembre de 2021, 22:54:21
Opinión


Soldados por la libertad

Por Mara Colás


Estamos en tiempos de guerra. Hay escaramuzas informativas por doquier y la avanzadilla de la sociedad del futuro está en una minoría que debe estar dispuesta a dejarse la piel, y parece que también la vida, por mantener las cosas en el sitio donde deberían estar, serias como la libertad y el derecho a saber.

La libertad es un bien que hay que pelear cada día, porque si la damos por sentada, como otros presentes alcanzados a lo largo de muchos siglos, gracias a nuestros antepasados, la perderemos.

El mundo de los periodistas debe ser territorio de verdad y libertad; un reducto fiable en la búsqueda de lo esencial, y el único camino para hacer del presente un futuro cierto. Los periodistas somos de esa clase privilegiada de gente que estamos obligados a difundir a través de nuestros medios, sea con humor o transcendencia, lo cierto de lo que sea que este pasando. La rigurosa verdad sea mala o buena noticia.

Los ciudadanos merecen saber la verdad y merecen perder el miedo a la verdad.

Nuestra obligación es desenmascarar al traidor por muy populoso, poderoso o peligroso que nos parezca. Muchos, demasiados periodistas son asesinados cada año en tierras no tan lejanas de las nuestras, ocultos para siempre únicamente para silenciar sus voces y sus plumas.

El atentado de Paris no solo ha matado a más de una docena de personas, ha matado una forma de entender la vida diaria en la prensa europea, intentando socavarla con miedo; silenciando la discrepancia radical de nuestra forma de vida democrática con el terrorismo y radicalismo religioso, cada vez más cercanos y presentes. Con ellos han asesinado la tranquilidad y nos han puesto en guardia.

Todos los diarios Europeos, o de todo el mundo occidental deberían amanecer con las portadas de Charlie Hebdo enviando con ello un mensaje universal rotundo; y es que no se puede matar a todos los periodistas, ni decapitar a todos los occidentales por no rendirse ni compartir su manera de entender la religión, terrorismo, muerte y totalitarismo religioso.

Estamos sobrecogidos porque España es uno de "sus" países objetivo, y es el momento de dejar de condenar, esconderse y lamentar desde el susurro político y mediático las desgracias de nuestros vecinos, que serán mañana las nuestras. Es hora de ser soldados todos, ya no por alcanzar nada, sino con conservar la suerte de libertad de la que hoy ya disfrutamos.

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