7 de diciembre de 2019, 9:53:45
Cultura y ocio


Rinoceronte: seguir a la manada

Por Antonio Castro

La recuperación de 'Rinoceronte', una obra que Ionesco estrenó en 1959, es una de las bazas del CDN para la actual temporada. Se representa en el teatro María Guerrero hasta el 17 de febrero, con Pepe Viyuela y Fernando Cayo como protagonistas.


"Rinoceronte" solo se ha representado en España el año 1961, dirigida por José Luis Alonso, y en 1988 con dirección de Gonzalo Cañas. Más suerte han tenido en nuestros escenarios otras piezas de Ionesco, "La cantante calva", "Las sillas", "El rey se muere"... que se reponen con regularidad. Pero la historia de un hombre corriente -Berenguer- que asiste a la transformación de todos sus semejantes en rinocerontes es mucho más compleja y simbolista. Si en el arranque, en el café, parece que nos vamos a sumergir en el absurdo, los actos siguientes son mucho más intensos y profundos. Cuando la trajo Alonso, solo dos años después de su estreno, provocó una gran polémica que no le privó del éxito. Supongo que fue una conmoción para aquel público de hace medio siglo. "Rinoceronte" nos habla de la imposibilidad de sustraerse a la masa, a las corrientes populares. El individuo independiente, el hombre corriente, se queda solo ante la manada. Se niega a seguirla por mucho que haya que hacerlo para "estar al día". Es más cómodo ser como los demás, hacer lo que ellos hacen. Así te integras aunque te diluyas en la masa. Berenguer quiere seguir siendo un hombre y ni la traición de su amor le hace cesar en el empeño. Cada espectador es libre de suponer, en la escena final, quién va a resultar vencedor: los rinocerontes -la sociedad- o Berenguer, el individuo librepensador.

Ernesto Caballero ha hecho un espectáculo brillante. Ha ordenado coherentemente el caos de las primeras escenas y, luego, deja las situaciones de dos personajes con la necesaria intimidad. Resuelve acertadamente las primeras apariciones de los rinocerontes con efectos especiales, pero después avanza hacia el realismo. Así resulta estremecedora la transformación de Juan -Fernando Cayo- de hombre a paquidermo ante la desesperación de Berenguer. Formidable mano a mano de Cayo y Viyuela, en el que el primero realiza lo que bautizaron los franceses como "tour de force". Y lo borda.

La elección de Pepe Viyuela para Berenguer es uno de los mayores aciertos del espectáculo. Ofrece la imagen de hombre corriente, de individuo gris incapaz de destacar en algo. Pero, a medida que avanza la función, se va agrandando, como el trabajo del actor, quizá el mejor que le hayamos visto hasta ahora en teatro. Alcobendas, Orazi, Topera... secundan muy bien sus escenas y todo el reparto acaba siendo la figuración de la manada creciente.

Este tipo de textos, ya relativamente antiguos, suele presentar el problema de la reiteración. Sobre todo en las últimas escenas, vuelven los personajes una y otra vez a los mismos conceptos, sin dejar avanzar la acción. Creo que el público de hoy capta rápidamente las ideas y no son necesarias tantas repeticiones. Pero es una cuestión menor porque "Rinoceronte" es uno de los escasísimos atractivos que tiene la actual cartelera teatral madrileña.

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