31 de mayo de 2020, 18:01:36
Cultura y ocio


Don Mendo en Palacio

Por Antonio Castro

En este teatralmente paupérrimo verano, la reposición de "La venganza de don Mendo", a los pies del Palacio Real, es un soplo de aire, no necesariamente fresco porque estas noches de julio son cualquier cosa menos frescas. El astracán de Muñoz Seca está servido por una compañía de lujo en la que aparecen, entre otros, Ángel Ruiz, María José Goyanes, Ramón Langa, José Pedro Carrión, Cristina Goyanes, Luis Perezagua, Karmele Aramburu... La dirección es de Jesús Castejón.


Estamos ante una producción visualmente muy agradable, hasta lujosa, diseñada, en principio, para solo dos semanas. No se han escatimado recursos ni en el vestuario ni en el enorme reparto, algo insólito en estos tiempos de penuria.Es uno de esos proyectos que nadie entiende para tan pocas representaciones. Así que ¡a disfrutarlo!

Sorprende, una y mil veces, las carcajadas que provoca un texto escrito en 1918 que, seguramente, es el más representado el último siglo. La fuerza de sus ripios, la distorsión del lenguaje, los disparates, tienen tanto ingenio que triunfa siempre. Anoche no fue una excepción.

Hay que contar para representar don Mendo con un elenco que entre al trapo y con un director que lo sujete. Lo fácil es echarse al monte e intentar hacer más gracia sobre la que tiene el texto. La tremebunda traición y castigo que sufre don Mendo hay que presentarla muy en serio. Y lo mismo el delirante -e increíble- equívoco del juglar vengativo. Castejón cuida en muchas escenas de que los actores sin texto mimen otras acciones sin distraer al que declama. Ángel Ruiz -ya un fetiche para Castejón- es un Mendo eléctrico, atribulado, ciclotímico. Enfrente tiene a un José Pedro Carrión siempre colérico y tronante, a Cristina Goyanes cínica y ambiciosa, y a Langa en galán traicionado y venido a menos. Todos tienen su escena aunque el trabajo del protagonista es de aúpa. Sus tiradas de versos dan escalofrío y en ella Ruiz mostró una seguridad aplastante, sin perder ni una segunda intención. Especialmente brillante estuvo con eso del "puñal de puño de aluño..." casi coreado por parte del público.

No cabe meterle mano a este texto. Es un mecanismo de precisión en el que no puede fallar ninguna pieza o el invento se descalabra. Por eso inquieta un poco saber que dentro de dos años los derechos de autor de Muñoz Seca, como los de García Lorca, pasarán a dominio público. Ambos autores andaluces fueron asesinados en las primeras semanas de la Guerra Civil. Lorca por los Nacionales el 18 de agosto de 1936 en Viznar y Muñoz Seca -este crimen se calla más...- por los Republicanos en Paracuellos del Jarama el 28 de noviembre del mismo año. Al cumplirse los ochenta años de su muerte, expiran los derechos de autor. Esperemos que, a partir de entonces, no se asesinen sus obras maestras por adaptadores y directores sin escrúpulos artísticos. 

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