8 de diciembre de 2021, 16:15:20
Opinión


Desde ya

Por Patricia García


Durante el último Pleno del Ayuntamiento de Madrid planteé una pregunta, dirigida al Concejal Delegado de Las Artes, Deportes y Turismo, a propósito de la inminente celebración en el centro cultural Conde Duque de la recepción anual ofrecida por la embajada de EEUU con motivo de la fiesta nacional de ese país el día 4 de julio.

Vaya por delante que el motivo de la pregunta no era quién celebraba la fiesta. Tengo claro, y así lo manifesté durante mi intervención, que la delegación norteamericana en Madrid es sin duda un colectivo de interés, y creo que es labor del Ayuntamiento detectar y "cuidar" este tipo de colectivos tan importantes para la inversión y el turismo de nuestra ciudad.

De lo que se trata es de denunciar la creciente costumbre de celebrar eventos privados en espacios públicos. Porque no todo vale, y entre lo que no vale se encuentra la progresiva tendencia del Ayuntamiento de Madrid a mercantilizar espacios y dotaciones públicas pensadas, construidas y pagadas para proporcionar una serie de servicios (administrativos, culturales, deportivos, etcétera) dirigidos a todos los madrileños. En la remodelación de Conde Duque, para que se hagan una idea, se nos han ido 70 millones de euros del contribuyente.

Por eso esta celebración nos planteaba muchas dudas, la principal de las cuales era cómo iba a afectar al funcionamiento ordinario de las instituciones que alberga este gran centro cultural y que, para quien no esté familiarizado con él, enumero: la Biblioteca Musical, la Biblioteca Histórica, una Biblioteca Pública, el Archivo de Villa, la Hemeroteca, tres salas de exposiciones, un teatro, un auditorio... Me hubiera gustado incluir el Museo de Arte Contemporáneo en esta lista, pero creo que, como lleva cuatro años cerrado, por esta vez me lo voy a saltar.

Personalmente, creo que mis dudas eran fundadas, sobre todo por la falta de transparencia que ha rodeado la organización del evento. Alrededor del día 16 ó 17 de junio el hecho era más o menos conocido: por ejemplo, sabíamos que la prensa ya había recibido las invitaciones. Sin embargo, no se había notificado ni a los empleados municipales que trabajan en Conde Duque ni a los usuarios.

Como sucede siempre que las cosas no están claras, los rumores se dispararon: que si se iba a cerrar la tarde de la fiesta, que si se iba a cerrar todo el día, o dos días completos, que si no se iba a cerrar pero se habilitarían las salidas de emergencia para que los usuarios accedieran a las instalaciones (ya que las entradas principales quedaban reservadas en exclusiva a los invitados a la recepción), que si se iba a cortar la calle... Incluso se habló de instalar un castillo de fuegos artificiales en uno de los patios, idea que afortunadamente se desechó.

Sea como fuere, el caso es que, por una vez, el Concejal estuvo claro en sus respuestas: no habría fuegos artificiales y los servicios culturales no se verían afectados por la fiesta, exceptuando las salas de posiciones, que cerrarían dos horas antes de lo habitual. A este respecto, es curioso mencionar que, según el Concejal, precisamente el viernes por la tarde es al parecer el momento en que estas salas reciben menos visitantes. Francamente, discrepo; pero en fin, él sabrá. Para el teatro y el auditorio, sencillamente ese día no se había programado nada, lo que convendrán conmigo en que resultaba muy conveniente para no tener nada que cancelar. Me fui del Pleno, en definitiva, con la promesa de que al menos las bibliotecas y la Hemeroteca permanecerían abiertas hasta las nueve de la noche.

Bueno, pues no fue así. El viernes, a las siete de la tarde, se dio orden de desalojar la Hemeroteca y las bibliotecas. Por lo visto, no se conoce de dónde o de quién partió la iniciativa. Lo único que se sabe es que hubo un desbarajuste tremendo que terminó como cabía esperar: con el cierre anticipado de unos servicios públicos con motivo de una celebración privada.

Pediré explicaciones, por supuesto, pero dudo mucho que me las puedan o me las sepan dar. Porque lo cierto es que el desbarajuste es el modo de vida del Área de Las Artes del Ayuntamiento de Madrid. En Conde Duque no existe un coordinador que se ocupe de las incidencias que puedan darse en los sesenta mil metros cuadrados del edificio. Hay además una especie de dualidad orgánica y funcional, porque la mayor parte de los servicios que se alojan en el complejo depende directamente del Área de Las Artes (y, concretamente, de la Dirección General de Bibliotecas, Archivos y Museos) pero la organización de los eventos se encomienda a la empresa municipal Madrid Destino, que mantiene empleados allí de forma fija a pesar de no tener ningún tipo de responsabilidad designada en el edificio, situación que el gobierno municipal lleva más de dos años prometiendo que va a regularizar. En definitiva, un desbarajuste institucionalizado en el que se han impuesto las órdenes verbales dadas por cualquiera, porque todo el mundo está acostumbrado a que nadie sabe muy bien quién manda allí y quien debería mandar suele estar desaparecido.

Tampoco se cumplió, o al menos no de forma satisfactoria, la otra promesa que me llevé del Pleno: que se iba a dar cumplida información a trabajadores y usuarios inmediatamente. "Desde ya", fue lo que textualmente dijo el concejal.

Pero pasaron los días. En Conde Duque comenzó el montaje; la embajada de EEUU comunicó a la prensa detalles del evento.... y el Ayuntamiento seguía sin hacerlo público, ni en la web ni en el mismo Conde Duque. No hubo información en la web hasta el 2 de julio (dos días antes del evento y ocho días después de la respuesta del concejal), y tan escondida que sólo la encontramos quienes la buscábamos expresamente. Ni se llegaron a poner anuncios dignos de ese nombre en el propio centro, a excepción de un par de folios pegados en sendas paredes.

En resumen, el típico desastre al que nos tiene acostumbrados el Ayuntamiento de Madrid. Otro día les puedo contar cómo, tres días después de este incidente, seiscientas personas que guardaban cola para estrenar el cine de verano de Conde Duque se tuvieron que volver a casa por un quítame allá esas licencias. Vamos, que no aprenden. Y no creo que les importe. Sencillamente, y tal como les decía antes, el Ayuntamiento prioriza el potencial rendimiento económico de los espacios culturales y deportivos sobre la oferta de un servicio público de calidad, y el caso del cine de verano es paradigmático: una fina capa de actividad cultural para barnizar lo que no es sino la instalación de una terraza de temporada. Por eso las cosas se hacen como se hacen: sin planificar, de forma improvisada y a última hora. Y pasa lo que pasa: que no hubo cine, pero terraza sí.

Lo único que a estas alturas puedo pedirle al Concejal de las Artes, Deportes y Turismo es que, "desde ya", empiece a tomarse en serio el Centro Cultural Conde Duque y actúe en consecuencia. Los madrileños se lo agradecerán.

Patricia García.

Concejal de UPyD en el Ayuntamiento de Madrid.

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