3 de diciembre de 2021, 12:02:21
Opinión


El ascensor

Por Patricia García


Abrumados por las convulsiones y escándalos que sacuden inmisericordemente España (asaltos a las vallas de Ceuta y Melilla, cerco a la sanidad pública, disturbios callejeros, leyes exprés para reducir derechos ciudadanos, saqueo de las arcas públicas por oscuras tramas relacionadas con los cursos de formación, con los EREs, con la financiación de partidos políticos, con la Casa Real... y un largo etcétera que no cabría en ningún paréntesis del mundo), corremos el peligro de que se nos pasen desapercibidos asuntos pretendidamente menores, de carácter local, que, pese a su poca repercusión en los medios, también contribuyen a ilustrar el deterioro de los servicios públicos que las distintas administraciones deben a sus ciudadanos y el peligro cierto que amenaza a lo que hemos venido conociendo como "Estado del Bienestar".

La ciudad de Madrid cuenta con 30 bibliotecas municipales, ciertamente muy pocas para una población de cerca de tres millones y medio de personas, que, repartidas por los diferentes distritos, cumplen con gran profesionalidad (y con medios cada vez más modestos) con la importantísima labor que tienen encomendada: acercar a los madrileños al mundo de la cultura, la educación, el ocio y la información.

Una biblioteca no es sólo una sala de estudio ni un "despacho" de libros. No se limita al préstamo de ejemplares, sino que comprende servicios y actividades tan variadas y necesarias como acceso a Internet, los periódicos del día, talleres de animación a la lectura, de escritura creativa, de alfabetización digital para adultos, o cuentacuentos infantiles, que hacen de las bibliotecas públicas un instrumento fundamental para la democratización de la cultura, pues todos estos servicios son gratuitos y se ofrecen a todo el mundo, y un vehículo poderoso para el desarrollo personal de los ciudadanos.

Sin embargo, el préstamo sigue siendo una actividad fundamental que actúa además como "gancho" para atraer a los ciudadanos a las bibliotecas. Es imprescindible, por lo tanto, que la oferta de libros, discos y películas sea amplia y variada y que no se quede obsoleta. En este sentido, el Ayuntamiento de Madrid se compromete en la Carta de Servicios de su Red de Bibliotecas Públicas a "Mantener la colección de materiales y fondos bibliográficos actualizados, renovándolos".

Pero este compromiso se está incumpliendo, pues a las bibliotecas públicas municipales de Madrid no han llegado novedades desde hace casi cuatro meses. La razón, que parece puntual y por lo tanto podría considerarse intrascendente, es que el Ayuntamiento ha decidido sustituir por un ascensor el montacargas que lleva a los depósitos donde se almacenan y preparan los libros y el material audiovisual que se adquieren para las bibliotecas. Y, como tan a menudo sucede con las decisiones municipales, se ha llevado a cabo sólo la mitad del trabajo: el montacargas ya no existe... pero tampoco hay ascensor.

La situación se revela más grave aún si tenemos en cuenta que durante prácticamente todo 2013 las bibliotecas no recibieron novedades, porque el Ayuntamiento no formalizó los contratos de adquisiciones hasta octubre. Es decir, estos libros que a principios de 2014 no están llegando a las bibliotecas no son en realidad las novedades de 2014, sino las de 2013. Se compra poco, se compra tarde y mal, y no se distribuye. Claramente, no estamos ante un caso de éxito.

Y más grave aún es que, cuando el Grupo Municipal de UPyD ha pedido explicaciones al equipo de gobierno, ha recibido una respuesta plagada, por decirlo suavemente, de medias verdades que pretenden desviar la atención y eludir responsabilidades. Y, así y todo, los dirigentes municipales tuvieron que reconocer que el 23% (es decir, casi una cuarta parte) de las compras de libros efectuadas en 2013 están todavía pendientes de repartir nada menos que en marzo de 2014. Reconocieron asimismo que tampoco han licitado aún el concurso para contratar el transporte que deberá hacer el reparto de esos libros a las bibliotecas de distrito...

En definitiva, no estamos ante un hecho puntual, sino ante la evidencia de una muy deficiente gestión por parte del Ayuntamiento de Madrid, que está privando a los madrileños de un servicio básico que pagan con sus impuestos, que es enormemente necesario y al que además tienen todo el derecho, ya que el servicio de bibliotecas públicas es una obligación de los ayuntamientos, que reciben este mandato directamente nada menos que de la Ley 27/2013 de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local.

Como les decía, un caso tal vez pequeño, pero desde luego ilustrativo. Lo cierto es que el área de las Artes, Deportes y Turismo del Ayuntamiento de Madrid demuestra en éste, como en otros tantos temas, que el caos en el que ha estado sumido durante todo el mandato (con tres Delegados de Área desde 2011 e innumerables cambios y reestructuraciones de competencias, organización y responsables) termina repercutiendo en un deficiente servicio al ciudadano, que, no lo olvidemos, es su principal razón de ser.

Patricia García.
Concejala de UPyD en el Ayuntamiento de Madrid. 

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