27 de noviembre de 2020, 9:01:22
Ciencia y tecnología


Vocalización de los bebés y desarrollo lingüístico

Por madri+d

Las vocalizaciones de los bebés no son solamente juegos "naturales". Su ejercicio y su variedad les garantizan un posterior desarrollo lingüístico normal. Una investigación llevada a cabo en la Universidad Complutense de Madrid ha analizado 12 conductas vocales diferentes de bebés entre 8 y 30 meses, por su posible relación con el posterior desarrollo del lenguaje, en concreto, del vocabulario.


Las vocalizaciones son producciones vocales muy tempranas (con o sin sonidos reconocibles), interpretables por los padres, en las que el niño produce grupos prosódicos (con cierta melodía y cierto ritmo) de duración variable. En principio los padres las entienden como "comunicación" del bebé con ellos, o bien como expresión del bebé sobre algún aspecto de su experiencia. Poco a poco van interpretando qué significa cada vocalización, hasta que llega el momento en el que padres pueden felicitarse cuando el bebé es capaz de sustituir sus vocalizaciones por palabras "de verdad". Si esto no se produce antes de los 30 meses de edad del bebé, la intuición de los padres puede llevarles a pensar que no se está produciendo un desarrollo lingüístico normal.

La difícil transcripción de las vocalizaciones ha sido la principal razón del escaso estudio que han recibido. Los bebes producen sonidos a los que los adultos no están condicionados, y por la misma razón, los investigadores tienen muchas dificultades para transcribirlas. Los padres interpretan las vocalizaciones como intentos comunicativos del bebé o niño pequeño -al igual que hacen con los gestos-, y contribuyen con eso a generar paulatinamente su valor comunicativo y su emisión intencional Las últimas investigaciones han puesto de manifiesto que las intuiciones de los padres son correctas.

La investigación realizada recientemente por miembros del Grupo EQUIAL de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid sobre adquisición del lenguaje (Departamento de Procesos Congnitivos), y publicada en la revista The Spanish Journal of Psychology, muestra la continuidad evolutiva de las vocalizaciones con el lenguaje maduro. El estudio llega a la evidencia empírica clara de que el paulatino crecimiento de la actividad vocalizadora y su variedad, son condiciones necesarias (pero no suficientes) del desarrollo lingüístico normal, en particular el del vocabulario, un primer gran hito en la adquisición del lenguaje. El trabajo señala que las vocalizaciones son ensayos lingüísticos de cuatro tipos: articulatorios, prosódicos, comunicativos y simbólicos. Vocalizando, oyéndose y oyendo la lengua ambiental, los niños adquieren gradualmente (entre otras cosas) múltiples propiedades de la estructura fonoprosódica de su lengua, un conjunto de funciones del lenguaje, y la intencionalidad comunicativa del otro y la propia; como resultado clave, construyen los sistemas de procesamiento del lenguaje capaces de abordar la adquisición del resto de la lengua modelo.

El análisis se ha llevado a cabo a lo largo de cinco años, con los datos de la actividad vocalizadora y del desarrollo del vocabulario de 1005 niños españoles, de todas las regiones de España. Se ha realizado un inventario de conductas vocalizadoras, elaborado por el propio equipo de investigación, baremado desde los 8 a los 30 meses de edad. Ambos niveles de desarrollo, el de las vocalizaciones y el del vocabulario, se han evaluado con el MCDI Español-Europeo. Se trata de una versión revisada, ampliada y adaptada de las Escalas MacArthur-Bates originales (CDI: MacArthur-Bates Communication Development Inventories: Fenson, et al., 1993). La versión española presenta varias novedades para la evaluación del desarrollo lingüístico temprano, entre las que se incluye una medida completamente nueva: la evaluación de las vocalizaciones tempranas entre los 8 y los 30 meses de edad del bebé.

En el proceso de investigación los padres, asistidos por un observador entrenado, tuvieron que responder a una serie de preguntas sobre el modo de comunicación de sus bebés y niños pequeños. Para elaborar la medida se realizó previamente un estudio observacional sobre 16 niños de entre 8 y 30 meses, con el que se generó una lista de actividades vocalizadoras que los padres podían reconocer. A continuación, se llevó a cabo una investigación piloto con 96 niños de esas edades, pasando el inventario piloto a sus padres respectivos. Con esos resultados se modificó el cuestionario, mejorándolo. Por último se realizó un estudio de validez. Para ello se analizaron vocalizaciones espontáneas de 60 niños cuyos padres habían rellenado el cuestionario anteriormente (en el mismo día), y se obtuvo así una medida directa de la correspondencia entre las emisiones vocales de los niños y las respuestas de los padres al cuestionario. El porcentaje de acuerdo entre la puntuación otorgada por los observadores y la puntuación proporcionada por los padres resultó ser muy alto (media de acuerdo: 89,8%).

Por otro lado, los resultados detallados que se han obtenido permiten avanzar que el desarrollo vocal temprano resulta de la interacción de varios desarrollos diferentes que se superponen, y que implican a diversos tipos de conocimiento lingüístico: segmental, prosódico, comunicativo, y representacional-simbólico. Esos mismos desarrollos, paralelos e interactivos, van dándole forma al propio sistema de procesamiento del lenguaje, y lo van capacitando para identificar, segmentar y articular estructuras lingüísticas; para imitar cualquier tipo de fragmento lingüístico, sea segmental o suprasegmental; para involucrar al niño en interacciones lingüísticas con otros, y para usar el lenguaje como instrumento para pensar y explorar el mundo.

 

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