26 de mayo de 2022, 18:57:03
Opinión


Me quedo corto (día 5)

Por Félix Tusell


Quinto día de rodaje. Hasta ahora, hemos estado rodando una secuencia veraniega alegre, le hemos dedicado varios días, y hoy tenemos que ocuparnos de otra secuencia con un tono bien diferente, de frialdad y tristeza invernal.

Para empezar, se requieren ensayos con los actores. Me resulta extraordinariamente interesante presenciarlos: cómo la directora explica los personajes, despeja dudas, como ayuda a los actores a entenderlos mejor y sus conflictos, cómo les da pistas de cómo interpretarlos sin ser demasiado conductista, cómo ellos los van redondeando, les van dando forma y profundidad... Me impresiona notar su cambio de registro, y estoy convencido de que los espectadores también lo notarán: verán la naturalidad con la que Natalia Mateo dice frases realmente difíciles por su alta intensidad y carga poética, se sorprenderán de ver a Arturo Valls dando vida a un personaje trufado de matices bien diferente de lo que un simplista pudiera esperar de él, y gozarán con el torbellino interpretativo de un actor como Francesco Carril que, cada día que pasa, me convence más de que le queda un largo y exitoso futuro delante de las cámaras.

La secuencia que rodamos es en el interior de una casa. La casa en cuestión, cuando la vine a ver por vez primera, era un lugar de extraordinaria rudeza, pues la familia que nos está cediendo generosamente la localización la empleaba como el lugar donde llevar a cabo la matanza de cerdos para preparar embutidos. De esta manera, lo único que tenía eran cuatro muebles gastados y sucios, y numerosos ganchos de hierro de donde colgaban chorizos, morcillas y demás delicias porcinas. La directora de arte, Anna, y sus encantadoras y diligentes (a partes iguales) ayudantes, han transformado este espacio en la ideal cocina de la casa de pueblo que siempre quise tener: ristras de ajos y guindillas, un calendario taurino, retratos y figuritas encima de la chimenea, geranios, coloridos visillos de florecillas... Nadie diría que se trata de un decorado, y estoy seguro de que muchos lo confundirían con la cocina de su abuela.

Alfonso Postigo, el director de fotografía que ya fue el responsable de la fotografía de la serie Crematorio o de la película Pagafantas, está consiguiendo exprimir toda la belleza a cada plano, con luces de evidentes reminiscencias pictóricas y movimientos de cámara que me recuerdan a los célebres planos secuencia de Berlanga mezclados con un lirismo propio de Terrence Mallick. Su carácter sosegado ha encandilado a todo el equipo, que hacen porras para adivinar su edad real (yo, que le he contratado, sé que tiene 42 años, aunque en realidad aparente treinta y pocos).

Percibo cómo, poco a poco, nos vamos acercando al final del rodaje, y me entristece la idea de separarme de este equipo tan profesional como amable. Ya no sé cómo expresarles mi agradecimiento por tenerles conmigo, lo satisfecho que estoy con su trabajo, así que me temo que Jardiel Poncela se equivocó cuando en su epitafio dijo "Si queréis los mayores elogios, moríos".

El Grupo Madridiario se cuela en el rodaje de 'Epitafios'

Me quedo corto (día 1)

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